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El mayor humedal de España se seca intencionadamente tan solo un mes después del récord de lluvias

La Janda, en Cádiz, pierde el agua acumulada por los sistemas de desecación que instauró Franco para ceder las tierras a latifundistas, hoy permitido por las Administraciones

Vista del estado actual de una zona de La Janda, donde se encontraba el mayor humedal de España.Antonio Alba

La Janda (Cádiz), el mayor humedal de la Península Ibérica y el complejo lagunar más meridional de Europa, se ha secado tan solo un mes después del récord de precipitaciones registrado en la zona. Mientras España acumula una reserva hídrica media del 83,7% de su capacidad total y la cuenca de Guadalete-Barbate, a la que pertenece La Janda, hasta tres puntos más, las 6.125 hectáreas inundables y declaradas de dominio público en esta comarca gaditana vuelven al estado en las que las dejó la dictadura franquista cuando, con la excusa de combatir el paludismo (malaria), desecó una superficie similar a París o a 10 veces la ciudad de Cádiz para destinarla a cultivos. Lo perpetró en este enclave andaluz, Galicia (Lagoa de Antela) y Castilla y León (La Nava). En algunas zonas afectadas se han puesto en marcha incipientes procesos de restauración, pero en Andalucía, los desagües artificiales construidos durante el franquismo aún siguen abiertos y destrozando uno de los humedales más importantes de Europa para favorecer a grandes explotaciones agrícolas.

La Janda se ha secado porque así lo decidió el dictador Francisco Franco a mediados de los años cuarenta y nadie lo ha revertido en ocho décadas. Con el pretexto de prevenir las enfermedades transmitidas por los mosquitos, desarrolló un eficaz sistema para vaciar grandes lagunas que, en algunas zonas, según relata Antonio Aguilera, economista, naturalista y secretario general de la Fundación Savia, “cuentan con desagües por los que caben camiones”. El aprovechamiento de gran parte de la zona desecada se concedió a familias del régimen (cientos de hectáreas son explotadas por Las Lomas, entidad de la familia Mora-Figueroa Domecq) que están hoy entre las mayores perceptoras de ayudas agrícolas europeas. A pesar de que el Tribunal Supremo reconoció en 1967 que más de 6.000 hectáreas son del Estado, ninguna Administración ha ejecutado su recuperación.

El efecto en la comarca gaditana y en otros dos sistemas lagunares donde aplicó la misma política depredadora de agua (Nava y Antela) no fue solo la destrucción de humedales que la investigadora de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Margarita Florencio califica de “oasis de vida que albergan una fauna y flora singulares, únicas y en gran parte amenazadas”. La desecación expulsó a entre el 50% y el 60% de la población y dejó a medio centenar de municipios sin recursos de prosperidad comunitaria. “Fue un error histórico, pero se puede revertir”, afirma Aguilera.

El secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán (Miteco), ha propuesto una mesa de diálogo para la recuperación de este y otros humedales, como exige y financia la Unión Europea. El secretario general de agua, Ramiro Angulo (Junta de Andalucía), se mostró dispuesto, según expuso en una reunión el pasado 16 de abril. Sin embargo, según detalla Francisco Casero, presidente de la Fundación Savia, uno de los colectivos implicados en la recuperación de la Janda, estas declaraciones se contradicen con el documento previo a la ordenación de la cuenca Guadalete-Barbate hasta 2033, de responsabilidad autonómica, donde “no se considera” la regeneración de la laguna. En este sentido, la fundación Savia ha reclamado “que se incluya la recuperación de La Janda en los planes de cuenca” y los de ordenación del territorio a partir de su declaración judicial como de dominio público y del apoyo de decenas de entidades, todos los ayuntamientos de la zona y la Diputación de Cádiz.

Como las mesas de diálogo de las Administraciones rara vez culminan en resoluciones eficaces, una decena de entidades conservacionistas, con la colaboración del Ayuntamiento de Barbate, ha resuelto asumir la gestión de una parte de la zona comunitaria conocida como Hazas de la Suerte para “demostrar, con la propia experiencia y la implicación, que es factible, viable y beneficioso” recuperar la laguna, según ha trasladado Casero al presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, en un escrito del pasado febrero.

Humedales Doñana

La iniciativa tiene su referente en la que promueve Fernando Jubete, de la Asociación de Naturalistas Palentinos, en La Nava (Palencia), también desecada por el franquismo. Jubete relata que el 60% de la población emigró con la pérdida de este recurso y que se propuso, en los años noventa, recuperar 500 hectáreas que quedaron en gran parte como pastizales municipales. “Empezamos por 60 hectáreas y el proyecto fue un éxito rápidamente”, explica. Al contrario que con La Janda en Andalucía, la Nava sí fue incluida en el anterior plan hidrológico de cuenca como una zona a restaurar y el Gobierno se implicó en todo el programa, incluyendo presupuesto. Aún quedan cosas por hacer, pero Jubete adelanta que “la recuperación ya ha generado riqueza y empleo”: “La biodiversidad y los humedales, y eso nadie lo pone en duda a estas alturas, suponen un auténtico cambio socioeconómico”.

También ha emprendido este camino la Laguna de La Antela (Ourense), víctima también del franquismo. Serafín González, es naturalista y presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural, que, en colaboración con un ganadero local y una comunidad de montes vecinales, ha recuperado 30 hectáreas, menos de un 1% de la extensión que arrasó el dictador. “Esta iniciativa es para nosotros muy importante porque hemos demostrado que se puede colaborar con la población local para mantener y recuperar una zona beneficiando a todos, a la biodiversidad y a la ganadería sostenible”, afirma González.

De la zona también se marchó un 60% de los vecinos por los planes para favorecer un modelo de desarrollo de transformaciones agrícolas intensivas. “No sirvió en absoluto para estabilizar la población y mejorar sus condiciones”, lamenta.

El efecto pernicioso generalizado sobre los humedales de esta agricultura intensiva, unida a los factores climáticos, lo ha puesto de manifiesto un equipo de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad Autónoma de Madrid, que ha documentado, en un estudio publicado en Journal of Environmental Management, la desaparición del 22% de las lagunas temporales de la España peninsular en las últimas dos décadas. “Los impactos derivados de la acción humana se podrían evitar si se toman medidas adecuadas”, concluye la investigación.

Florencio, la investigadora del CSIC coautora del estudio, señala los humedales como “hábitats prioritarios para la conservación por su gran biodiversidad y su extrema vulnerabilidad ante cambios en su entorno”. “España alberga una de las mayores representaciones de este tipo de hábitat en Europa, por lo que tenemos un papel importante en su conservación”, explica.

Durante el estudio de 1.303 lagunas temporales durante dos años, a partir de imágenes de Google Earth Pro de alta resolución espacial, se observó que un alto porcentaje de ellas, en concreto cerca del 22%, había desaparecido, según informa el CSIC.

“La mayoría de estos impactos son de origen agrícola, como el arado de bordes y cubetas, las canalizaciones y los ahondamientos artificiales”, afirma Christian Arnanz, investigador de la UAM y la EBD y coautor del artículo. “A estos se suman otras amenazas como la colonización de las cubetas por vegetación terrestre, la urbanización, la presencia de ganado con evidencias de estabulación y el rodaje de vehículos”. Además, estos impactos suelen estar asociados a otros impactos no detectables con la metodología utilizada —como la sobreexplotación de acuíferos y la exposición a agroquímicos— lo que sugiere un alcance de degradación aún mayor

El estudio también ha constatado una reducción de la frecuencia de inundación de estas lagunas, especialmente en los meses de otoño. Este fenómeno se asocia tanto a factores climáticos, como temperaturas máximas y precipitaciones acumuladas, como a las principales prácticas agrícolas intensivas identificadas, especialmente el arado de las cubetas y la presencia de canalizaciones.

Pero el grupo de investigadores, al igual que los impulsores de la regeneración de espacios desecados por el franquismo, considera que la situación es reversible. “Los impactos que hemos observado derivados de la acción humana se podrían evitar si se toman medidas adecuadas”, afirma Arnanz. Se refiere a aumentar las zonas protegidas, monitorizar el territorio, implicar a la sociedad e implementar incentivos económicos para asegurar prácticas agrícolas que beneficien al humedal.

Los autores del trabajo coinciden con los implicados en La Janda, La Nava y Antela en que es prioritaria la restauración de las lagunas desaparecidas y la recuperación del funcionamiento hidrológico de las zonas alteradas.

“Las lagunas temporales son un patrimonio natural incalculable. Además de su valor ecológico, aportan importantes beneficios a la sociedad, como la regulación del clima a escala local, el almacenamiento de carbono, el control de nutrientes y la conservación de la biodiversidad. También constituyen espacios de gran valor paisajístico y cultural. Es importante despertar la concienciación social para la conservación de estos ecosistemas únicos que conforman nuestro patrimonio natural, para que así todas las generaciones los podamos disfrutar”, concluye Florencio.

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