Daniel López Ortega, ‘Profe Danny’ en TikTok: “Trabajar en Infantil es tener un asiento en primera fila en los momentos más mágicos de la vida de un niño”
Con más de 325.000 en la red social, el docente publica ‘Los niños no se educan solos’ para poner en valor el acompañamiento a los menores y a sus familias durante los primeros años de colegio, un tiempo en el que se construye la base de sus relaciones con el mundo


Con 326.000 seguidores en su cuenta de TikTok y 178.000 en su Instagram, Daniel López Ortega (Madrid, 36 años) es probablemente el docente de Educación Infantil más popular del momento en España gracias a su intensa —y llena de humor— actividad en redes sociales. Lo que comenzó en pandemia para acompañar a las familias cuando tenían que pasar tanto tiempo en casa con sus hijos pequeños se convirtió en lo que él mismo denomina una “comunidad muy sólida y participativa” que le ha ido dando pie a convertirse también en escritor de cuentos infantiles (¡(No) quiero ir al cole!; Molino, 2023) y libros para adultos sobre la educación infantil como Hasta el error es divertido (Plataforma Editorial, 2024).
López trabaja como profesor de segundo ciclo de Infantil en una escuela Montessori de Madrid y Los niños no se educan solos (Plataforma editorial, 2026) es su nueva aportación, un no manual destinado a otros profesores, pero sobre todo a padres, a veces algo perdidos en lo que deben esperar del paso de sus hijos por Infantil. “Una etapa que desde fuera parece que se centra en jugar, pero en la que se están construyendo las bases de cómo el niño se va a relacionar con el mundo”, afirma el quinto mejor docente de infantil de España, quien en redes es conocido como Profe Danny. Al fin y al cabo, es un periodo de tres años en el que se produce una gran transformación en los alumnos: “Se recibe a un pequeño agarrado a la pierna de su familia… Y le despedimos con cinco años con amigos y autonomía y seguridad. Trabajar en Infantil es tener un asiento en primera fila en los momentos más mágicos de su vida”.
PREGUNTA. Los profesores de Infantil son el primer contacto que tienen los niños cuando llegan al colegio, a los tres años. ¿Cuál es la clave para hacerlo bien?
RESPUESTA. En el primer curso, la clave es que el niño sienta que no le han abandonado en un sitio extraño, lleno de gente llorando. La labor principal del profesor es construir un apego sólido, que vean en nosotros a alguien en quien pueden confiar y sentirse seguros. Es un trabajo complicado; establecer esa unión no siempre es sencillo, porque el trabajo no solo hay que hacerlo con ellos, sino también con sus familias, que nos están dejando lo que más quieren en el mundo, y es normal que tengan dudas y preocupaciones.
P. ¿Están preparados los padres para llevar a los niños al colegio cuando llega el momento?
R. No del todo, y es normal. Es uno de los primeros momentos en los que sentimos que perdemos un poco el control. Durante cerca de tres años, tu hijo ha estado casi siempre contigo y, de repente, pasa muchas horas en otro sitio. Pero también es el momento en el que empieza algo muy bonito: la confianza en otros adultos que también van a cuidar de él. Van a acompañarle a él y a los padres.
P. ¿Saben las familias qué se hace realmente en la etapa de Infantil?
R. No tengo claro que los padres le den la importancia que sí le damos desde dentro de la escuela. Porque en esta etapa pasan cosas muy importantes: un niño aprende a convivir, aprende que no siempre puede ser el primero, que hay otros niños con deseos distintos, que a veces las cosas no salen como quiere y que aun así puede volver a intentarlo. Son aprendizajes invisibles… sin los que lo demás no funciona.
P. ¿Cuáles son los mayores miedos de los padres y madres al principio?
R. Los clásicos: si llorará mucho, si comerá bien, si estará solo o hará amigos… La mayoría de estos miedos desaparece en pocas semanas. Los niños suelen adaptarse mucho mejor de lo que imaginamos, aunque necesitan su espacio y, sobre todo, necesitan romper con la idea de que todo se tiene que solucionar en un tiempo marcado por el adulto. No hay que meter prisa ni al crecimiento ni a los niños.
P. Habla en el libro de la ansiedad de los padres porque los hijos aprendan a leer antes que otros niños. ¿De dónde sale esa obsesión?
R. Tiene mucho que ver con cómo vivimos los adultos: comparando constantemente. Y eso se ha trasladado a la infancia. Pero los niños no son cronómetros. No todos aprenden lo mismo el mismo día. Hay niños que con cuatro años reconocen letras y otros que a los seis hacen un clic y de repente lo saben leer todo. Y ambos caminos son válidos.
P. ¿Se está sometiendo a los niños a demasiada presión competitiva?
R. Sí. A veces parece que la vida es una carrera que empieza a los tres años. Cada vez vivimos más deprisa y frenar crea sentimiento de falta de productividad, cuando lo más maravilloso de la infancia es entender que es un tiempo sin nada programado. El aburrimiento es un espacio mágico.
P. En el libro habla de particularidades como el autismo o el TDAH —trastorno por déficit de atención e hiperactividad—. ¿Está preparada la escuela para ello?
R. ¡Buff, vaya melón para abrir! Se habla de inclusión, pero los centros no cuentan con los recursos ni el personal necesarios para acompañar las individualidades que nos estamos encontrando. El profesor se está convirtiendo en especialista, cuando ya existen esas figuras. Resulta cada vez más complicado estar al frente de una clase. Y el sentimiento con el que se trabaja es complicado. Sientes que no llegas a todo y hay momentos en que tienes que elegir a quién ayudar.
P. Y los padres imagino que están aún menos preparados…
R. Los padres viven esos procesos con mucha incertidumbre. Por eso es tan importante que la escuela no sea un lugar que juzga, sino un lugar que acompaña. Cuando familia y colegio se entienden, el niño gana muchísimo.
P. El tema de los límites sigue generando debate. ¿Por qué?
R. Porque durante años se confundieron límites con gritos, castigos o autoritarismo y, como reacción, algunas personas han interpretado que poner límites es algo negativo. Pero un niño sin límites no es un niño más libre. Es un niño más perdido e inseguro. Los límites bien puestos no son una barrera, sino una guía.
P. ¿Hay que poner límites también en el colegio?
R. ¡Claro! El colegio es el primer gran espacio social del niño. Y convivir significa entender que no todo gira alrededor de uno mismo. Eso también se aprende.
P. Algunos profesores dicen que lo peor de la enseñanza hoy son los padres. ¿Hay que ponerles límites también a ellos?
R. Más que límites, yo diría que necesitamos volver a entender que familia y colegio no están en bandos distintos. Los profesores no somos enemigos de los padres. Y los padres no deberían ver el colegio como un lugar donde defenderse constantemente. Cuando dejamos de competir y empezamos a colaborar, la educación cambia muchísimo. Al final, todos estamos intentando lo mismo: que esos niños crezcan bien.
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