Ir al contenido
_
_
_
_

El cardo mariano o borriquero, la planta que pincha, cura y cuenta historias

Esta planta, que puede alcanzar los tres metros de altura, posee unas espinas tan poderosas que en muchos lugares se usa para proteger cultivos

Unas poderosas espinas protegen la inflorescencia del cardo borriquero.TF-Images (Getty Images)

Aquello de “ser un cardo” es una expresión peyorativa de lo más antipática, que se puede aplicar a una persona de carácter desagradable. Es una evidencia que los cardos, gracias a sus espinas, no son muy propensos a recibir caricias, pero sí que tienen unas anatomías admirables. Hasta tal punto esto es así que, desde antiguo, sus esculturales hojas pinchudas han ornado mil y una estructuras creadas por el ser humano, desde arquitecturas hasta papeles pintados para la pared. Tal es su abundancia que a las especies de cardos se les puede dedicar un libro entero, y, de hecho, hay varios circulando en distintos idiomas, como el patrio Cardos de Extremadura, volumen editado hace pocos años por la universidad de aquella comunidad autónoma y que muestra la riqueza botánica de este grupo de plantas.

Los cardos son margaritas —frase que podría ser el corolario de algún escrito—, por lo que pertenecen a la gigantesca familia de las asteráceas, aquellas cuyas inflorescencias se asemejan a estrellas sobre la tierra, que en numerosas ocasiones elaboran pétalos coloridos, como los girasoles (Helianthus annuus) y las gerberas (Gerbera jamesonii). Pero, al contrario que otras margaritas, los cardos son de mírame y no me toques, a riesgo de llevarse algún pinchazo bien puesto, vacuna gratuita que procura el campo a aquellos dedos o pantorrillas que se acerquen a ellos de forma descuidada.

Como ya se ha dicho, hay muchos tipos de cardos, y en esta ocasión uno solo será el protagonista: el cardo mariano (Silybum marianum). Es uno de los más majestuosos que se puedan encontrar, tanto por sus rotundas formas como por su envergadura, que le hace adquirir alturas que rondan el par de metros si tiene un suelo apropiado y agua suficiente, e incluso hay ejemplares que llegan a los tres metros, algo prodigioso. Es tal el poderío de sus espinas que en muchos lugares actúan como elemento disuasorio para andar por los cultivos, por lo que en ocasiones también se planta para crear una barrera natural infranqueable.

Muchas son las propiedades medicinales que se le atribuyen a esta planta, entre las cuales las hepatoprotectoras, beneficiosas para el hígado, son frecuentemente mencionadas. Asimismo, se considera al cardo mariano como una especie de buena palatabilidad, en especial las carnosas pencas. Las hojas tienen unas marcas blancas que generan un patrón inconfundible, y que son el resultado de unas cámaras de aire que hay bajo la epidermis del vegetal.

Hay estudios que contemplan la posibilidad de que esos espacios vacíos pudieran servir a la planta como microinvernaderos que aportarían calor en los días fríos de invierno. Sin embargo, en clave religiosa hay una explicación peculiar para que tenga esa tonalidad: de acuerdo con una leyenda, la leche de la Virgen María se derramó sobre este cardo cuando estaba dando de mamar a su hijo Jesús, por lo que quedó marcado para los restos con esa mácula blanquecina que lo hace tan llamativo. Por esta simpática historia, la especie cuenta con multitud de apelativos que hacen referencia a ese suceso, como cardo lechal, cardo manchado, cardo de María, mariana... aparte del menos poético de cardo borriquero, muy extendido por la geografía española.

La inflorescencia es de una belleza especial, con una corola de tonos violáceos guarnecida por feroces púas; una vez que sus florecitas queden fecundadas, aparecerán las semillas. Para su dispersión, contarán con la ayuda de las hormigas, que amplían el rango de distribución de la planta al llevárselas al hormiguero; allí, no todas serán consumidas, y algunas conseguirán germinar.

Igualmente, el viento también puede transportar la semilla con una buena andanada de aire, al tener adosada una estructura llamada vilano, que es como una escobilla de pelitos que facilitarán ese vuelo a cierta distancia de la planta madre. A veces también será el propio ser humano el que contribuya a extenderlas, como testimonia el poeta argentino Ricardo Codesido (1901-¿1982?): “Con la fuerza gauchesca que me inspira / disparramo semillas de mis cardos, / pa’ que broten por tuitos los caminos / y florescan de savia por los campos".

Una vez que la planta haya completado su ciclo reproductor, con la formación de tantas semillas que se habrán disparramado por los alrededores, la planta morirá, dejando un bonito cadáver. Precisamente, el pintor valenciano Enrique Simonet (1866-1927) añadió dos buenas matas secas de cardo mariano en su obra Flevit super illam, en la parte izquierda de este enorme lienzo que custodia el Museo del Prado, como símbolo del martirio que sufrirá Jesús.

Con las lluvias otoñales, aparecerá la nueva generación de cardos, que emergerán entre las grietas de las aceras, en los descampados, en los alcorques, al borde de los caminos rurales... Hermosas espinas que coronan leyendas, y que se deberían dejar florecer y solo quitar cuando la planta se seque por completo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_