Gustavo Petro: “Habrá rebelión si Estados Unidos no replantea su política con Latinoamérica”
El presidente de Colombia, en entrevista con EL PAÍS, siembra dudas sobre las próximas elecciones presidenciales. A la pregunta sobre si respetará el resultado, responde: “Sí, pero no el fraude”

A Gustavo Petro se le acaba el tiempo. El próximo 7 de agosto dejará de ser presidente de Colombia. En cuatro años, muchas de sus promesas se han quedado por el camino. A veces por errores suyos, otras por la resistencia y los miedos de un país en el que no había gobernado la izquierda en décadas. Ahora, el desgaste del poder ha caído a plomo sobre él. A veces se le ve irritado y de mal humor, pero esta mañana un Petro sonriente y en impecable traje azul entra acompañado de su comitiva presidencial por la puerta del Pabellón 8 de la Fira de Barcelona. Petro participa en la IV Reunión en Defensa de la Democracia junto a los presidentes de España, Brasil y México, un combo progresista con el que se siente a gusto. En la entrevista con EL PAÍS, el presidente colombiano, que el domingo cumplirá 66 años, defiende el multilateralismo y la lucha contra el cambio climático, al tiempo que no puede dejar de lanzar dardos sobre el sistema electoral, abriendo incluso la duda sobre si reconocerá los resultados de las elecciones si considera que hay irregularidades. Sus esperanzas se centran en que su candidato, Iván Cepeda, por ahora el favorito en las encuestas, sea el siguiente en ocupar su despacho. Reconoce que no conseguirlo sería un fracaso personal.
Pregunta. La ultraderecha ha ido avanzando en el mundo. ¿Han fallado los gobiernos progresistas?
Respuesta. Avanzó, pero ahora se detuvo. El retroceso se ve en la opinión pública de Estados Unidos o en la derrota electoral de Viktor Orbán, en Hungría. Y también, en Latinoamérica. El triunfo progresista está en México, Brasil y Colombia, que suman la mayoría de la población latinoamericana. Esa idea de la extrema derecha tomando el poder no es real.
P. Pero reconocerá que hay una mayor inestabilidad. La nueva doctrina de seguridad de Trump avala la intervención en el extranjero, y Estados Unidos apresó a Nicolás Maduro en Venezuela. ¿No teme que esto se repita?
R. Estos hechos que usted describe son ciertos. Y son la manifestación de un gran conflicto. Pero el asunto más grave es la crisis climática. Mientras se tiran misiles, avanza el cambio climático. Por el consumo de petróleo y carbón nos enfrentamos a la extinción de la vida, incluida la humana.
P. Precisamente, uno de los mayores enemigos de la lucha contra el cambio climático es Donald Trump, ¿cuál es su relación con él? ¿Puede volver a amenazar a Colombia militarmente?
R. La relación es buena. Yo no tengo ninguna intención de atacar a Estados Unidos, ni parece que exista de parte de Trump la intención de molestar a Colombia. He hablado con él dos veces recientemente. Vernos rompió ciertas burbujas mentirosas sobre Colombia y sobre mí. Él conoció a una persona diferente. Yo también tenía prejuicios. Pero no fui a arrodillarme o a implorar [a Washington], sino que hubo una conversación personal entre fuerzas diferentes que se reconocen de tú a tú.

P. ¿Cómo definiría a Trump?
R. Un señor ario, de familia de inmigrantes que llegaron a Estados Unidos y prosperaron.
P. ¿Y no cree que, con lo ocurrido en Venezuela y Cuba, vivimos un neocolonialismo? ¿No está amenazada la libertad?
R. Hay una amenaza y hay presidentes que gobiernan bajo presión. Cuando me metieron en la lista OFAC [la lista Clinton, en la que el Tesoro de EE UU incluye a personas supuestamente sospechosas de narcotráfico o lavado de dinero], comprendí que ese instrumento de lucha contra el narcotráfico se ha convertido en un instrumento político. Se usa como un mecanismo de extorsión contra los que expresamos una política diferente. Si no haces esto, no sales [de la lista] y te queda difícil comer, tener una cuenta bancaria, viajar, etcétera. Te persiguen y te amenazan con que pueden llevarte como a Maduro a Estados Unidos. Es un sistema como el que tenía el rey de España hace unos siglos. ¿Y cuál fue la respuesta latinoamericana? La rebelión. Eso sucederá ahora si el Gobierno de Estados Unidos no es capaz de replantear su relación con Latinoamérica. Caracas es la primera ciudad latinoamericana en ser bombardeada en su historia; ni siquiera lo fue Panamá. Eso ha creado una herida que los actuales gobernantes asumen con temor... y se arrodillan. La foto de Corina es terrible... [María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana que ofreció su Nobel de la Paz a Trump].
P. ¿Y Estados Unidos le va a sacar de la lista Clinton?
R. No tengo ni idea. Me estoy preparando para vivir fuera del sistema capitalista, como estaba acostumbrado antes.
P. ¿No debería el Gobierno de Venezuela convocar elecciones lo antes posible?
R. No. El error de todos nosotros fue pensar que la salida eran las elecciones [las del 28 de julio de 2024]. Lo discutí con Maduro. Necesitábamos dos rieles: elecciones libres y al mismo tiempo quitar sanciones. Los Estados Unidos no las retiró y Maduro impidió participar a algunos opositores (inhabilitó a Machado). Total, no hubo elecciones libres. Por eso yo no las reconocí, ni Brasil. En una conversación le dije a Maduro: “Hermano, arriésguese. Si usted las pierde, pasan a la oposición”.
P. Y no lo hizo.
R. En la izquierda colombiana sabemos qué es hacer oposición, porque durante 50 años se hizo bajo balas, bajo persecución, con asesinatos masivos. Más de 5.000 militantes de la Unión Patriótica [un partido de izquierda] fueron asesinados. Bajo condiciones durísimas, ganamos, y ganamos pacíficamente. Es imposible pensar en otra salida en Venezuela.
P. ¿Cuánto durará esa transición?
R. Uno o dos años para construir confianza mutua. Eso permitirá llegar a elecciones libres, elecciones sin sanciones. Ahora hay un levantamiento progresivo. Se puede ir por el camino correcto si Delcy Rodríguez llama a un gran diálogo nacional. Ella se mueve entre dos o tres mundos: sus principios, construidos con Chávez; someterse a un país que ha tirado misiles sobre su territorio; y abrir un escenario que puede significar que deje el poder.

P. En Colombia usted ha criticado a la autoridad electoral y ha sembrado dudas sobre el escrutinio. ¿No teme que eso pueda deslegitimar el proceso democrático, que le reste credibilidad al resultado si hay problemas?
R. No debería haber problemas. Y el que exista la posibilidad de que haya problemas me da la razón. En Colombia siempre ha habido fraude. No me estoy inventando la palabra. Fraude en la medida en que solo gobernaban los mismos.
P. Pero, ¿va a reconocer el resultado, sea el que sea?
R. Sí, pero no el fraude.
P. Y en el hipotético caso de que hubiera fraude, ¿qué haría usted?
R. La justicia colombiana ordenó cambiar en su máxima instancia, la Sala Plena del Consejo de Estado, a la firma que escruta. Los registradores, que no son elegidos por el Gobierno, hacen el contrato, que vale billones de pesos. Las elecciones de Colombia son un negocio. Y en los negocios, candidatos presidenciales pueden entrar y decir: Yo pongo dinero. ¿De dónde viene el dinero? No importa. Ese es el peligro que yo he denunciado. Un juez me pidió que no hablara más de esto, pero hablo porque es la realidad.
P. ¿Pero no ha fallado usted en el combate a la corrupción? Algunos de sus colaboradores más cercanos están implicados en casos graves, incluso un hijo suyo.
R. En la crítica que hace la prensa colombiana al Gobierno hay aciertos y hay enormes mentiras que sigue la justicia, porque mayoritariamente está en manos de la oposición. Es lo que llaman lawfare. La justicia es donde se encuentran las injusticias. En algunos casos acierta, como en el de la UNGRD [desvío de fondos para pagar sobornos a congresistas]. Al responsable lo puse yo y lo eché. Es mi responsabilidad. La prensa dice que es el robo más grande de la historia de Colombia. Y eso es una mentira. Lo hacen para dar a entender que el Gobierno es corrupto en general.
P. ¿Pero confía o no en la justicia colombiana?
R. Ha ganado batallas muy valientes en el pasado, pero la justicia atraviesa un proceso de derechización; es lo que se llama el cartel de la Toga [miembros de la Corte Suprema de Justicia que cometieron los delitos de cohecho]. Cuando hubo un Gobierno que quiso hacer cumplir la Constitución y construir un Estado social de derecho, toda la justicia se opuso.
P. Usted prometió la paz total, pero ha sido un fracaso. ¿Qué ocurrió?
R. Es un fracaso en la medida en que la violencia actual ya es muy regional, no nacional, centrada en lugares donde se produce o transporta cocaína.
P. ¿Qué consejo le daría a su sucesor?
R. Que no se deje engañar por gente que se dice centro, pero que son más de derecha que Álvaro Uribe. También que intentara un nuevo acuerdo con Uribe. Yo lo busqué y fracasó porque la mentalidad del uribismo es imponer el programa que ellos quieren, olvidando el que ganó por el voto del pueblo. Esa soberbia impidió acuerdos fundamentales que propuse. Uribe se dedicó a una oposición irracional, dañando muchas reformas importantes para el pueblo, como la de la salud, las pensiones o la laboral. Él nunca ha entendido que el progreso de Colombia, aun dentro del capitalismo, depende de la productividad y el conocimiento, no de la sobreexplotación de la gente.
P. Le quedan cuatro meses de gobierno. Si mira atrás, ¿cuál fue su mayor error?
R. Haber nombrado a Ocampo (José Antonio, su primer ministro de Hacienda), Gaviria (Alejandro, de Educación) y Cecilia (López, de Agricultura), que consideraba liberales y terminaron traicionando terriblemente el programa votado por el pueblo.
P. ¿Las elecciones son un pulso entre usted y Uribe? Su candidato, Iván Cepeda, y la de Uribe, Paloma Valencia, lideran las encuestas.
R. Paloma es la candidata de Uribe y lo expresa lealmente. Ella fue la principal opositora a las reformas sociales del Gobierno. Frenó, por ejemplo, la reforma pensional con sus amigos magistrados en la Corte Constitucional.
P. Si Cepeda pierde, ¿sería una derrota suya?
R. Indudablemente.
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