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Trump anuncia el cierre durante dos años del Kennedy Center para su “reconstrucción completa”

La clausura llega tras varias cancelaciones de artistas en protesta por el asalto del presidente de Estados Unidos a la institución cultural de Washington, que ha rebautizado para añadir su nombre

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo en un post en su red social, Truth, que se dispone a cerrar durante dos años el Kennedy Center (KC), pulmón cultural y templo de las artes escénicas y de la música de Washington. Será, avisó en ese mensaje, a partir del 4 de julio, cuando el país haya celebrado el 250° aniversario de su independencia. Será una “reconstrucción completa”, escribió, para transformar “un centro deteriorado, obsoleto y en mal estado, tanto financiera como estructuralmente, en un bastión de las artes, la música y el entretenimiento de clase mundial, mucho mejor de lo que jamás haya sido”.

El anuncio llega después de que compositores como Philip Glass e instituciones como la Ópera Nacional se negaran a actuar en el nuevo KC, que Trump ha puesto al servicio de los ideales MAGA (Make America Great Again) en nombre de una cruzada contra la llamada “ideología woke”.

En diciembre, el republicano añadió su nombre al KC, que abrió sus puertas en 1971 en homenaje al presidente John F. Kennedy, asesinado ocho años antes. Un patronato nombrado por él mismo acordó que a partir de entonces pasaba a llamarse Trump Kennedy Center. Al día siguiente, unos operarios cambiaron las letras de la fachada para reflejar una decisión sin precedentes: los inquilinos de la Casa Blanca han esperado tradicionalmente a dejar el cargo para que fueran otros los que los recordaran bautizando puentes, aeropuertos o parques nacionales en su honor.

El asalto al KC de Trump comenzó poco después de que este tomase posesión por segunda vez en enero de 2025. El interés por el centro cultural fue una sorpresa; durante su primer mandato nunca se tomó la molestia de visitarlo.

En esta segunda vuelta, ha asistido a una representación de Los Miserables, ha ejercido de anfitrión de la gala anual en la que durante su primera presidencia se negó a participar y ha recibido, durante el sorteo del Mundial de Fútbol, el premio de la paz de la Fifa, que se inventó su presidente, Gianni Infantino, para congraciarse con él. La semana pasada, Trump puso el KC al servicio de la promoción del documental de su esposa, Melania, que se estrenó allí.

Antes de dar la sorpresa este domingo, el presidente de Estados Unidos había pasado meses diciendo que el KC estaba viviendo una época dorada. Lo cierto es que desde que lo tomó por asalto, el centro cultural ha acumulado cancelaciones voluntarias de músicos (Rhiannon Giddens) y actrices (Issa Rae), así como dimisiones como la de la soprano Renée Fleming y el cantautor Ben Folds, que tenían cargos como asesores del KC.

La Ópera Nacional anunció en enero que dejaría de usar el complejo a orillas del Potomac como sede. El último golpe llegó la semana pasada, cuando el compositor minimalista Philip Glass anunció que no estrenaría en el KC su esperadísima nueva sinfonía, inspirada en el presidente Abraham Lincoln. La casualidad quiso además que la compañía del bailarín Alvin Ailey actuara este domingo, día del anuncio de Trump, como parte de su residencia anual en la ciudad. Solían hacerla en el KC, pero sus gestores decidieron llevarse el espectaculo a otro teatro de la ciudad en protesta por el asalto de Trump.

Bajas en los abonados

También ha habido bajas entre los titulares de abonos, y varios análisis de los medios estadounidenses han certificado una caída en la venta de entradas que la Casa Blanca desmiente. Tal vez carezca de validez científica, pero cualquier habitual de los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional o de los montajes de la Ópera Nacional sabe que es más fácil que antes conseguir boletos y que las ofertas para hacerlo a bajo precio son también más frecuentes.

En su mensaje, que no menciona todo lo anterior, Trump dice que ha tomado su decisión de cerrar el KC “tras un año de revisión”, “llevado a cabo con contratistas, expertos musicales, instituciones artísticas y otros asesores y consultores”. También dice que conseguirá el dinero necesario, como ha hecho con el salón de baile que quiere construir en la Casa Blanca, con donaciones privadas. No está claro cuánto costará la renovación, ni de dónde piensa sacar la financiación.

El KC se sometió a una importante renovación y ampliación en 2019 bajo la dirección de Deborah Rutter, presidenta del centro que renunció poco después de que Trump asumiera la presidencia. Costó 250 millones de dólares. El año pasado, el presidente de Estados Unidos logró que el Congreso destinara 257 millones más para reparaciones en el edificio del KC.

“Después de considerar la opción de una construcción con cierre temporal y reapertura o una construcción parcial mientras se mantienen las actividades de entretenimiento durante un período mucho más largo, trabajando en paralelo a las funciones, he determinado que el Trump Kennedy Center, si se cierra temporalmente para su construcción, revitalización y reconstrucción completa, puede convertirse, sin duda alguna, en el mejor centro de artes escénicas de su tipo en todo el mundo”, dice el republicano en su mensaje, en el que, fiel a su perfil de promotor inmobiliario, el presidente de Estados Unidos añade: “Si no cerramos, la calidad de la construcción no será tan buena”.

En su Truth, cuajado de las hipérboles marca de la casa, Trump también afirma que su decisión está sujeta “a la aprobación del patronato”, aunque eso también es una exageración: nadie cuenta con que el órgano directivo del centro cultural le vaya a llevar la contraria. Entre los miembros del patronato, que preside el propio Trump, destacan nombres con más credenciales de lealtad al líder que experiencia acreditada en la gestión cultural. Entre ellos, están su enviado a Venezuela, Ric Grennell, su jefa de Gabinete, Susie Wiles, el director de la oficina de personal de la Casa Blanca, Dan Scavino, la esposa del secretario de Comercio, Allison Lutnick, o la segunda dama, Usha Vance.

La decisión de Trump abre muchos interrogantes en la vida cultural de Washington. El KC es un imprescindible para los amantes de la música clásica, el ballet, los musicales o la ópera, que también acoge conciertos de soul, jazz o música latina y espectáculos de comedia. Tampoco está claro qué pasará con la Orquesta Sinfónica Nacional, o con su director, Gianandrea Noseda. El maestro italiano y los gestores de la orquesta declararon la semana pasada en una entrevista a The New York Times su intención de resistir en el KC hasta que la tormenta pase. Visto lo visto, Trump tenía otros planes para ellos.

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