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Damián Alcázar: “La estrategia de seguridad del Gobierno me parece formidable, no como la matanza pendeja que propició Calderón”

El actor mexicano aprovecha el estreno de ‘El Mochaorejas’, una serie sobre el sanguinario y despiadado secuestrador que aterrorizó México a mediados de los noventa, para hablar sobre su papel y la situación política del país

El actor mexicano Damián Alcázar en entrevista por su papel en la serie basada en la vida de Daniel Arizmendi “El mochaorejas”, en Ciudad de México el 21 de enero del 2026.

Parecería que tiene un fetiche con los asesinos seriales, psicópatas o sociópatas, pero en el fondo Damián Alcázar (Jiquilpan, 73 años) es muy selectivo con los papeles que elige. Cuando le ofrecieron interpretar a Daniel Arizmendi, alias El Mochaorejas, el sanguinario y despiadado secuestrador a quien se le atribuían al menos 200 raptos y que protagonizó una de las páginas más macabras de la historia del crimen en México en la década de los noventa, primero se negó. Ante la insistencia, pidió que le envíen los guiones y se sorprendió por la historia. Dice que no encontró nada apologético a favor de la violencia o el crimen, ni lacrimógeno, telenovelesco o melodrámatico. Al contrario, halló temas “interesantes, importantes y necesarios”, según explica en una entrevista en un espacio al sur de la capital decorado especialmente para la promoción de El mochaorejas, la serie de ocho episodios ya disponibles en la plataforma VIX que retratan a este personaje.

El experimentado actor tiene bajo su brazo otras interpretaciones de personajes similares a Arizmendi. Uno de ellos, Luis Alfredo Garavito, el mayor violador y asesino de niños de la historia de Colombia, a quien encarnó en Crónicas (2004). También recuerda su participación en Satanás (2007), película en la que se metió en la piel de Campo Elías Delgado, el veterano colombiano que combatió en Vietnam y en una misma noche asesinó a 29 personas, incluyendo a su madre. Alcázar cree que vale la pena recuperar la historia de El Mochaorejas. “No podemos olvidarlo, meterlo en un baúl y decir ‘no pasó’. Claro que pasó. ¿Para qué? Para que no ocurra nuevamente, para poder erradicarlo de antemano”, afirma.

El true crime es un formato que se ha vuelto muy popular en los últimos años, tanto para la ficción como para el documental. Se basa en crímenes reales y dando protagonismo a los detalles. Muchos de sus detractores consideran que este género tiende a romantizar los crímenes o a idealizar a sus perpetradores. Alcázar prefiere evitar esos proyectos y afirma que para evitar caer en ese tipo de errores es importante, primero, estudiar al personaje así como su contexto social e histórico. Segundo, que la ficción se construya con base en una revisión e investigación sólida de los hechos.

La lectura que hace de los noventa es de una década en la que había decenas de grupos de secuestradores operando en medio de la corrupción, la violencia, el hambre y lo “miserable” de los sueldos. Una época de contrastes extremos, marcada por una de las crisis financieras más severas, pero también por una apertura comercial sin precedentes.

“Todo eso hace que yo tenga un material maravilloso. Veo también muchos videos de delincuentes parecidos. Me pregunto, ¿cuáles son sus razones? Entonces, voy entendiendo. Luego también leo. Este no es un psicópata, es un sociópata, y hay unas diferencias. No es manipulador, sino espontáneo. Es brutalmente de mecha corta. Se le ocurren las cosas y, por supuesto, no tiene absolutamente nada de clemencia con sus víctimas”, complementa.

Alcázar describe los matices de hace casi 30 años, cuando capturaron a El Mochaorejas en 1998, y parecen los mismos a los que México se sigue enfrentando cada día. La escalada de violencia ya no solo alcanza a importantes empresarios, como los que Arizmendi elegía como víctimas a las que cercenaba un pedazo de oreja para pedir un rescate a sus familias. “Siguen ocurriendo este tipo de cosas. Ahora con otra nomenclatura. El secuestro es masivo. Se llevan a jóvenes, migrantes. Los obligan a una infinidad de cosas terribles. La violencia sigue”.

— Los reportes oficiales de la actual Administración presentan una reducción en delitos de impacto, ¿cree que México sigue frente al espejo de la inseguridad?

— Sigue siendo una constante. Esta amarga época que comienza por ahí en los finales de los setenta, viene acompañada de muchas cosas, pero sobre todo es política, social y, por lo tanto, económica, porque no hemos solventado las necesidades básicas de nuestra clase más desprotegida. Cuando todo mundo tenga que comer, acceso a los servicios de salud y a la educación, vamos a empezar a ver cómo aminoran. Un país que tiene resueltas esas necesidades difícilmente encuentra estas exclusiones de violencia.

Alcázar ya había dicho anteriormente a este diario que “en México está castigado que un actor hable de política”, pero eso no le ha impedido que manifieste sus opiniones a pesar de sus detractores. Lo político siempre le ha acompañado en sus proyectos anteriores, tales como La ley de Herodes o La dictadura perfecta. Con la adaptación para televisión de El mochaorejas no es diferente. La escena televisada de la detención de Arizmendi hace tres décadas se asemeja a las imágenes que casi cada día el Gabinete de Seguridad federal presenta con la aprehensión de algún capo, como parte de su estrategia contra el crimen organizado. Frente a esto, el actor contrapone el concepto de “humanismo mexicano” impulsado por Andrés Manuel López Obrador y retomado por Claudia Sheinbaum, su sucesora en la presidencia, frente a la violencia actual que se agudizó durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) durante la denominada Guerra contra el narco.

“A mí me parece formidable [la estrategia de seguridad actual del Gobierno], por la cantidad de detenidos que hay, la cantidad de cuentas bancarias que se han suspendido [presuntamente vinculadas al narco], la cantidad de decomisos de armas y de drogas. No se había visto en este país y de forma meticulosa, con mucho cuidado, no haciendo la matanza estúpida y pendeja que propició Calderón”, se explaya.

A pesar de que el escenario a veces parece complicado para la Administración actual, es optimista y cree que los cambios y “la limpieza” del país se están generando “poco a poco, pero van a tardar, por supuesto”. También es consciente de que el escenario y la relación bilateral con Estados Unidos no es sencilla, especialmente desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump. Considera que la presidenta ha mantenido los principios de que México sea una nación libre y soberana.

“Ya vemos cómo está Estados Unidos, el real, no aquel país que nos decían de la libertad y la democracia. La democracia mis… mi papada [se contiene]. Lo está haciendo maravilloso, es muy cauta, muy inteligente y sabe cómo solucionarlo. Si yo fuera político, lo primero que hubiera hecho es romper relaciones con Estados Unidos e invitar a todos los demás países a que hagan lo mismo. ¿Nos vas a atacar en el sur? Entonces nos estás atacando a todos y no hay por qué. No te lo vamos a permitir, pero qué bueno que no soy político”, finaliza sonriente.

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