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El Gobierno Petro suma otra pelea interna en su recta final

Funcionarios clave pasaron buena parte del cuatrenio denunciando a colegas cercanos de espionaje, corrupción o violencia de género

Angie Rodríguez y Gustavo Petro, durante un acto en Bogotá (Colombia), el 18 de febrero de 2025.Mauricio Dueñas Castañeda (EFE)

A tres meses y medio de terminar su mandato, el Gobierno del presidente Gustavo Petro corre el riesgo de ser recordado como uno donde los más poderosos funcionarios pasaron buena parte del tiempo peleando públicamente con sus colegas, como si se tratara de un reality. O, como la misma izquierda lo admite, pasaron tiempo administrando el “fuego amigo”. Esta semana, la protagonista de la pelea es una mujer que fue parte del primer círculo del presidente de izquierdas. No se trata de Laura Sarabia, quien fue la mujer más poderosa del gabinete y terminó en una embajada tras una dura pelea contra el hoy ministro del Interior, Armando Benedetti. La protagonista es Angie Rodríguez, quien reemplazó a Sarabia en el manejo del Departamento Administrativo de la Presidencia y luego perdió la confianza del presidente. Detrás de esa desconfianza, dice quien ahora es gerente del Fondo Adaptación, hay un complot de 20 funcionarios de distinto rango, “un presunto concierto para delinquir al interior de la Casa de Nariño”, afirma.

Entre todos esos nombres, Rodríguez resalta a tres: Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y de Desastres (UNGRD); Juliana Guerrero, una mujer joven cercana al presidente Petro y su delegada en el Consejo Superior de la Universidad Popular del Cesar; y Raúl Moreno, jefe de despacho presidencial. La todavía funcionaria los acusa de amenazarla, extorsionarla, espiarla. Y afirma que han contado a Petro mentiras sobre ella, luego de que ella los señalara ante el mandatario de ser incapaces (Carrillo) o falsificar documentos (Guerrero).

Este miércoles, Rodríguez envió al presidente un mensaje que se le ha escuchado a otras funcionarias. “Presidente, escúcheme lo que le estoy diciendo, porque creo que a usted lo están engañando”, le dice al mandatario en una entrevista, y afirma que los del complot que ha denunciado convencieron al presidente de que ella está metida en el contrabando y aliada con paramilitares. Sarabia había dicho algo similar, cuando salió de la Cancillería: que a Petro lo engañaban funcionarios como el pastor Alfredo Saade, antiguo jefe de despacho.

Las peleas entre ministros y asesores de la Presidencia se acumulan. El exministro de Comercio Luis Carlos Reyes, por ejemplo, denunció el año pasado al exembajador Roy Barreras, asesor de Petro en la campaña presidencial, de amenazarlo para que nombrara a alguien de su línea en la dirección de Aduanas, cuando Reyes la dirigía. El exministro de Justicia y zar anticorrupción de la Presidencia, Andrés Idárraga, denunció que el Ministerio de Defensa, a cargo del general en retiro Pedro Sánchez, lo estaba espiando.

Quien más aparece en ese patrón de fuego amigo es el ministro Benedetti. La exministra de Justicia, Ángela María Buitrago, salió del gobierno el año pasado cuando denunció que él, junto con Angie Rodríguez, la presionaron para nombrar personas en su cartera en varios cargos. El siguiente ministro de Justicia, Eduardo Montealegre, tildó a Benedetti de “corrupto” y “fantoche”. Y el jefe de la Unidad Nacional de Protección y amigo personal de Petro, Augusto Rodríguez, en un consejo televisado del año pasado dijo que Benedetti estaba ligado a un entramado en el que el “zar del contrabando”, alias Papa Pitufo, intentó financiar la campaña de Petro. La vicepresidenta Francia Márquez, en el mismo consejo de ministros, protestó por la presencia de Benedetti y sugirió que este estaba generando chantajes.

Justamente, la mayor pelea del cuatrenio fue aquella entre Benedetti y Sarabia. Ella llegó a la campaña de Petro en 2022 de la mano del veterano político, quien había sido su jefe, y luego él se enfadó cuando ella quedó de mano derecha del presidente, mientras que él quedó encargado de la embajada en Caracas, muy lejos de la Casa de Nariño y del centro del poder en el que anhelaba estar. “No vales nada” y “ahora sí te amenazo, hija de puta”, están entre las frases que el hoy ministro le dijo a la hoy embajadora, quien lo denunció por violencia de género.

Petro ha tenido desacuerdos ideológicos con otros antiguos ministros, como Alejandro Gaviria de Educación (tras un desacuerdo en la reforma a la salud); José Antonio Ocampo de Hacienda (en el tema de nombramientos en el Banco de la República), o Cecilia López de Agricultura (sobre una política de expropiación). Pero lo que va de Laura Sarabia hasta Angie Rodríguez cruza la frontera del desacuerdo a la denuncia penal entre funcionarios de un mismo Gobierno, que se señalan de corruptos y violentos. Incluso en un escándalo de corrupción de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos (UNGRD), el exdirector de la entidad Olmedo López ha señalado a funcionarios cercanos a Petro, como el exministro de Hacienda Ricardo Bonilla, y el exdirector del DAPRE, Carlos Ramón González.

En ninguno de esos casos se ha tratado de señalamientos al mandatario. La excepción a la regla es el excanciller Álvaro Leyva, que ha señalado a su antiguo jefe de ser errático en sus funciones por una supuesta adicción a las drogas y dijo tener pruebas al respecto, que nunca entregó a la Fiscalía.

“Cualquier fuego amigo siempre hace daño”, admitió tras las entrevistas de Rodríguez la senadora María José Pizarro, jefe de debate del candidato presidencial del oficialismo, el senador Iván Cepeda. “En nuestro gobierno no vamos a permitir este tipo de situaciones”, prometió sobre las muchas situaciones por reparar de un cuatrenio en el que la Casa de Nariño. “En mi Gobierno vamos a crear un Sistema Nacional Anticorrupción que será implacable”, prometió por su parte el candidato. De las críticas intestinas, nada dijo.

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