El encuentro con Trump deja un Petro más mesurado
El presidente colombiano, conocido por anuncios impulsivos y altisonantes, ha enfatizado su lado más institucional desde su regreso de la Casa Blanca


Hace solo seis meses, el presidente colombiano Gustavo Petro estaba en una calle de Nueva York, megáfono en mano, denunciando un genocidio en Gaza y pidiendo a los militares estadounidenses desconocer las órdenes del presidente Donald Trump de apoyar al israelí Benjamin Netanyahu. Petro perdió su visa, el norteamericano lo llamó ‘narco’, y luego lo amenazó. Pero los vientos cambiaron. Tras una visita a la Casa Blanca esta semana, el colombiano dice que le gustan “los gringos francos”, como Trump. El cambio va más allá del tono frente a quien antes llamó fascista: en los primeros días tras la reunión, el jefe de Estado envía la señal de que seguirá protestando, pero con un estilo más contenido, más institucional, como le exigían sus críticos hace un año.
Un ejemplo ocurrió cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció que el candidato del petrismo, Iván Cepeda, no podrá participar en la consulta interpartidista Frente por la Vida el próximo 8 de marzo, y anuló las listas del partido oficialista Pacto Histórico a la Cámara por Bogotá y por el Valle del Cauca, dos lugares en los que la izquierda suele sumar congresistas. Petro protestó, pero no llamó a la movilización social ni a una asamblea constituyente, como ha hecho ante decisiones judiciales. Tampoco habló de un golpe blando. Sencillamente apeló a una acción judicial. “Estamos ante un golpe del CNE al derecho fundamental a elegir y ser elegido. Le pido a los juristas de Colombia iniciar la acción de tutela para restablecer la Constitución y la Convención Americana”, anunció en X. Es la versión más fría del presidente.
Algo parecido pasó tres días antes de la reunión con Trump, cuando la Corte Constitucional congeló el decreto de emergencia económica del Gobierno, una decisión inédita para ese tribunal. El jefe de Estado criticó la medida con cierta mesura. “Estamos ante una ruptura real del orden constitucional, solo porque existe un Gobierno que es amigo del pueblo trabajador”, fue lo más polémico que escribió. “Es el pueblo el que ahora decide”, añadió, haciendo alusión a las próximas elecciones legislativas y presidenciales.
Tras la reunión en la Casa Blanca, Petro dijo a Julio Sánchez Cristo en Caracol Radio que solo ha tocado el tema de las elecciones con el encargado de negocios en Bogotá. El senador republicano Bernie Moreno, quien participó en el encuentro presidencial, fue más allá: anunció que Washington estará vigilando lo que ocurre. “Es fundamental que Colombia garantice a su pueblo elecciones transparentes, libres y justas”, pidió el republicano tras el encuentro. “Estados Unidos estará observando”.
“Queda claro que una de las cosas que pasó en esa reunión es que le pusieron los puntos sobre las íes a Petro en el tema electoral”, dice Sandra Borda, analista en relaciones internacionales y profesora de la Universidad de Los Andes de Bogotá. “No creo que le pidieran solamente no intervenir en política, sino que, en la medida en que le pidan garantías, le están diciendo dos cosas: primero, que no se le ocurra seguir insistiendo con una posible reelección, como venía insinuando; segundo, que estarán mirando cualquier paso en falso, que podría ser una puerta para intervenir en Colombia”.
La Casa Blanca no quiere usar cualquier excusa, explica Borda, porque sabe que corre un riesgo de generar un efecto bumerán: los ataques en el último año a líderes de izquierda en Brasil y México solo aumentaron la popularidad de estos. Por eso, tendría sentido presionar para atenuar el discurso del colombiano.
Además de ese tono mesurado, Petro ha profundizado su giro en materia de seguridad. El presidente salió de la reunión con Trump a darle luz verde, un día después, a un bombardeo contra la guerrilla del ELN en la región del Catatumbo, en la frontera con Venezuela. Es significativo sobre todo porque es el primer ataque de ese tipo contra esta guerrilla, con la que Petro esperaba firmar la paz, tras un año de sangrientos combates en la zona.
Las autoridades argumentaron que por allí se exporta cocaína, un flujo que el presidente se comprometió atacar. “Mi propuesta desde hace tiempos, incluso se la dije a Maduro, y le conté a Trump que se la había dicho, es colocar el ejército de Venezuela con el colombiano en una operación común”, dijo a Caracol Radio. Es un anuncio amenazante para el ELN ahora que Trump dice estar al mando del Gobierno venezolano a través de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, y otra señal de compromiso con la Casa Blanca —además de una despedida a sus ya débiles aspiraciones de lograr la paz con esa guerrilla.
También han sido significativos los silencios. El presidente no mencionó en Washington los bombardeos a las supuestas narcolanchas, que ha denunciado como ejecuciones extrajudiciales. El mismo jefe de Estado que ha apoyado la denuncia de la familia de un pescador desaparecido como una de las víctimas de esos ataques, no se ha referido al ataque anunciado por Estados Unidos este jueves a una lancha en el Pacífico.
En cambio, en la Casa Blanca fue visible una carpeta de la delegación colombiana que se alineaba con el discurso Trump. “Colombia, el aliado número uno de Estados Unidos en la guerra contra el narcoterrorismo”, decía en palabras muy distantes del discurso a favor de la despenalización de las drogas usual en Petro. “Es el lenguaje contra el que hemos peleado toda la vida”, explica Borda. “Es volver a bautizar los problemas de Colombia desde el prisma del tráfico de drogas, pero sobre todo usar la categoría de terrorismo, que abre espacios a las intervenciones militares. Por eso en Washington decidieron llamar a Maduro parte de una organización narcoterrorista, lo que los habilitó al uso de la fuerza. Me parece un retroceso enorme”.
El pragmatismo del presidente ante Trump es algo que sus críticos han pedido desde cuando se negó a recibir aviones con personas deportadas encadenadas, en enero del año pasado, hasta su megáfono en las calles de Nueva York. Es algo que le quita a la derecha la crítica de que él no puede mejorar las relaciones con Estados Unidos, y le da una oportunidad a la izquierda de demostrar que también saben jugar a la diplomacia pragmática. Una en la que el presidente no habla de los agentes de ICE en Minneapolis, señalados de vestirse como la Gestapo nazi, un calificativo que el presidente colombiano ha usado frecuentemente.
Petro es “manzurrón” ante Trump, le critica el expresidente de derechas Álvaro Uribe Vélez, intentando calificarlo de hipócrita. Le quedan seis meses para probar que puede mantenerse manso, como dice Uribe, o un pragmático y mesurado, como celebran muchos otros.
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