La inmensa mayoría del Congreso rechaza la guerra pese a la bronca política
Sánchez trata de ridiculizar los conocimientos de Feijóo y este dice que en Europa tildan al presidente de “traidor”


Nadie levantó una voz este miércoles en el Congreso para defender la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Ni siquiera Santiago Abascal, que esquivó el conflicto —el tema del orden del día—e hizo como si no existiese ese presidente estadounidense que lo designó su socio en España. Tampoco Alberto Núñez Feijóo pronunció el nombre de Trump mientras confirmaba que el PP ha pasado de la comprensión hacia la aventura bélica a suscribir el “no a la guerra”. Una postura compartida por todo el resto de la Cámara, desde EH Bildu a UPN.
La amplia coincidencia podría llevar a creer que la primera comparecencia parlamentaria de Pedro Sánchez para explicar la reacción del Gobierno ante la guerra de Irán deparó una mañana tranquila. Esperar tal cosa, dado el ambiente político, resulta una quimera. La bronca y las manifestaciones de desprecio, sobre todo entre el presidente y el líder de la oposición, incluso superaron los altísimos listones habituales.
La política española da vueltas sobre sí misma en el bucle de sanchismo sí, sanchismo no, y no hay cataclismo mundial que la saque de ahí. No habían pasado ni dos horas desde el comienzo de la esperada comparecencia de Sánchez sobre el conflicto que tiene en vilo al planeta, cuando más de la mitad del hemiciclo se había ido a tomar café. La portavoz de Junts, Miriam Nogueras, tomó la palabra para proclamar que el Gobierno fríe a impuestos a la clase media, relatar lo mucho que su formación ha conseguido para Cataluña y asegurar que la gente la para por la calle para decirle: “Vámonos de España, aquí no funciona nada”. Las palabras “Irán” o “guerra” ni asomaron por su boca. No fue la única. El líder de Vox, en medio de la consabida tormenta de atrocidades imputadas a Sánchez, se olvidó de aclarar qué piensa del ataque a Irán.
Quien sí tenía todo el interés en la guerra era Sánchez. El presidente compareció con el puñal entre los dientes. A los cinco minutos ya había denunciado el “cinismo” de Feijóo y la “catadura moral” de José María Aznar. Su hilo conductor fue un paralelismo entre la guerra de Irak en 2003 y la actual. Todo para acusar al PP -al de entonces y al de ahora- de “haber contribuido con su apoyo y su silencio” a una guerra sobre la que prodigó adjetivos: ilegal, injusta, absurda, cruel… Un conflicto declarado para “alimentar los intereses de unos pocos”, ante el que España se ha situado enfrente como un “país soberano” y el Gobierno ha respondido con “el mayor escudo social de la UE” a fin de paliar las consecuencias económicas.

Feijóo también entró con todo: lo primero fue glosar la publicación de una agencia iraní que ha mostrado una foto de Sánchez adherida a un supuesto misil de la República Islámica. De ahí concluyó: “Lo felicitan Irán, Hamás, Hezbolá, los hutíes…”. Luego ratificó que el PP ya no piensa lo mismo que hace un mes y pronunció las palabras mágicas: “No a la guerra”. Por si alguien pudiera pensar que claudicaba ante el sanchismo, apostilló de inmediato: “… y no a usted” . “Usted usa el contexto internacional para seguir riéndose de los españoles”, remachó. A la vez que se desmarcaba de la ofensiva sobre Irán, el líder del PP acusó a Sánchez de no comportarse como un “socio fiable” en el contexto internacional. Momento para deslizar una confidencia: “¿Sabe cómo le llama en privado un homólogo suyo? El traidor de Europa”. La bancada socialista estalló en protestas: “¡Diga quién!”
Lo peor aún estaba por llegar. Sánchez dedicó su réplica a ridiculizar a Feijóo y hacer ver que no está preparado para “asumir el timón del país”. “Usted no sabe absolutamente nada de Irán”, le espetó. Y lo sometió a una suerte de Trivial con preguntas como el número de habitantes o las diferentes etnias de ese país. Después de que Feijóo lo acusara de pretextar la guerra para no presentar Presupuestos, le recordó que tampoco lo han hecho gobiernos autonómicos del PP. En pleno descenso a lenguajes más propios de otro tipo de locales, el presidente redondeó: “¡Hay que tener jeta! ¡Cúrreselo un poco!”. “Hoy ha estado especialmente matón”, protestó Feijóo, quien lo volvió a tildar de “perdedor”, ahora como un vaticinio sobre las próximas elecciones andaluzas.

Sánchez también dedicó muchos minutos a glosar las irregularidades económicas de Vox denunciadas por antiguos dirigentes. Rebautizó al partido ultra como “Abascal SA”. El destinatario de sus ataques se había ido mucho antes, nada más acabar su intervención, en la que sobresalió un exabrupto: “Sánchez es muy valiente con los huevos de los demás”.
El entusiasmo de la izquierda quedó retratado en las palabras de la líder de Podemos, Ione Belarra, que ha pasado de llamar a Sánchez “señor de la guerra” a agasajarlo: “¡Gracias, presidente!”. Eso no quitó que Belarra, así como Mertxe Aizpurua, de EH Bildu, y Néstor Rego, del BNG, le pidiese que saque al país de la OTAN. Los mismos grupos criticaron que las principales ayudas para amortiguar las consecuencias de la guerra consistan en rebajas de impuestos que, según ellos, solo favorecerán a las grandes energéticas.
Verónica Barbero, de Sumar, y Gabriel Rufián, de ERC, demandaron al PSOE mayor decisión para frenar los precios de la vivienda. Pero su diana principal fue el PP. “Un tiovivo”, ironizó Barbero sobre los cambios de posición de los populares. “Su único proyecto”, les afeó Rufián, “es decir que harán lo contrario de lo que hace el Gobierno”. Fuera de la izquierda, Maribel Vaquero, del PNV, y Cristina Valido, de Coalición Canaria, manifestaron su oposición a la guerra, entre lamentos de la peneuvista por las indecisiones de la UE.
No faltaron en esta parte otros apuntes fuera del guion oficial. La portavoz de Sumar hizo un llamamiento a toda la izquierda, incluidos Podemos y soberanistas, para actuar juntos: “No podemos permitir que estos vendepatrias lleguen al poder”. Y Rufián dedicó uno de sus atronadores ataques a Junts, culminado con una promesa: “Mientras esté aquí, voy a hacer todo lo posible para que pasen al ostracismo político”.
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