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Las redes sociales, el método de moda para vincular menores a los conflictos en Colombia, México y Ucrania

Una alianza de investigadores de los tres países, liderada por colombianos, muestra el uso de TikTok, Facebook y Telegram en algunos de los conflictos armados más complejos del mundo

Un emoji de ninja está fijado en los comentarios de un video de TikTok que promueve la vida armada en la selva colombiana. Un trébol y unos fajos de dinero acompañan casi todas las publicaciones que invitan a sumarse a grupos armados ilegales. Más al norte, en México, en la misma red social aparecen publicaciones con una pizza y un gallo: el primero, apropiado por el Cartel de Sinaloa, y el segundo representa al de Jalisco Nueva Generación. En Ucrania no hay consignas públicas, la estrategia empieza con un mensaje privado, una oferta ambigua y una invitación a Telegram. Así, con sutilezas y mensajes cifrados, comienza el reclutamiento de menores de edad en tres países que viven, a miles de kilómetros de distancia, algunos de los conflictos armados más complejos del mundo.

Desde 2024, la Jurisdicción Especial de Paz colombiana, una justicia transicional, lidera una alianza con entidades judiciales y organizaciones sociales de México y Ucrania para comparar cómo se explotan las tecnologías digitales para la vinculación de menores de edad a la guerra. Tras un año de investigación, han identificado que TikTok, Facebook o Telegram son herramientas clave para captar la atención de los jóvenes con la promesa de hacerse millonarios con las armas.

La narcoestética para atraer en Colombia

La secuencia se repite: mujeres sexualizadas, dinero en efectivo, motos, armas. Así comienzan videos que convocan a jóvenes a ingresar a grupos armados ilegales en Colombia. La Unidad de Investigación y Acusación de la JEP ha revisado 186 cuentas que tienen, en promedio, 6.700 seguidores cada una. De acuerdo con su reciente informe, el uso de tecnologías digitales ha incrementado en un 156 % el reclutamiento de niños y niñas a la guerra, y ha ampliado su alcance de las zonas rurales a las ciudades.

El gancho ha pasado de ser el dinero a la estética: ofrecen cirugías plásticas a las mujeres, y ortodoncia o diseños de sonrisa a los hombres. “En el caso de las mujeres, el contenido se centra en la expresión de la feminidad a través de la exaltación de la belleza física, la demostración del cuerpo con bailes o poses para la cámara. Para los hombres, predominan las muestras de fuerza, virilidad, capacidad económica, vehículos, armamento, y actividades de ocio como el consumo de alcohol”, se lee en el documento.

Es una estrategia que aplican la guerrilla del ELN y las disidencias de las extintas FARC, y que tiene como caso más llamativo al Bloque Jacobo Arenas, grupo que lidera Iván Mordisco y que opera en el suroccidente del país, particularmente en el Cauca. Según el informe, es la estructura que más jalona menores de edad a través de redes sociales, con una estrategia de marketing con al menos 77 cuentas en TikTok y Facebook. “Construyeron un centro de telecomunicaciones desde el cual despliega una estrategia sistemática de marketing digital, particularmente en zonas como La Llanada (Nariño)”, dice el informe.

El reclutamiento también entra por los oídos. Durante la bonanza marimbera, entre los años 70 y 80, el vallenato fue banda sonora y el archivo: cantos de dinero súbito, violencia normalizada y poder local terminaron incrustándose en el ADN cultural del país. Más tarde, en las guerrillas, sonaron las cumbias y los vallenatos de Julián Conrado, mientras en los sectores urbanos las letras de Silvio Rodríguez acompañaban la épica política. Hoy, según la investigación, los contenidos digitales reflejan una “mexicanización” de los gustos musicales: los referentes son artistas como Peso Pluma y un repertorio de narcocorridos.

El algoritmo como primer reclutador

En México, el reclutamiento digital es tal que no siempre hay un grupo criminal buscando jóvenes, sino jóvenes pidiendo ser reclutados. Investigaciones del Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México documentaron y analizaron 100 videos en TikTok. En 60 de ellos, los adolescentes y jóvenes se graban solicitando “jale” [trabajo], preguntando cómo ingresar a un cártel o mostrando disposición para trabajar para el crimen organizado. De acuerdo con el investigador Rodrigo Peña, buscan ingresos que son 5,5 veces mayores al salario mínimo.

Este fenómeno no ocurre en el vacío. Los investigadores advierten que la mayoría de estos videos aparece después de una exposición prolongada a contenidos que exaltan la vida criminal, trayectorias de consumo digital donde la violencia, el dinero y la pertenencia aparecen normalizados. El algoritmo hace el trabajo: agrupa, repite y refuerza los mismos códigos hasta volverlos familiares. Camionetas último modelo, fajos de billetes acomodados sobre mesas brillantes, armas exhibidas como trofeos, música a todo volumen.

Imágenes de TikTok en donde figuran un diablo rojo y una camioneta de lujo junto a un mensaje de reclutamiento

En ese recorrido aparecen los “narcoinfluenciadores”, que han tomado fuerza en los últimos años. No llaman a nadie, no ofrecen trabajo, no dan instrucciones. Solo se muestran. Algunos relatan su cercanía con el mundo del narco; otros solo exhiben el lujo, la fiesta, el acceso. No siempre pertenecen a un cártel, pero hablan su idioma. Su función no es reclutar, sino volver deseable ese universo. Uno de los casos más mediáticos fue el de Camilo Ochoa, conocido en redes como El Alucín, quien había construido su personaje alrededor de relatos sobre el narco y advertencias sobre la violencia. En agosto de 2025, después de meses de amenazas, fue asesinado a balazos en su casa.

Reclutados como parte de una operación

Los documentos analizados por la Fiscalía de Ucrania no atribuyen estas prácticas a organizaciones criminales sino a agencias estatales de Rusia, en operaciones de inteligencia y sabotaje en el que niñas, niños y adolescentes son utilizados como instrumentos operativos.

El primer contacto llega por mensajes privados, casi siempre en Telegram, otras veces en un chat de videojuegos, algunas en una cuenta anónima que propone tareas pequeñas, aparentemente inofensivas: tomar una foto en algún sitio donde haya vigilancia; enviar una ubicación; mirar quién entra y sale de un edificio. El informe explica que los pagos de entre 10 y 50 dólares suelen hacerse en criptomonedas. El encargo siguiente es un poco más grave. Es un reclutamiento paso a paso.

Desde el inicio de la invasión rusa, la Fiscalía ha abierto 179 procesos penales por delitos cometidos por menores en este contexto, y ha identificado al menos 240 niños y adolescentes involucrados. En 137 de esos casos, la investigación a que los habrían captado adultos, incluidos miembros de los servicios especiales rusos. En 27 procesos, los fiscales han encontrado indicios formales de crímenes de guerra.

En Ucrania, los niños son captados para tareas de espionaje y ataques en territorio ucraniano. La Fiscalía señala que incendian vehículos militares, dañan vías férreas, fotografían instalaciones estratégicas o envían coordenadas durante operaciones con drones. Tareas de bajo perfil, pensadas para pasar desapercibidas. “Funcionan como sensores, mensajeros y ejecutores invisibles”, explica el documento, que advierte que el vínculo no se corta cuando el niño intenta desistir o desaparecer. En algunos casos, la instalación de software espía en sus teléfonos convierte el intento de salida en una forma de control.

En todos los casos, el reclutamiento digital avanza más rápido que la ley. La Convención sobre los Derechos del Niño fue escrita pensando en fusiles y campamentos, no en algoritmos. Las normas que regulan a las plataformas —como la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea— no alcanzan lo que ocurre fuera de sus fronteras ni obligan a las empresas a actuar cuando el reclutamiento cruza países y conflictos. Con las autoridades rezagadas, la lucha contra esta nueva modalidad de reclutamiento se disputa, de momento, en el terreno de lo desconocido y lo imprevisible.

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