Víctimas y víctimas
Los lectores y las lectoras escriben sobre el ‘caso residencias’, las intervenciones del ICE en EE UU, la regularización de inmigrantes, y el elevado coste de la higiene menstrual

Algo se me remueve por dentro cuando oigo a Isabel Díaz Ayuso pronunciar la palabra “víctima” y veo, como en el caso de la tragedia ferroviaria, que exige con celeridad la asunción de responsabilidades. Tal vez tenga razón, pero carece de la mínima autoridad moral para semejante exigencia. Este jueves hemos conocido nuevos correos que aclaran lo ocurrido en el peor momento de la pandemia en relación con los denominados protocolos de la vergüenza en las residencias de Madrid. En aquel entonces, se prohibió el traslado a centros sanitarios de personas mayores por el simple hecho de padecer una discapacidad, una dependencia o una enfermedad degenerativa. Murieron 7.291 personas, pues se les negó una atención sanitaria, se les condenó a una muerte dolorosa y en soledad, privándoles de una muerte digna. Los fallecidos, y las familias que Ayuso ignoró y menospreció, también son “víctimas”. Espero que nunca vuelva a pronunciar esa palabra.
Sebastián Fernández Izquierdo. Petrer (Alicante)
Un deber moral
En pleno siglo XXI resulta absurdo y doloroso ver cómo en EE UU se normaliza la persecución de familias, el trauma que se siembra en niños cuyo único delito es vivir en un lugar distinto al que figura en un papel. Hemos avanzado demasiado como humanidad para aceptar que alguien deba vivir escondiéndose, temiendo por su libertad. La historia nos enseñó, a un coste altísimo, que la libertad no es un privilegio concedido, sino un derecho adquirido. Nadie debería arrebatarnos la posibilidad de movernos, de buscar una vida digna, de criar a nuestros hijos sin miedo. Ningún gobierno, ningún líder, ninguna ideología. Callar frente a esto también es una forma de violencia. Por eso escribo: no quiero acostumbrarme. No quiero que el miedo sea heredado. Defender la dignidad humana no es una postura política: es un deber moral.
Eliana Núñez Revilla. Tacna (Perú)
Bienvenidos
En mi día a día, suelo frecuentar personas que han venido de fuera, sin duda, a mejorar sus condiciones de vida. La mayoría son encantadoras y me siento feliz cuando me dicen que se encuentran a gusto en España por todas las cosas buenas que tiene nuestra sociedad. Por ello, me alegra tanto la regularización masiva de quien tenía problemas para establecerse de la forma deseada. No me planteo argumentos técnicos, solo me da para empatizar con ellos, consciente de la felicidad y tranquilidad que muchos sentirán. Bienvenidos.
José Ramón Varela Nogueiras. Vigo
Menstruación cara
Cada mes que me llega la regla debo pasar por el supermercado para comprar productos de cuidado menstrual, y cada mes siento la misma impotencia al ver que el precio es tan elevado. Ahora, aun implementando una reducción del IVA al 4%, una caja de tampones puede alcanzar los seis euros, una cifra difícil de justificar para un artículo de primera necesidad. El cuidado menstrual no es un lujo, ni una elección. Afrontando una inflación en aumento, muchas mujeres deben priorizar entre su salud y otras necesidades esenciales como la alimentación, y el gasto de higiene menstrual no debería ser un obstáculo ante algo tan natural e inevitable.
Mercedes Veiga Suárez. Barcelona
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