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Sin voluntad de paz, el ELN recrudece la guerra un año después de romper los diálogos con el Gobierno Petro

La feroz arremetida guerrillera en la frontera con Venezuela ha desplazado a cerca de 100.000 personas y aleja la posibilidad de cualquier negociación

Aferrado a sus fusiles, el ELN agota la paciencia de cualquier interlocutor. Así ha ocurrido con todos los Gobiernos que han intentado dialogar con la última guerrilla en armas de Colombia, y el de Gustavo Petro no es la excepción. “Se ofreció un acuerdo y el ELN lo destruyó a sangre y fuego, matando humildes campesinos”, respondió esta semana el presidente de izquierdas al engañoso llamado de los rebeldes por un “acuerdo nacional” cuando se cumple un año de su arremetida en la región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela. Los enfrentamientos de los elenos con una facción disidente de las extintas FARC produjeron más de 160 muertos, desplazaron a cerca de 100.000 personas y detonaron el naufragio definitivo de las negociaciones que se adelantaban como parte de la política de paz total. Una tragedia humanitaria de enormes dimensiones, con civiles en medio del fuego cruzado, que sigue lejos de resolverse. Por el contrario, la violencia en el Catatumbo se ha recrudecido en este 2026.

A pocos meses de un nuevo ciclo electoral, el rechazo a la propuesta del autodenominado Ejército de Liberación Nacional fue casi unánime, desde distintas orillas. “El comunicado del ELN confirma sus intenciones de participar y manipular las elecciones presidenciales”, advirtió el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, candidato de centro y muy crítico con Petro. “No podemos aceptar esta combinación de violencia, chantaje y manipulación política”, añadió. “Hace bien el presidente en rechazar la propuesta engañosa del ELN, idéntica a la que hizo hace cuatro años”, recordó el exsenador Roy Barreras, aspirante de la coalición oficialista.

En ese entonces, la llegada de Petro al poder, el primer mandatario nítidamente de izquierdas en la historia reciente, volvió a despertar las expectativas de que era posible alcanzar la esquiva paz con el ELN que han perseguido casi todos los presidentes colombianos en las últimas décadas. En campaña, había prometido que la solución era cuestión de tres meses en el poder. “En mayo de 2025 cesa definitivamente la guerra de décadas entre ELN y el Estado”, prometió después, a mediados de 2023, cuando firmó junto al comandante eleno Antonio García un inédito cese al fuego de seis meses – después prorrogado hasta completar un año entero–. Ese fue el primer hito de la ahora marchitada política de paz total, con la que Petro se proponía negociar en simultáneo con todos los grupos armados. El ELN era el premio mayor pero esos diálogos están suspendidos desde el 17 de enero de 2025 y todos los observadores los dan por fracasados. Si se retoman, será con el próximo presidente. El senador Iván Cepeda, candidato oficialista y líder de las encuestas, fue uno de los negociadores y es uno de los pocos aspirantes que se ha manifestado favorable a nuevos intentos de diálogo.

En el camino, el ELN se consolidó como una guerrilla binacional, que opera a lado y lado de una frontera extensa y porosa, de más de 2.200 kilómetros, como han documentado diversas investigaciones. La arremetida en el Catatumbo comenzó con el traslado de combatientes desde Arauca, otro departamento que limita con Venezuela, presumiblemente a través de su territorio.

Surgido hace más de medio siglo bajo el influjo de la revolución cubana, el ELN ha estado presente del otro lado de la línea limítrofe desde los setenta, con una evidente expansión en los últimos años que ha contado con la permisividad del chavismo. Organizaciones como Human Rights Watch han denunciado que las fuerzas de seguridad venezolanas han sido cómplices, al punto de realizar “operaciones conjuntas”; la misión internacional independiente de la ONU sobre Venezuela ha constatado “vínculos de colaboración”. La guerrilla incluso llegó a acuerdos con autoridades chavistas para participar en la explotación de oro, diamantes y coltán.

El ELN ya ha incorporado en su narrativa la defensa de la Revolución Bolivariana y la suma de los tres frentes de guerra que operan en la zona fronteriza constituye un 60% de su capacidad armada, destaca Gerson Arias, investigador de la Fundación Ideas para la Paz. Según los cálculos más recientes de la inteligencia colombiana, cuenta con 6.500 hombres, lo que la convierte en el segundo grupo armado más numeroso del país después del Clan del Golfo, que tiene casi 9.000.

Los analistas coinciden en que el futuro del ELN está estrechamente ligado a Venezuela. Mientras el Gobierno de Caracas siga respaldando a la guerrilla, no podrá ser derrotada por completo ni es probable que firme un acuerdo de paz, apuntaba Jeremy McDermott, codirector de Insight Crime, en una reciente investigación sobre las guerras fronterizas, publicada antes de la intervención militar en la que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro. De momento, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, está a cargo. En la nueva coyuntura, Petro busca el apoyo tanto de Washington –que considera al ELN un grupo terrorista extranjero– como de las nuevas autoridades de Caracas para retomar la ofensiva contra los elenos. El combate conjunto contra los grupos armados en la frontera será uno de los temas centrales de la esperada reunión entre Petro y Donald Trump en la Casa Blanca, el próximo 3 de febrero, según anticipa el ministro de Defensa, el general en retiro Pedro Sánchez, que estuvo de visita esta semana en Estados Unidos. Para los más optimistas, esa retaguardia en vilo abre una ventana de oportunidad para combatir a los elenos con mayor eficacia.

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Sobre la firma

Santiago Torrado
Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.
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