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De la crisis de deportados a la llamada amistosa: el arco de la relación entre Trump y Petro

Tras un año de enfrentamientos por redes sociales, que incluyeron la revocación de la visa de Gustavo Petro y su inclusión en la Lista Clinton, los presidentes sostuvieron este miércoles su primera llamada, que terminó con una invitación a la Casa Blanca

Gustavo Petro

Los repetidos choques diplomáticos entre Donald Trump y Gustavo Petro han dado un giro inesperado este miércoles. Los mandatarios han tenido su primera llamada telefónica después de casi un año de confrontaciones, y se han puesto una cita en la Casa Blanca para conocerse en medio de la más alta tensión regional tras la ofensiva estadounidense en Venezuela. Esto justo después de tres amenazas del estadounidense en el último mes, que no ha descartado llevar a cabo una operación militar similar en Colombia. Hoy todo cambió de tono. “Fue un honor hablar con el presidente de Colombia”, escribió Trump en redes sociales.

El presidente Petro, que anunció la llamada en medio de una masiva movilización en Bogotá que pretendía defender la soberanía nacional, fue enfático en decir que cambió su discurso por uno más amistoso. “Colombia puede dormir tranquila”, dijo Petro. Trump, por su parte, afirmó que el colombiano le “llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos”, según ha revelado en una publicación en su red social Truth Social. Los arreglos para tal encuentro estarán a cargo del secretario de Estado, Marco Rubio, y la canciller colombiana, Rosa Villavicencio. La reunión tendrá lugar en la Casa Blanca. El episodio distiende una relación que pasó por momentos muy delicados el año pasado.

Enero 2025: Arranca la crisis por los vuelos de deportación

El primer choque abierto entre Trump y Petro se produjo en los primeros días del segundo mandato del presidente estadounidense, apenas seis días después de su posesión. El 26 de enero, el Gobierno colombiano anunció que no permitiría el aterrizaje en su territorio de aviones militares estadounidenses que transportaban ciudadanos colombianos deportados, argumentando que los migrantes debían ser recibidos con “trato digno y respeto” y preferiblemente en vuelos civiles. Petro defendió su decisión en redes sociales y en comunicados oficiales, afirmando que “un migrante no es un delincuente y debe ser tratado con la dignidad que un ser humano merece” y ordenó el regreso de los aviones militares a Estados Unidos si no se garantizaba ese trato.

La respuesta de Trump fue inmediata y tajante: anunció medidas de represalia, entre ellas aranceles del 25% a todos los productos colombianos importados a Estados Unidos, la revocación de visas a funcionarios colombianos, restricciones de viaje y la advertencia de un aumento de esos aranceles si la situación persistía. El intercambio marcó el primer gran encontronazo entre ambos mandatarios. Mas tarde se alcanzó un acuerdo para aceptar los vuelos con deportados, lo que llevó a que Trump pusiera en reserva la aplicación de los aranceles anunciados.

Septiembre 15: Colombia descertificada como aliada en la lucha contra las drogas

El 15 de septiembre, el gobierno de Donald Trump incluyó a Colombia en la lista de países “no certificados” por su cooperación en la lucha contra el narcotráfico, un proceso conocido como descertificación. La decisión se dio en el contexto de un aumento significativo de los cultivos ilícitos y la percepción en Washington de que la estrategia de “Paz Total” del gobierno de Petro favorecía indirectamente a grupos vinculados al narcotráfico, al reducir la presión militar sobre zonas productoras de coca y priorizar políticas de sustitución sin medidas de control inmediato.

Aunque la medida no trajo sanciones directas para Colombia, porque el Gobierno estadounidense decidió aplicar un waiver que suspendía los efectos económicos de la descertificación, sí representó un golpe político y diplomático. Ese mismo día, el Gobierno colombiano respondió de forma contundente rechazando la decisión. En su comunicado oficial, la Cancillería de Colombia sostuvo que la medida se basaba en “lineamientos meramente políticos” y desconocía los avances reales y verificables del país en la lucha contra las drogas.

Septiembre 27: La revocatoria de la visa tras la protesta en Nueva York

Otro punto de quiebre en la relación llegó el 27 de septiembre de 2025 durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. En medio de una protesta en favor de Palestina, Petro criticó las órdenes militares asociadas al apoyo de Estados Unidos a Israel, y pidió a los soldados no cumplir mandatos que consideraba contrarios al derecho internacional. Sus palabras, pronunciadas con megáfono a las afueras de la sede de la ONU, fueron interpretadas como una intromisión directa en asuntos internos y desataron una de las respuestas diplomáticas más duras del gobierno de Trump contra un aliado regional. El Departamento de Estado anunció que cancelaba la visa del presidente Gustavo Petro y de una parte de varios integrantes de su gabinete.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en Nueva York, en una protesta por Palestina, el 26 de septiembre.

La administración Trump justificó la medida afirmando que su homólogo colombiano había instado a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes militares vinculadas a la política exterior. Petro, por su parte, calificó la decisión como una “medida política y sin precedentes”, argumentando que se trataba de un castigo ideológico por sus críticas a la política de Estados Unidos frente al conflicto en Gaza.

Octubre: Petro entra a Lista Clinton

La ruptura diplomática se agudizó cuando, un mes después, el 24 de octubre de 2025, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), incluyó al presidente Gustavo Petro, a su esposa Verónica Alcocer, a su hijo Nicolás Petro y al ministro del Interior Armando Benedetti en la llamada “Lista Clinton”. La medida, originalmente diseñada para sancionar a narcotraficantes y personas vinculadas con actividades criminales internacionales, implicó bloqueo de activos y restricciones para realizar transacciones financieras con instituciones estadounidenses. El Gobierno estadounidense justificó la inclusión alegando que Petro no había frenado la producción de cocaína en Colombia y sus políticas, incluida la estrategia de “Paz Total”, estaban beneficiando a organizaciones narcoterroristas.

La reacción de Petro fue inmediata, quien rechazó la sanción, calificándola como una persecución política y un ataque infundado contra su Gobierno. El colombiano aseguró que su administración había trabajado en la lucha contra el narcotráfico y anunció que recurriría a asesoría legal en Estados Unidos para impugnar la medida.

Noviembre: la tensión por los ataques a supuestas narcolanchas

En los últimos meses de 2025, Estados Unidos amplió su campaña militar en aguas del Caribe y el Pacífico para atacar embarcaciones que, supuestamente, viajaban cargadas de cocaína. Petro criticó en repetidas ocasiones estas acciones, calificándolas de asesinatos e ilegalidad, y denunciando que algunas de las víctimas eran pescadores o civiles inocentes, no miembros de organizaciones criminales ni grandes capos de la mafia. En medio de esa tensión, el mandatario ordenó en noviembre de 2025 la suspensión temporal de la cooperación de inteligencia con Estados Unidos, en protesta por los ataques a los barcos.

En diciembre de 2025, tras una escalada militar estadounidense en el Caribe y el Pacífico, el presidente Donald Trump lanzó fuertes advertencias públicas hacia Colombia y su mandatario. Trump acusó a Colombia de ser un país con “fábricas de cocaína” cuyas drogas llegan al mercado estadounidense y afirmó que, si el presidente Petro no “espabilaba”, Colombia podría convertirse en el “siguiente objetivo” de su campaña antidrogas después de Venezuela.

Enero 2026: De las amenazas de una invasión a una llamada

El 3 de enero de 2026, tras la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos en Venezuela que terminó con la extracción del presidente Nicolás Maduro, la retórica de Donald Trump contra Gustavo Petro dio un salto significativo. Ese día, en una rueda de prensa que dio el mandatario estadounidense desde su residencia en Mar-a-lago, no descartó la posibilidad de una operación militar similar en territorio colombiano. “Me suena bien una operación en Colombia”, dijo en una rueda de prensa.

La amenaza por una posible intervención militar suscitó que el mandatario colombiano llamara a defender la soberanía y, una vez más, expusiera los resultados de su Gobierno en la lucha contra las drogas. Petro lo calificó como una “amenaza ilegítima” de injerencia extranjera. Recordó los esfuerzos de su Gobierno contra el narcotráfico, defendiendo que Colombia ha realizado “la mayor incautación de cocaína en la historia del mundo” y rechazando las acusaciones de estar vinculado con esa actividad ilícita. La Cancillería presentó una queja formal ante la Embajada de los Estados Unidos y sectores políticos colombianos subrayaron que la soberanía del país debía ser respetada, advirtiendo que ataques o amenazas de intervención podrían considerarse como un acto de agresión.

Pero este miércoles, cuando el mandatario se disponía a ordenar a las Fuerzas Militares defender la soberanía en caso de que se ejecutara un ataque similar como el de Venezuela, la tensión diplomática bajó en medio de una llamada de una hora que sostuvieron los mandatarios. Petro dijo que defendió los resultados que ha hecho su Gobierno en la lucha contra las drogas. “Trump no es bobo”, dijo ante una multitud de manifestantes. “Engañaron a Trump y por eso salió a decir algo que es absurdo para cualquier ciudadano: que Petro es el jefe del narcotráfico”. Todo, por un momento, parece olvidado.

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Sobre la firma

Valentina Parada Lugo
Periodista de EL PAÍS en Colombia y estudiante de la maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional. Trabajó en El Espectador en la Unidad Investigativa y en las secciones de paz y política. Ganadora del Premio Simón Bolívar en 2019 y 2022.
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