Entre el enojo y la resignación: la población LGBTI se divide frente a la adhesión de Juan Daniel Oviedo a Paloma Valencia
Algunos integrantes critican que el político, abiertamente gay, aceptara ser el candidato vicepresidencial de un partido antiderechos. Otros defienden que es necesario para derrotar al petrismo


La figura del candidato vicepresidencial Juan Daniel Oviedo divide al Parque de los Hippies, un punto de encuentro de la población LGBTI en Bogotá. Es el primer hombre abiertamente gay en aspirar a este cargo, pero tiene como compañera de fórmula a la uribista Paloma Valencia, quien pertenece a un partido hostil a los derechos de las diversidades sexuales. En el parque, algunos jóvenes que charlan con sus amigos ven esta alianza como una búsqueda desesperada por el poder, una concesión inaceptable e incluso una traición. “¿Oviedo? ¿El gay hipócrita y doble cara?”, dice Giorgio. Otros defienden la decisión porque priorizan derrotar al petrismo y creen que Oviedo podrá proteger sus derechos. “Va a influenciar a Paloma, la va a moderar”, confía Esmeralda. La fórmula derechista, sea por enojo o por resignación, no deja indiferente a ninguno.
Una entrevista de los dos candidatos con la revista Cambio, publicada el 15 de marzo, puso los derechos LGBTI en el centro del debate. “No estoy de acuerdo con la adopción gay”, dijo la uribista. El periodista le preguntó si estaría en desacuerdo con que su compañero pudiera tener hijos adoptivos. Valencia no titubeó. “Me cuesta (...). No estoy de acuerdo porque prevalece el niño”, respondió. Oviedo marcó distancia: “Estoy en oposición a eso, en Colombia está habilitado [adoptar]”. Un fragmento del video, de poco más de un minuto, se viralizó en redes sociales. Miles de personas vieron que las diferencias en cuanto a la diversidad sexual son, a todas luces, irreconciliables.
Valentina Maldonado, una mujer bisexual y colombo-venezolana de 24 años, comenta que no pudo terminar el video. “Me dio mucho coraje: ella le dijo en la cara que prefería que los niños estén abandonados en un orfanato que con él”, dice. Admira a Oviedo y lo votó en las consultas presidenciales del 8 de marzo, pero no quiere apoyarlo si eso implica “darle fuerza a la ola conservadora que surge mundialmente”. “Si Paloma lo humilló así ahora, ¿qué hará cuando sea presidenta? Va a tomar todas las decisiones y él no va a tener ni voz ni voto”, apunta. Después, se resigna y explica que quizá deba apoyarlos. “Soy de Venezuela y tengo un trauma con el socialismo. Antes que al petrismo, votaría a la puta derecha”.
Otros no tienen dudas: nunca apoyaron a Oviedo porque simpatizan con el presidente Gustavo Petro y su candidato, Iván Cepeda. “Es un señor bastante estudiado, que hizo muchas cosas por la comunidad en el barrio Santa Fe. Pero yo voto a Cepeda para darle continuidad a los cambios de este Gobierno, sobre todo en cuestiones ambientales”, dice Jag Amaya, antes de señalar que le pareció “una payasada” la entrevista y que no pensó que Oviedo “llegaría a ese punto”. Más hostil aún es Brayan, a unos metros, que ve al candidato vicepresidencial como “una lavada de cara” a la derecha. “No me sirve que el pirobo ese sea marica si lo único que quiere es destruir la tierra o doblegarse ante Estados Unidos”, comenta. “Prefiero mil veces a una vicepresidenta indígena [Aida Quilcué]”.
La responsabilidad de Valencia
Gran parte de las personas consultadas centran su enojo en Valencia y su partido, el Centro Democrático. Wilson Castañeda, director de la oenegé Caribe Afirmativo, señala por teléfono que esa colectividad política “está obligada a ser consecuente con el proyecto de vida del candidato al que invitó a participar”. “No opino sobre la decisión de Oviedo, pero quiero dejar en claro que, sea el partido que sea, cuando hay una agresión, la responsabilidad es del proyecto político que la propició y no del agredido”, afirma. Le preocupa que la contradicción entre invitar a Oviedo y luego “ponerlo en jaque” sea síntoma de “un lavado de cara”: “Algunos partidos hablan mucho de nosotros, pero luego no avanzan en los proyectos de ley”.
Algo similar opina Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa. “No quiero hablar sobre Oviedo porque se nos olvida que no se trata de él, sino del partido”, comenta por teléfono. Cuestiona que se interprete “como un avance” que el Centro Democrático haya sumado a un político abiertamente gay o que Valencia dijera en otro momento de la entrevista que “la unión entre dos hombres constituye una familia”. “Para mí, respetar el orden institucional es lo mínimo”, enfatiza. Para ella, las preguntas a Valencia no deberían girar en torno a derechos adquiridos, sino a temas pendientes. “Tendrían que cuestionarla sobre el acceso a la salud o al trabajo de las personas trans. Enriquecería el debate y nos permitiría ver qué tan cierto es su progresismo”.

En el movimiento, hay desacuerdos sobre qué tan fuerte es la amenaza de Valencia. El abogado y activista Mauricio Albarracín duda que haya un riesgo real. “Ya hay protecciones jurídicas, y cualquiera que sea presidente va a tener que cumplir las decisiones de la Corte Constitucional”, comenta en una llamada. “La homosexualidad, la adopción o el aborto no se juegan en esta elección; se juegan el modelo de distribución de la riqueza, el sistema de salud, las políticas de paz”, añade. Considera que Valencia “es más liberal” de lo que aparenta ahora, pues en 2017 se declaró públicamente en favor de la adopción gay, pero busca retener los votos conservadores. Además, señala que los movimientos antiderechos “están más concentrados en la niñez trans que en cuestionar derechos ya adquiridos”.
Los directores de Caribe Afirmativo y de Colombia Diversa discrepan con Albarracín. Castañeda interpreta las declaraciones de Valencia como una intención de “estar por encima de la Constitución” y señala que “nada está ganado”. Para Sánchez, “los derechos pueden echarse atrás”. En lo que concuerdan con Albarracín es en expresar su preocupación con un discurso que busca, simultáneamente, obtener votos más progresistas con Oviedo y retener conservadores con Valencia. Recuerdan el impacto electoral que tuvieron en 2016 los bulos del uribismo sobre la supuesta “ideología de género” que, decían, promovía el acuerdo de paz con las FARC. Albarracín, una vez más, es más optimista: “No sé cuántos votos dé cada vertiente. Pero mi sensación es que hoy, con más votantes jóvenes, ser muy anti-LGBT ya no suma tanto”.
La decisión de Oviedo
La gran pregunta es por qué Oviedo ha adherido a Valencia. Si las oenegés se abstienen de opinar al respecto, otros miembros de la población LGBTI cuestionan esa decisión. “Es respetable que haya maricas de derecha, pero uno no entiende que puedan defender posturas que niegan su existencia o sus derechos”, dice el activista Alejandro Michells en una llamada. Algo similar comenta por teléfono Alejandro Gamboa, que defiende que a Oviedo se le exija más que a los candidatos heterosexuales: “Él puso su sexualidad como parte de su identidad como candidato. Fue su decisión. Por eso ahora hay que exigirle una posición más clara en estos temas. Tiene que demostrar que representa nuestra agenda, o renunciar a ella y dejar la incoherencia e hipocresía”.
Li Cuéllar, codirectore y cofundadore del medio de comunicación Sentiido, coincide en que Oviedo tiene responsabilidades que asumir. “El país está viendo qué tan negociables son sus principios como hombre gay”, afirma en una videollamada. Advierte, además, que “podría sufrir la misma anulación política que Francia Márquez”, en referencia al rol marginal de la Vicepresidencia. Subraya que, en todo caso, no se pueden minimizar los riesgos de los discursos antiderechos. “Un hombre gay y una mujer lesbiana ya tienen sus derechos garantizados, pero una persona trans o no binaria no”, apunta.
La incógnita es el efecto de todo esto sobre el capital político de Oviedo. Algunos de sus críticos nunca lo hubieran votado por ser de centroderecha y haberse formado bajo el ala de María del Rosario Guerra, exministra de Uribe. La duda está en un sector que es crítico del Gobierno Petro pero quiere un liderazgo que reivindique conquistas progresistas, como el matrimonio gay y el acceso al aborto. Muchos veían eso en Oviedo y ahora lo recalibran.
Felipe Restrepo, editor y director de la revista Ideal, es uno de los simpatizantes que ya decidió. “He escrito cosas contra Uribe, pero la política implica entender la coyuntura. Paloma y Oviedo son una opción interesante frente al caos administrativo que vive Colombia, con un sistema de salud al borde del colapso”, apunta en una llamada. “No digo que la adopción gay y el matrimonio igualitario no sean importantes, pero no son lo único y ya están garantizados”, añade. Mientras tanto, Valentina Maldonado insiste con sus dudas en el Parque de los Hippies, conflictuada entre su identidad venezolana y su sexualidad. “Estoy entre que gane la izquierda o que lo haga alguien que está contra los derechos sociales que apoyo. Puede que vote en blanco. No lo sé, estoy confundida”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.







































