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La campaña presidencial se acerca a las urnas sin un debate entre los favoritos

La ausencia de Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella en foros y conversatorios ha dejado la campaña sin debates entre los candidatos con mayor opción de llegar a la Casa de Nariño

Debate “La Gran Consulta por Colombia”, en Bogotá (Colombia), el 10 de febrero.Diego Cuevas

A siete semanas de la primera vuelta presidencial, la campaña avanza sin debates que confronten a los candidatos. Este sábado, el candidato de izquierda Iván Cepeda propuso un encuentro con sus dos principales contendores de derecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, una iniciativa que hasta ahora no se ha concretado y que se suma a varios intentos fallidos por abrir estos espacios. En la Cumbre de Gobernadores de esta semana, el propio Cepeda canceló a última hora su participación en el primer espacio que reuniría a la mayoría de aspirantes para exponer sus propuestas. Su ausencia dejó el conversatorio sin el puntero en las encuestas, en un episodio que es apenas un síntoma de un problema más amplio: la dificultad para consolidar escenarios de discusión pública en esta contienda. Entre agendas cruzadas, negativas y formatos fallidos, la campaña se acerca a su tramo decisivo sin que los ciudadanos hayan presenciado un debate amplio entre quienes aspiran a llegar a la Casa de Nariño, en contraste con lo ocurrido en elecciones anteriores.

La puja por los debates no es nueva. Varios de los foros y conversatorios que se han organizado han ocurrido sin la participación de los principales: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. El 8 de abril pasado, El Espectador organizó un espacio para conocer las posturas de los aspirantes frente a la transición energética, a la que asistieron solo Luis Gilberto Murillo, Mauricio Lizcano, Carlos Caicedo y Roy Barreras, candidatos que, juntos, suman menos del 4% de intención de voto. Había confirmado la uribista Valencia, pero canceló su participación sin mayores explicaciones.

La razón que suelen dar para evadir los espacios son problemas en la agenda. Desde la campaña de Valencia explican que en muchos casos son temas de tiempo, pero su ausencia, en otros tantos, obedece a la decisión de su contrincante Cepeda de no exponerse (hasta ahora) a los debates. Si el favorito en las encuestas no va, la segunda favorita tampoco. Sergio Fajardo, uno de los candidatos que se autoproclama de centro, no ha dejado pasar oportunidad para recordar que está disponible y a la espera de ser incluido en estos espacios. “¿Ese llamado también incluye a quienes no somos la continuidad de la polarización Petro–Uribe? Yo estoy listo", escribió en su cuenta de X.

La decisión del senador de izquierda de no participar en estos encuentros responde a su desconfianza hacia los medios, sus organizadores por excelencia. Sus asesores, casi todos exfuncionarios de este Gobierno, le han recomendado distanciarse de los focos mediáticos. El candidato lo dice sin apuros, las pocas veces que habla. Desde el 26 de octubre pasado, cuando ganó la consulta interna del oficialista Pacto Histórico, Cepeda lo afirmó públicamente. “No voy a ir a debates, lo digo de una vez claramente. A insultarnos con otros candidatos, ni a amenazarnos, ni a denigrarnos”. En su lugar, habla de discutir las propuestas, pero aún no ha hecho público su programa de gobierno.

En marzo, el presidente Gustavo Petro se refirió a la decisión de su candidato a través de las redes sociales. Luego de que su antecesor, Iván Duque, afirmara en medios “quien quiera ser presidente tiene que ir a debates”, Petro le respondió recordando que, en la campaña de 2018, el entonces candidato de derecha se abstuvo de participar en varios de estos espacios entre la primera y la segunda vuelta. En otra publicación en redes sociales, el mandatario publicó una imagen de uno de los debates en el que estuvo ausente quien le ganó en las urnas. “Un presidente siempre está abierto al debate y a la discusión. Aquí Duque me dejó plantado y no quiso debatir conmigo”, escribió en sus redes sociales.

La discusión por los debates se recicla cada cuatro años. De momento, cada fórmula apuesta por sus estrategias de comunicación. Valencia resalta las estrategias de seguridad con más militares o su relación con el empresariado, con propuestas como impulsar el fracking y una prometida rebaja de impuestos. El ultra De la Espriella, por su parte, habla en sus redes sociales de una estrategia de seguridad más firme que le permita trabajar con los militares de la reserva activa.

El penalista, de hecho, tampoco quiere participar en debates. En enero, antes de las elecciones legislativas y las simultáneas consultas presidenciales, había sugerido un encuentro con Cepeda, pues para ese entonces eran los primeros en las mediciones. Propuso que estuviera enfocado únicamente en la relación con Venezuela y los grupos armados como el ELN y las disidencias de las FARC. Fue una invitación informal porque nunca concretó el espacio ni la fecha, y sobre todo una que nunca se repitió.

Con estrategias más centradas en hablarle a su propio electorado, la campaña ha avanzado sin un espacio público y de difusión masiva en el que la ciudadanía pueda contrastar directamente las propuestas. Todavía quedan las convocatorias de los dos canales de televisión más grandes del país, que tienen alcance nacional y suelen marcar la recta final de la contienda. Su realización dependerá, una vez más, de la disposición de los candidatos.

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