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Sergio Fajardo renueva su discurso anticorrupción usando decenas de escobas como símbolo para su campaña

El candidato que había enfatizado en su propuesta educativa vuelve a ‘no todo vale’ que se popularizó en la campaña presidencial del 2010 junto a Antanas Mockus

Sergio Fajardo en Bogotá, el 6 de abril de 2026.Partido Dignidad y Compromiso

El candidato presidencial de centro, Sergio Fajardo, ha decidido volver a resaltar su perfil como la opción electoral contra la corrupción, y ha escogido la escoba como nuevo símbolo de su campaña. “La escoba es el poder de los que no tienen poder”, dice. En la tarde del lunes el candidato, junto a su fórmula a la vicepresidencia, Edna Bonilla, y el exsenador de izquierdas Jorge Enrique Robledo, reunieron decenas de escobas frente a las oficinas de la empresa de energía Ecopetrol. El lugar no fue escogido a la ligera: en ese momento la junta directiva debatía si el presidente de la compañía, Ricardo Roa, amigo del presidente Gustavo Petro, y exgerente de su campaña presidencial en 2022, debía renunciar tras haber sido imputado por la Fiscalía por presunto tráfico de influencias. La Junta definió sacar a Roa temporalmente, y Fajardo horas antes dió un vuelco a su campaña: el centro de su proyecto político ya no gira solo alrededor de la educación, sino la corrupción que se ha denunciado en el Gobierno Petro.

“Vamos a recorrer el país, mostrar los elefantes blancos que hay, porque en Colombia, se están robando las necesidades de la gente”, dijo el candidato, que no ha logrado liderar la intención de voto en las encuestas para las presidenciales del 31 de mayo, pero busca aún conquistar al votante de centro que no está convencido por las opciones de Iván Cepeda a la izquierda, ni Paloma Valencia o Abelardo de La Espriella a la derecha. De acuerdo a las mismas encuestas, la corrupción está entre los dos primeros problemas que le preocupan a los colombianos. En la encuesta de Atlas Intel publicada en marzo, el 46% de los colombianos dice que la corrupción es el principal problema del país, seguido por 13% que considera que el principal problema es la inseguridad.

“El que calla otorga”, dijo Sergio Fajardo junto a las escobas y frente al silencio del candidato oficialista Cepeda ante un reporte de Noticias Caracol que denunció cómo Jorge Lemus, quien se desempeñaba como director de inteligencia de Gustavo Petro, ofreció beneficios jurídicos al zar del contrabando, Papa Pitufo. “No es solamente lo de Pitufo”, dice Fajardo. “Hay mucha más corrupción y no podemos aceptar que se pueda validar una transformación a partir de la trampa para llegar al poder, ese es el todo vale y nosotros no creemos en el todo vale, son los medios los que justifican el fin y no el fin el que justifica los medios, hay muchas cosas que se tienen que hacer, pero no utilizando medios ilegales”, agregó.

Ese ‘no todo vale’ es un claro eco a la campaña que hizo Fajardo en el 2010 como fórmula presidencial del exalcalde de Bogotá Antanas Mockus, contra el candidato entonces del uribismo que era Juan Manuel Santos, quien representaba el clientelismo. Mockus y Fajardo hicieron una campaña conocida localmente como ‘la ola verde’, contra la corrupción, y lograron pasar a la segunda vuelta presidencial como la opción más transparente de la política. Pero hasta el momento Fajardo no había vuelto a resaltar este aspecto de su campaña este año, sino más el de la educación, especialmente como profesor de matemáticas que escogió como fórmula vicepresidencial a una experta en pedagogía como lo es la académica Edna Bonilla, exsecretaria de educación de Bogotá.

Pero no toda estrategia electoral anticorrupción es exitosa en Colombia. En 2018 fracasó un célebre referendo anticorrupción promovido por dos líderes políticas del partido verde, Claudia López y Angélica Lozano, donde se le preguntaba a la ciudadanía si estaba de acuerdo en recortar los salarios a los congresistas, o endurecer las penas a los corruptos e impedirles volver a suscribir contratos con el Estado. La consulta fracasó porque no obtuvo los votos suficientes: no logró movilizar a suficientes ciudadanos para superar un umbral que le daba validez.

En esta ocasión, Fajardo propone un decálogo anticorrupción: quiere liderar una campaña cívica “sin depender de la maquinaria corrupta”; crear una estrategia de ‘contratistas al tablero’ para hacer seguimiento a los recursos destinados para 30 proyectos de inversión especial; radicar en el Congreso de la ‘Ley Lobby’ para proteger a quienes quieren denunciar a los corruptos; transformar la Secretaría de Transparencia en una Agencia Anticorrupción que “promueva la contratación por medio del mérito y la integridad”.

No todo el mundo celebró el símbolo de las escobas, incluso algunos afines a la campaña de Fajardo. “Lo de la escoba es descachado, pero las propuestas son buenas y sabemos que en Fajardo la intención es real y no simple pose”, reaccionó el congresista Daniel Carvalho, afín al proyecto del profesor de matemáticas.

Las redes sociales tampoco perdonaron a Fajardo haber escogido la escoba como símbolo anticorrupción, y varios usuarios compararon su estrategia con la de Regina 11, una polémica excandidata presidencial y fundadora del Movimiento Unitario Metapolítico, quien se popularizó en los 90s por utilizar una escoba para representar la pureza y limpieza moral. Regina Betancourt de Liska es una exsenadora y maestra esotérica que fue candidata presidencial en 1986, 1990, y 1994, agrupando miles de adeptos que la han seguido hasta la actualidad. Regina 11 terminó condenada por cobrarle parte del salario a los trabajadores de su Unidad de Trabajo Legislativo (UTL). Es decir, su muerte política llegó por lo que prometía barrer: la corrupción.

“Ahora que tengo su atención por la escoba y Regina 11: hablemos sobre nuestra propuesta para barrer la corrupción”, dijo Fajardo, apropiándose del chiste.

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