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CNE
Columna

CNE y las consultas: muchas normas, poca democracia real

En medio del mar de confusión por las reglas poco claras de las consultas interpartidistas, empieza a quedar claro que el Consejo Nacional Electoral viste de tecnicismos jurídicos fallos que en el fondo son políticos

Consulta popular del Pacto Histórico, en Bogotá, el 26 de octubre de 2025.Diego Cuevas

A menos de un mes de las elecciones de consultas y Congreso aún es imposible hacer pronósticos certeros sobre el resultado final de la elección presidencial en Colombia que en la práctica tendrá tres vueltas. La competencia sigue abierta a pesar de que claramente hay unos favoritos en las encuestas, aunque ellos no estarán en las consultas que se han convertido en una extraña primera vuelta de facto incompleta. El 8 de marzo el tablero se puede mover de manera sustancial. Lo único claro hasta el momento es que las normas electorales tienen serios problemas, que el Consejo Nacional Electoral está mal diseñado y que el sistema de consulta debe ser revisado.

No es tan democrático como pudiera parecer a primera vista que en la primera etapa de la contienda presidencial fueran más de 90 los aspirantes entre candidatos de partidos y por firmas. No necesariamente es mejor para la democracia que sean muchos, cuando la mayoría de ellos no tienen la intención de llegar al final de la contienda, no cuentan con los apoyos requeridos, pero sí aprovechan los vericuetos de las normas electorales para hacerse propaganda para otros cargos o subir en el escalafón político con cualquier intención. No es tan democrático que a una entidad de origen netamente político como el Consejo Nacional Electoral se le pidan decisiones jurídicas. En un órgano político se tienen mayorías o no se tienen y se visten de tecnicismos jurídicos fallos que en el fondo son políticos y que si se toman en tiempos de campaña sin duda buscan impactar el escenario electoral con decisiones que afectan la competencia democrática.

Las consultas no tienen claras las reglas de juego, no se sabe aún si un candidato puede participar en una o en dos ni bajo qué condiciones. No es tan preciso cómo ni cuándo alguien puede desistir y no se entiende por qué se pueden hacer consultas en varias fechas. La interpretación de las normas se estira según la necesidad que se tenga para trancar a un candidato y dar vía a otro, las personerías de los partidos van y vienen, se dan y se quitan como si se tratara del maquillaje para una fiesta, los candidatos brincan de partido en partido según su conveniencia y no hay normas de doble militancia que puedan contener la creatividad de los políticos para hacer lo que les conviene a ellos y a sus empresas electorales. Hecha cualquier ley, hechas todas las trampas.

En ese mar de confusión, hay que tener abogado de cabecera para entender las noticias en esta temporada electoral. No son pocas las personas que preguntan una y otra vez, ahora qué viene, ahora qué pasa. Y eso si hablamos de quienes están siguiendo el día a día de la información, porque para cientos, para miles y millones de electores que viven su vida al margen de la minucia electoral, siguiendo la campaña solamente por los memes y los videos que circulan en redes, la confusión se vivirá en las urnas, frente al tarjetón. Entre otras razones porque el objetivo de muchas campañas es confundir, dividir, enredar, generar miedo y rabia. Por eso lo más frecuente por estos días es escuchar que se votará en contra de alguien, de quien pueda detener a este o a aquel. Poco se habla de la esperanza en una idea, en una proyecto de país, en unas propuestas. Los votos en contra son eficaces, suman, inclinan balanzas y pueden ser decisivos para ganar, pero también son muy volátiles porque no tienen el arraigo de quien está convencido de su candidato.

Mucho hay que ajustar y simplificar para que las consultas sean ese espacio democrático que deben ser en el ideal y no una herramienta que igual sirve para conocer opinión de los votantes que para hacer jugadas politiqueras. Sin embargo, no hay que hacerse muchas ilusiones porque son varios los intentos por regular la actividad política que se han quedado en el camino. Algunos proyectos se han quedado en el cedazo político en el Congreso y otros, que lograron convertirse en leyes, se diseñaron para servir a unos pocos y para alimentar el clientelismo que es la manera más arraigada de hacer política en Colombia. Durante décadas no ha sido posible reformar de fondo esas costumbres, no hay ganas de hacerlo, no hay forma de hacerlo.

En medio de ese ambiente enrarecido y confuso, los colombianos irán a las urnas el 8 de marzo para elegir al nuevo Congreso y a algunos de los candidatos que seguirán en la ruta a la contienda de mayo. En las elecciones de Congreso tiene mucho peso la llamada maquinaria electoral que funciona bien aceitada en esta cita. Por eso todo pronóstico puede fallar. Las encuestas no miden factores decisivos como el voto comprado, el voto amarrado, el favor recibido y los milagros políticos que pueden aparecer en cualquier lugar. Tal vez lo único real es que la democracia pierde con tanto enredo y que aún no es tan claro quién puede quedarse con la presidencia.

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