Bernie Sanders: “Trump es el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos”
El senador por Vermont, icono global de la izquierda, denuncia en una entrevista exclusiva con EL PAÍS que el presidente está usando el ICE como “un ejército doméstico” y afirma que “tendrá que ser el pueblo estadounidense quien diga ‘no’ al autoritarismo”


Una foto en blanco y negro con el reverendo Jesse Jackson y un retrato junto a Joe Biden, firmado por el expresidente demócrata, cuelgan de las paredes de la oficina en la que el senador independiente Bernie Sanders recibió a EL PAÍS el miércoles pasado en el Capitolio. Otro día, como cada día desde hace más de una semana, la ciudad amaneció cubierta por la nieve. También, como hace un año, pendiente del último sobresalto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esta vez, había pedido a los republicanos que arrebaten a los Estados la organización de las elecciones, que es lo que manda la Constitución, a tiempo para la próxima cita con las urnas; está en juego un tercio del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes y la viabilidad de la segunda mitad de la segunda presidencia de Trump.
Hace algo más de 12 meses que este regresó a la Casa Blanca, y 10 años de la extravagante campaña en la que Sanders pudo haber sido el candidato que se enfrentara a él en unos comicios que, como pocos, marcaron un antes y un después en la historia de Estados Unidos. Una parte de sus compatriotas ―especialmente, entre la legión de los seguidores jóvenes del senador― sigue preguntándose qué clase de país se les habría quedado si el Partido Demócrata hubiera optado por el progresismo de Sanders, y su mensaje en defensa de la clase trabajadora, en vez de por la candidata del establishment, Hillary Clinton.
Dos elecciones presidenciales y una victoria de Trump después, Sanders mantiene su aura de icono de la izquierda global. Tiene 84 años, un tono de voz grave, una mirada esquiva y una manera inconfundible de mascar las palabras. Fue alcalde de Burlington, la ciudad más poblada de su Estado, Vermont, en la frontera con Canadá, y lleva 35 años en el Capitolio, lo que lo convierte en el político independiente ―alineado con los demócratas― que más mandatos ha encadenado. Primero, se desempeñó como miembro de la Cámara de Representantes entre 1991 y 2007, y acaba de estrenar su cuarta legislatura (de seis años) como senador.
Ha dejado caer que será la última. Si cumple esa promesa, se retirará habiendo al menos asegurado que su legado continuará gracias a jóvenes figuras demócratas como la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, o el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
Ambos se cuentan entre los políticos progresistas con más proyección en la izquierda de Estados Unidos y ambos dieron un paso al frente inspirados por aquella campaña de Sanders en 2016 y al abrigo del Partido Socialista Democrático de América, una formación en plena expansión en un país en el que no hace tanto “socialista” era una palabra malsonante. Esos lazos intergeneracionales se hicieron evidentes cuando, tras la victoria de Trump, la extraña pareja formada por Sanders y Ocasio-Cortez se echó a la carretera contra el desánimo en una gira que bautizaron “Luchando contra la oligarquía”. Reunieron a decenas de miles de personas por todo el país.
Hombre impaciente con los halagos y poco amigo de los rodeos, Sanders llegó a la cita con un ligero retraso, pero fue generoso con su tiempo. La semana había empezado para el senador con un nuevo, y muy breve, cierre parcial de la Administración, que se resolvió el martes después de que los republicanos cedieran y sacaran de los presupuestos una ley de financiación que habría incrementado espectacularmente los fondos para el Departamento de Seguridad Nacional y, con ellos, la financiación de la brutal campaña contra la inmigración de Trump. Es una batalla que Sanders se ha tomado como algo personal y que se libra ahora en las calles de Minneapolis, donde los agentes federales han matado “a sangre fría”, recuerda Sanders, a dos ciudadanos estadounidenses indefensos, Alex Pretti y Renée Good, detenido a manifestantes y arrestado a niños de cinco años.

Gracias a Minneapolis, los demócratas se ven súbitamente ganadores en un debate, el de la inmigración, que hasta hace poco les era venenoso. Esa crisis de imagen para la Casa Blanca también ha abierto la puerta para que el Congreso, tras un año de coma inducido, pueda establecer las nuevas reglas de la policía migratoria de Trump, un presidente que está demostrando una pasión sin precedentes por gobernar, con la aquiescencia de su partido, de espaldas al poder legislativo.
Pregunta. Hace un par de semanas, Trump cumplió un año de su vuelta al poder. ¿Cómo describiría esos 12 meses que a ratos parecieron una eternidad?
Respuesta. Trump es el presidente más peligroso, tal vez de la historia de Estados Unidos. Esta es la democracia más longeva; se remonta a 1776, cuando derrocamos al Imperio Británico y nos dimos una Constitución y una Declaración de Independencia sólidas. Por desgracia, Trump es un autoritario; un oligarca cuya visión del futuro pasa por que un pequeño grupo de personas increíblemente ricas se enriquezca aún más mientras empuja a Estados Unidos hacia el autoritarismo. Es muy alarmante lo que está haciendo tanto a nivel nacional como internacional. Muchos luchamos lo mejor que podemos. Y creo que estamos teniendo éxito; su popularidad cae cada día.
P. Si algo ha definido hasta ahora su segunda presidencia es su empeño en ampliar el poder ejecutivo, pero da la impresión de que el legislativo no ha sido capaz de defenderse lo suficiente…
R. Tiene cierta razón. Trump está intentando socavar la democracia y la Constitución a base de usurpar los poderes del Congreso. Ha cancelado ilegalmente leyes y fondos que habíamos aprobado, lo cual carece de precedentes. También ha quitado dinero federal a los Estados que no votaron por él. Y eso es indignante, además de ilegal. También está atacando a los tribunales, eligiendo qué decisiones acata. Ha ido contra las universidades que enseñan cursos que no le gustan, y a los medios, los intimida a base de demandas y haciendo que sus amigos multimillonarios los compren. Ahí está el señor [Larry] Ellison, que ahora tiene un poder significativo en TikTok y ha adquirido Paramount, propietaria de CBS. Lo que estamos viendo es a un puñado de oligarcas que controlan los medios, la economía y, debido a nuestro sistema corrupto de financiación de campañas, también nuestro proceso político.
P. ¿Está ese sistema que describe preparado para tres años más de Trump?
R. Eso espero. Los republicanos controlan, con una mayoría muy pequeña, la Cámara de Representantes. También el Senado. Mi esperanza es que en las elecciones de medio mandato [del próximo noviembre], los demócratas recuperen el control de la Cámara. Creo que es una posibilidad real; sucedería si las elecciones se celebraran hoy. Y existe una opción más remota, pero plausible, de que los demócratas ganen el Senado. Si eso pasa, entonces sí podremos contrarrestar a Trump…
P. ¿Está el partido planteando la estrategia correcta para ganar esas elecciones?
R. Como sabe, existen fuertes diferencias dentro del Partido Demócrata. Y soy uno de los líderes del movimiento progresista, y nos enfrentamos al establishment. Creo que una de las razones por las que Trump está en el poder, y esto es similar a lo que ocurre en Europa, es el fracaso de los partidos de izquierda tradicionales a la hora de atender las necesidades de la clase trabajadora. Hubo un pequeño número de victorias en los comicios de noviembre de 2025: Nueva Jersey, Virginia... Mamdani obtuvo un triunfo espectacular en Nueva York. También se ganó esta semana en Texas. Creo que el pueblo estadounidense está demostrando que no está contento con la dirección que está tomando el país y que está dispuesto a sacar a los republicanos del poder.
P. ¿Qué debería ser lo primero en la lista de los demócratas al día siguiente de las elecciones, si recobran la Cámara? ¿Es partidario de un impeachment?
R. No sé la respuesta. No lo he discutido aún. Lo que sí sé es que el impeachment no prosperaría, en cualquier caso, porque se necesitan dos tercios del Senado. Es más urgente recuperar la confianza en la democracia, y eso no será posible a menos que los Gobiernos trabajen por la gente. En Estados Unidos, cuando al 66% de la población le cuesta llegar a fin de mes, cuando millones de personas ganan salarios de miseria, la gente no puede pagar la atención médica, la educación o la vivienda, tenemos que probar al pueblo estadounidense desde el Congreso que podemos ayudarles.
P. Da la impresión de que eso que llaman el experimento estadounidense es un edificio de cimientos débiles, que no estaba diseñado para la llegada de alguien como Trump. ¿Qué reformas de calado precisaría ese edificio?
R. Es verdad: nunca habíamos visto a ningún presidente con tanto desprecio por el Estado de derecho. No se puede tener una sociedad democrática si no se obedece la ley. Hasta ahora, nadie, ni a derecha, ni a izquierda, cuestionaba el resultado de unas elecciones. Trump está cambiando las reglas del juego. Pero sus oponentes trabajamos duro para evitarlo, también legalmente. Los tribunales están haciendo lo correcto en su defensa de la Constitución, salvo en contados casos. Aunque en última instancia tendrá que ser el pueblo el que diga “no” al autoritarismo en este país. Llevamos 250 años luchando contra la tiranía. Y creo que hay un profundo sentimiento, entre personas con diferentes opiniones políticas, de que no queremos un dictador al frente del país. Ese es nuestro objetivo. Hemos organizado manifestaciones en las que han participado millones de personas. Estamos ganando elecciones. Y debemos seguir educando y organizando la oposición de base contra el trumpismo.
P. Al ver estos días las revelaciones de los archivos de Jeffrey Epstein, uno tiene la sensación de asomarse a los manejos de esa oligarquía que usted critica cuando nadie la mira. Actuaban con impunidad, y siguen sin sufrir las consecuencias. Los que han caído por ese escándalo lo han hecho más en el Reino Unido, por ejemplo, que aquí. ¿Por qué?
R. Lo primero: es repugnante que se abuse de niñas como lo hicieron Epstein y sus amigos. Sobra decirlo, pero es repugnante. En segundo lugar, demuestra que si eres rico y poderoso vives en un mundo diferente del resto y puedes seguir otras reglas. A menudo con impunidad. Si tu hijo roba en una tienda, acaba en la cárcel. Pero si eres multimillonario y haces cosas terribles a menores... es otra historia. [Los papeles de Epstein] Son otra prueba del increíble poder de la clase multimillonaria. No importa si eres liberal o conservador, demócrata o republicano. De alguna manera, toda esa gente se reúne y hace lo que le viene en gana.

P. Uno diría que en este país todo está a la venta. También, desde la sentencia del Tribunal Supremo Citizens United (2010), las elecciones… ¿Cómo se la explicaría a un extranjero?
R. Es quizás la peor decisión de la historia del Supremo, porque socava la democracia. La Primera Enmienda protege la libertad de expresión. Lo que dijo Citizens United es que, si tienes dinero ilimitado, puedes gastar todo lo que quieras para comprar una elección. Esa es tu libertad de expresión. Así fue cómo Elon Musk aportó 290 millones para elegir a Donald Trump, y sospecho que ahora gastará decenas, cientos de millones en las elecciones de noviembre. Otros multimillonarios, en su mayoría republicanos, pero también demócratas, harán lo mismo.
P. ¿Tiene algún consejo para luchar contra la ansiedad de las noticias que emanan cada día de esta ciudad?
R. Quiero tranquilizar a los europeos. Es verdad que Trump tiene un público muy fiel (calculo que un 30% del pueblo estadounidense). Comparten una mentalidad autoritaria y les gusta la idea de un líder fuerte; ustedes en España conocen bien eso, teniendo en cuenta su historia. También en Italia o Alemania. Pero una mayoría de estadounidenses —no una mayoría, sino una pluralidad significativa— se opone firmemente a las acciones de Trump… No quiero que nadie piense que él refleja lo que los estadounidenses quieren.
P. Pero le votaron…
R. Trump no ganó las elecciones porque la gente quisiera invadir Dinamarca o atacar a Venezuela. Tampoco querían que Estados Unidos se congraciase con Arabia Saudí o los Emiratos. Lo votaron porque la clase trabajadora de este país está en apuros. Millones de estadounidenses no pueden permitirse ir al médico cuando enferman. Casi un tercio no tiene seguro médico o cuenta con un seguro insuficiente. Morimos a una edad más temprana que en Europa, nuestras universidades son prohibitivas y la vivienda está por las nubes. Una de las razones del éxito de Trump es que la clase trabajadora no ha encontrado en los demócratas lo que necesitaba. Así que lo que muchos de nosotros estamos haciendo —Ocasio-Cortez, Mamdani y otros— es intentar transformar el Partido Demócrata en un partido de la clase trabajadora dispuesto a enfrentarse a los oligarcas. Una advertencia para nuestros amigos en Europa: tengan mucho cuidado. Preocúpense por el poder de [Elon] Musk y los que son como él. Lo quieren todo…
P. El hombre más rico del mundo ya ha demostrado su interés en influir en esos países a base de apoyar partidos ultras, y la Estrategia de Seguridad Nacional ya avisó en diciembre de que el Gobierno también está dispuesto a cultivar esos lazos…
R. Musk financia a la derecha en todo el mundo, mientras Trump impulsa a sus amigos en América Latina. Es la unión de la oligarquía con la extrema derecha. Lo que tienen que hacer los partidos de izquierda es presentar una oposición creíble a esa oligarquía. No puede haber una democracia con unas pocas personas con tanta riqueza y poder. No hay más que ver el dinero que Musk está invirtiendo en Arabia Saudí… [Su príncipe heredero] Mohamed Bin Salmán es un asesino, y en la Casa Blanca fue recibido con los brazos abiertos. Es un dictador, pero a Trump le cae bien.
P. Viendo cómo Washington está cambiando las relaciones con sus viejos aliados, da la impresión de que el lema America First (Estados Unidos) es también America Only (Solo Estados Unidos).
R. Trump ataca a Europa a diario. ¿Por qué? Porque los países europeos son democráticos. A Trump y a Musk no les gusta la democracia.
P. El triunfo de Mamdani en Nueva York supone una cierta consagración de su legado. ¿Hasta qué punto es extrapolable? En otras palabras: ¿Puede ganar un socialista en una zona rural de Kentucky?
R. Creo que los candidatos que se presentan con una agenda que atiende las necesidades de la clase trabajadora pueden ganar cualquier escaño en este país.
P. ¿Es de los que opinan que ha llegado la hora de emplear el adjetivo fascista con el Gobierno de Trump?
R. Hay que ver bien cómo se definiría eso. Ahora estoy hablando con usted. ¿Me van a arrestar? No. Trump es un líder autoritario, que quiere cada vez más poder. Y no respeta la Constitución ni el Estado de derecho.
P. También ha llamado a los republicanos a “nacionalizar” las elecciones, pese a que la Constitución dice que son los Estados los que tienen la potestad sobre ese proceso. ¿Teme por la próxima cita con las urnas o por que el presidente maniobre para que no se celebren?
R. No lo creo. Si lo hace, se daría una circunstancia revolucionaria en Estados Unidos. Sí considero que hará todo lo posible para intentar evitar que los republicanos pierdan poder en la Cámara de Representantes y el Senado. Estamos trabajando ahora mismo, tanto legal como políticamente, para evitar que pueda hacerlo.

P. ¿Cómo?
R. No quiero entrar en detalles, pero somos muy conscientes de sus planes. Estamos analizando todo lo que podría hacer y determinando cómo podemos responder eficazmente.
P. ¿Estaría de acuerdo en cambiar las leyes de identificación de votantes? La idea de depositar una papeleta sin presentar un carnet resulta chocante desde el punto de vista europeo.
R. No es verdad que puedas votar sin identificarte. Lo que quieren hacer [los republicanos] es que, para registrarte, tengas que aportar un pasaporte o un certificado de nacimiento. Yo no tengo certificado de nacimiento, ni idea de dónde andará. Podría pedirlo, pero eso no está pensado para gente como yo, sino para aquellos con bajos recursos. Son los que cuando les ponen trabas desisten de votar. No sé qué porcentaje de estadounidenses tiene pasaporte, pero puede ser menos de la mitad. Así que esto es simplemente una forma de apartar a toda esa gente del proceso democrático. Creo, por supuesto, que aquellos que no sean ciudadanos no deberían votar. Pero también defiendo que participe la mayor cantidad de gente posible. Quiero que voten los pobres. O los jóvenes. De eso trata la democracia. Su visión es exactamente la contraria: quieren que menos personas participen y asegurarse de que los que sí voten lo hagan por ellos.
P. ¿Qué lecciones extrae de Minnesota?
R. Sus habitantes han sido extraordinariamente valientes, y creo que el hecho de que unas 50.000 personas salieran a las calles a -30 grados para oponerse al ICE [Servicio de Inmigración y Control de Aduanas] y a Trump es algo que pasará a la historia. Se han plantado, y están luchando. Son una inspiración para el resto del país. Los asesinatos de [Alex] Pretti y [Renée] Good son una llamada de atención, como las patadas en las puertas de las casas, o el arresto de niños de cinco años... nada de todo eso es propio de este país.
P. Hoy la Administración ha retirado 700 agentes de Minnesota. ¿Significa eso que Trump está suavizando su política migratoria?
R. Creo que deberíamos coger con pinzas [esos gestos de Trump]. Hasta él entiende que lo que está pasando es impopular. Está muy pendiente de las encuestas y sabe que al pueblo estadounidense no le gusta lo que pasa en Minnesota. Pero no tengo mucha confianza en él. Es un autoritario y el ICE es su ejército doméstico. Lo usará cuando considere oportuno.
P. ¿También para influir en las elecciones?
R. Creo que no llegará tan lejos. Pero no es descabellado pensar que el día de la votación haya muchos agentes del ICE merodeando por los centros de votación. Me preocupa que los use en la jornada electoral…
P. Algo así disuadiría a muchos latinos de votar, incluso si son ciudadanos.
R. Claro. El ICE es la expresión del avance [de Trump] hacia la represión de la disidencia. Así que no se trata solo de los latinos. Si usted es un observador, le detendrán, o le ficharán. El mensaje es: quien quiera enfrentarse al presidente, se expone a meterse en problemas. Eso es autoritarismo.
P. ¿Servirá la ley que se está negociando en el Capitolio para limitar el poder del ICE?
R. Creo que sí. He presentado una enmienda para rescindir el extraordinario aumento de fondos de la agencia [recibió el apoyo de todos los demócratas y de dos republicanos, pero no fue suficiente para que saliera adelante]. El objetivo es asegurarnos de que el ICE funcione dentro de un marco constitucional y legal.
P. ¿Qué lectura hace de la así llamada Doctrina Donroe y de la resurrección del intervencionismo en Latinoamérica?
R. Es terrible. Durante muchísimos años, Estados Unidos dominó a su antojo Latinoamérica. Derrocó a un gobierno tras otro. No es eso lo que el pueblo estadounidense quiere. Los países de Latinoamérica tienen derecho a determinar su propio destino en colaboración con Estados Unidos, pero no bajo el dominio de Estados Unidos. Haremos todo lo posible para resistir desde dentro ese uso de la fuerza de nuestro Gobierno en el continente.
P. En Venezuela, la Administración de Trump ha decidido anteponer los negocios a la restauración de la democracia y a sacar al chavismo del poder.
R. Y es horrible. Lo que hizo Trump es inadmisible, por más que [Nicolás] Maduro sea un dictador corrupto.
P. ¿Vería en algún caso bien que Estados Unidos destituyera a un presidente, en este caso, a un autócrata? Muchos en Latinoamérica aplauden el fin de Maduro independientemente de los medios.
R. Es una violación del derecho internacional. Solo la comunidad internacional debería lidiar con algo así en casos extremos. Una nación fuerte no puede decidir unilateralmente quién gobernará otro país. [Lo de Venezuela] Es un peligroso precedente. He condenado con firmeza la invasión de Ucrania a manos de [Vladímir] Putin. ¿Cómo puede Estados Unidos condenar ahora a Putin después de haber atacado Venezuela? Trump cree que puede derrocar gobiernos y tomar medidas militares unilaterales. Pero si queremos que este planeta sobreviva, necesitamos volver a la diplomacia; sentarnos y resolver las cosas.

P. ¿Qué opina de que María Corina Machado regalara a Trump su Premio Nobel?
R. Resulta patético. Todo el mundo sabe que Trump es un narcisista. Si quiere conseguir una entrevista con él, prométale unos cuantos millones de dólares. Seguro que se la da.
P. ¿Será Cuba el siguiente país que atacará Estados Unidos?
R. Me temo que no tengo una respuesta a esa pregunta.
P. Tras la llegada de Trump al poder, estamos asistiendo a un giro hacia la derecha en Latinoamérica: Honduras, Costa Rica, Chile… ¿Están perdiendo fuerza los valores progresistas en el continente?
R. De nuevo, influye el dinero. En Argentina, desempeñó un papel. ¿Cuánto? No lo sé. Luego está el péndulo habitual: ahora a la izquierda, después a la derecha. Es innegable que hay muchos países latinoamericanos en dificultades económicas, y que la gente busca alternativas. También, que hay mucho dinero oligárquico entrando en la política en Latinoamérica, igual que aquí.
P. ¿Ve factible que Trump cumpla sus amenazas de atacar territorio mexicano para descabezar el narco?
R. No lo sé. Trump es un líder inestable e irracional. Así que no sé qué hará mañana. Me temo además que no tiene asesores sensatos a su alrededor. Y que los tiene intimidados, así que tampoco hay quien le lleve la contraria…
P. ¿Diría que la presidente de México, Claudia Sheinbaum, lo maneja bien?
R. No soy un experto en México, pero me parece que ella está haciendo un buen trabajo.
P. Usted es un político de 84 años con una legión de seguidores jóvenes, entre los que a menudo cunde el desaliento. Desde la altura de su experiencia: ¿son estos los peores tiempos que ha vivido?
R. Estos son los tiempos más peligrosos a los que Estados Unidos se ha enfrentado en su historia moderna. Eso es incuestionable, pero, tras haber recorrido todos sus rincones y haber hablado a lo largo de los años con millones de personas, creo que el estadounidense medio es decente, y que cree en la democracia y en la justicia. También, que no solo derrotaremos al trumpismo, sino que crearemos un país mucho más justo y equitativo para los trabajadores.
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