El desempleo en Colombia inicia 2026 en el 10,9%
El aumento frente a diciembre, que se da todos los años, llega esta vez en medio de tensiones por el incremento del salario mínimo y la implementación de la reforma laboral

Colombia registra este viernes el mejor dato de desempleo para un enero en 25 años. El DANE publicó una tasa de desocupación de 10,9% para el primer mes de 2026, que suele ser el punto más alto de desocupación en el año, tras el cierre de un 2025 que selló el mejor año de empleo en el siglo XXI. La caída es de 0,7 puntos porcentuales frente a enero del año anterior. Mauricio López, director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia, pone el hito en perspectiva: “Se trató de una tasa de desempleo [la de 2025] muy baja en un ambiente económico que no era el más favorable”. La tensión ahora está en lo que viene: el salario mínimo subió un 23,7%, la reforma laboral aprobada el año pasado aumentó los pagos por el trabajo nocturno y dominical, y avanza la reducción de la jornada semanal hacia las 42 horas. El mismo López cierra con un diagnóstico reservado: “La tasa de desempleo no va a tener los niveles con los que cerramos 2025 y probablemente no logremos reducciones en la informalidad; por el contrario, continuará igual o crecerá un poco”.
El razonamiento del experto es que el incremento del salario mínimo encarece los costos salariales y ralentiza la posibilidad de generar nuevos puestos de trabajo formales, especialmente en las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). . Esa advertencia cobra todo su peso cuando se mira lo que pasó en los últimos meses de 2025. Según ANIF, del crecimiento anual de los ocupados en octubre, el 73% provino del sector informal; en noviembre, esa proporción fue del 66,5%. Diciembre rompió la tendencia, cuando el 98% del empleo provino del sector formal. El informe aclara que ese resultado lo explica “la temporada de festividad, con mayores puestos de contratación jalonados por comercio”, y advierte que “suele ser un empleo temporal”. Enero hereda ese problema y lo recibe con un salto salarial sin precedentes.
Por eso, la lectura no se debe limitar a la cifra de desempleo. Es lo que comenta Cristina Fernández, economista de la Universidad del Rosario con trayectoria en el Banco Mundial y el Banco de la República, y quien trabaja junto a Andrea Otero-Cortés en un estudio sobre el mercado laboral colombiano que se encuentra en proceso de edición. Para las investigadoras, la pregunta de fondo no es cuántos trabajan, sino de dónde vienen y cómo son esos empleos: “Hay que mirar al cuenta propia, al informal, al del sector gobierno, al de los contratos por prestación de servicios”, explica la investigadora a este diario.
Justamente, para el dato de enero, fueron los contratistas del Estado los que más aportaron al buen dato de este viernes. Eso puede alterar la lectura frente a un escenario en el que el empleo lo genera el sector privado formal. El primero puede sostener la cifra en el corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo del país, donde 6 de cada 10 trabajadores no cotizan a la seguridad social. Fernández tira de otro hilo: los ingresos de los trabajadores por cuenta propia que, más que por menos personas trabajando, se ajusta con menores ingresos. En otras palabras, cuando los costos suben, no necesariamente dejan de laborar, sino que sufren un deterioro silencioso, que golpea a los menos protegidos. Eso lleva directo al corazón del problema, pues una porción cada vez mayor de los trabajadores formales gana el salario mínimo.
Según datos de ANIF, cerca de 3,8 millones ganaban exactamente un salario mínimo en 2025, el 43,7% de todos los formales, mientras 10 años antes esa cifra era del 37,3% a 43,7%. Los que percibían más que el mínimo cayeron, en ese mismo lapso, de 59,9% a 51,3%. El centro de pensamiento lo explica por las “rigideces en el ajuste salarial, donde las empresas enfrentan limitaciones —ya sea por productividad, costos o condiciones macroeconómicas— para trasladar los aumentos del salario mínimo a incrementos proporcionales en el resto de la escala salarial”. En otras palabras: los salarios por encima del mínimo crecen más lento, y por eso cada vez más trabajadores formales se estancan en esa cifra.
Fenalco, el gremio de los comerciantes, ha encuestado a 700 empresarios —mayoritariamente pymes, con presencia en más de 25 ciudades—, y el 71% proyecta reducir este año su planta de personal, la mitad durante el primer semestre de este año. Uno de cada dos de los encuestados admite no estar preparado para absorber los nuevos costos, mientras un 8% ya reporta un cierre parcial o total de su negocio (los resultados los compartieron a mediados de este mes). Para los trabajadores informales, el efecto es más silencioso pero igual de severo. Según ANIF, la proporción de ocupados informales que gana menos de un salario mínimo pasó de 62,3% en 2015 a 74,7% en 2025.
Otro problema, también histórico, es la brecha de género. ANIF destaca que la tasa de desempleo de las mujeres cerró 2025 en 11,4% frente al 7% de los hombres, una diferencia que se redujo apenas 0,1 puntos respecto al año anterior. Del total de empleos creados en 2025, los hombres aportaron el 56,3% y las mujeres el 43,7%. Colombia lleva décadas atrapada en una singularidad en la región: tiene alta informalidad y un alto desempleo al mismo tiempo. Como señalan Fernández y Otero-Cortés en su investigación en desarrollo, la mayoría de los países de la región tienen uno de los dos problemas, no ambos.
El salario mínimo equivalía al 93% del salario mediano en 2024 —según datos de la OCDE citados en su trabajo—, antes del último aumento. Chile y México están en el 74%, el promedio de los países de la OCDE es del 50%. Esa brecha respecto a la productividad —que en Colombia es baja— empuja a la informalidad, afirman. El dato de hoy muestra que la tasa de desocupación bajó 0,7 puntos porcentuales respecto a enero de hace un año, y ahora que el mercado laboral llega presionado por la grandeza de un hito, habrá que ver la película entera.
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