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Trump exagera los logros de su Administración y se centra en la inmigración en el primer aniversario de su vuelta al poder

El presidente de Estados Unidos participa por sorpresa en la conferencia de prensa semanal de la portavoz, Karoline Leavitt

Donald Trump, en su comparecencia de este martes en la Casa Blanca.Foto: Mark Schiefelbein (AP)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezó el martes, día del primer aniversario de su regreso al poder, poniendo patas arriba el orden mundial, como es común en él, con una serie de mensajes en Truth, y tenía previsto terminarlo viajando por la noche (hora de Washington) rumbo al Foro Económico de Davos, enclave suizo en el que cada año se reúne los poderes económico, político y tecnológico mundiales. A mitad de la jornada, Trump aún tenía una sorpresa preparada: una comparecencia en la Casa Blanca, no anunciada, junto a su portavoz, Karoline Leavitt, que advirtió poco antes en X de que su intervención semanal ante la prensa tendría esta vez “un invitado muy especial”.

“Hemos hecho más que ninguna Administración previa a esta”, dijo Trump al principio de su intervención, que empezó con casi una hora de retraso y en un tono extraño. El republicano hablaba desdeñoso y despacio, como bajo de energía y sin aparente guion, mientras barajaba unos papeles con fichas policiales de presuntos delincuentes de Minnesota (“en muchos casos, son asesinos, capos de la droga, traficantes”, dijo), y aprovechaba para atacar a algunos de sus enemigos y repetir mentiras como la que sostiene que los demócratas le “robaron” la elección de 2020. “Me entretengo con esto, porque me parece que tenemos tiempo de sobra hasta que me vaya a Suiza”, dijo, mientras seguía mostrando con desgana efigies de supuestos criminales, las frases quedaban a menudo sin terminar y el acto crecía en surrealismo.

Poco antes de la comparecencia del presidente en la Casa Blanca, que a ratos fue difícil de seguir, mientras iba de un tema al siguiente, sin aparente conexión, su servicio de prensa difundió un documento de 18 páginas para detallar los que consideran que han sido los logros del primer año de Trump 2.0. Se trata de una lista con 365 puntos, tantos como días, que vendrían a probar, según Washington, una “nueva era de éxito y prosperidad” en Estados Unidos. Trump enarboló un documento impreso desde el podio de la sala de prensa, en lo que parecía una especie de versión extendida de ese texto, y dijo: “Podría estar durante una semana leyendo estos logros y no terminaría”. Minutos después, lo blandió de nuevo y lo tiró al suelo.

La lista difundida a los medios viene dividida en 10 categorías, con títulos que se refieren, por ejemplo, al “blindaje de las fronteras estadounidenses”, la “reconstrucción de la economía” o los esfuerzos por “hacer que Estados Unidos sea saludable de nuevo”. Como suele ser habitual con Trump, entre esos 365 puntos, hay hechos contrastados, exageraciones e interpretaciones reñidas con la realidad. En la lista no hay referencia a la manera en que estos 12 meses Trump ha aprovechado su posición para aumentar su riqueza, que, según publicó este martes The New York Times, ha engordado en 1.408 millones de dólares.

Cuando habló a la prensa, el presidente de Estados Unidos, repitió argumentos conocidos. Se centró en defender que había bajado la inflación, aunque sigue más o menos en el punto en el que la dejó su predecesor, Joe Biden, en que las empresas “están volviendo a Estados Unidos”, en que ha abaratado el precio de los medicamentos y que eso es solo el principio “de la mayor caída de la historia” y en el bajo costo de la gasolina. También presumió de haber desplegado la Guardia Nacional en varias ciudades y de haber “cerrado la frontera”. “Heredamos la peor frontera de la historia y la convertimos en la mejor”, sentenció.

Insistió asimismo en su defensa de los aranceles, ahora que el Tribunal Supremo está a punto de emitir una sentencia que podría declararlos inconstitucionales. Y presionó una vez más a sus jueces para que no lo hagan.

Antes de ese repaso, el principio de su intervención se centró este martes en Minnesota, el estado demócrata al que el presidente de Estados Unidos ha puesto en las últimas semanas en el punto de mira por un caso de corrupción por el que ha responsabilizado a toda la comunidad somalí. También ha convertido su ciudad más poblada, Minneapolis, en el escenario de los peores enfrentamientos entre los agentes federales enviados por Washington para organizar redadas de migrantes y los manifestantes. Entre los papeles que traía, Trump también mostró un puñado de imagen de supuestos criminales de ese estado. “California es casi peor”, dijo.

Trump cumple su primer año de regreso en el Despacho Oval un par de semanas después de haber ordenado una temeraria operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que parece haberle envalentonado en el tablero internacional, y en mitad de una campaña de presión global para hacerse con Groenlandia a base de amenazar a sus socios de la OTAN y de la Unión Europea con nuevos aranceles.

Su popularidad está en negativo desde hace más de 300 días, y las encuestas indican que los estadounidenses no están contentos con la marcha de la economía −en especial con la crisis por el coste de la vida−, con la excesiva atención del Gobierno a los asuntos internacionales, frente a la agenda doméstica, y con la campaña de terror anitimigratorio que está desplegando su Administración por ciudades de todo el país.

En el ámbito de la política internacional, habló de la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a la que se refirió solo por el nombre de pila y agradeció que le diera su galardón la semana pasada. “Tal vez podamos involucrarla de alguna manera. Me encantaría poder hacer eso”, afirmó. También dijo: “Estamos trabajando estupendamente con Venezuela”. Se refería a la colaboración que ha establecido con las autoridades chavistas, con Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Nicolás Maduro, y ahora presidenta interina.

Ceremonia poco habitual

No es habitual que el presidente se deje ver por la sala de prensa de la Casa Blanca. La última vez que lo hizo fue en agosto pasado, para anunciar su orden de desplegar la Guardia Nacional en Washington. Antes, en junio, intervino desde el atril de Leavitt, adornado en estas ocasiones con el sello presidencial, cuando le urgía comentar los éxitos concedidos al término del curso judicial por la mayoría conservadora del Tribunal Supremo (seis jueces contra tres).

La comparecencia de este martes llegó después de una mañana en la que empleó Truth para atacar a la OTAN, para repostear sin parar noticias de la prensa elogiosos con su desempeño en los últimos meses o para presumir del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, que ha convertido en el ariete con el que trata de cumplir con una de sus promesas de campaña: lanzar “la mayor deportación de la historia” del país. Durante su intervención, el presidente de Estados Unidos se maravilló en varias ocasiones de que la “mayor parte” de esos agentes y de los de la Patrulla Fronteriza sean “hispanos”.

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Sobre la firma

Iker Seisdedos
Es corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.
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