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Cocineros de Cádiz y Málaga se unen para dar de comer en Ronda a más de 600 personas desalojadas por los temporales

El equipo de hosteleros activó el grupo de WhatsApp que crearon para repartir comida en la pandemia y elaboran desayunos, almuerzos, meriendas y cenas para 650 personas al día

Algunos de los cocineros que alimentan a las familias estos días en Ronda son Laura Quesada, Benito Gómez, Eduard Dusa, Miguel Herrera y María Corralejo.

Todo empezó el jueves pasado. A las seis de la tarde, el chef Miguel Herrera supo que la localidad de Grazalema (Cádiz, 1.977 habitantes) iba a ser desalojada en su totalidad y que muchas de las personas serían acogidas en el polideportivo municipal de Ronda (Málaga, 33.671 habitantes), donde reside. Habló con un amigo, Benito Gómez, con dos estrellas Michelin en su restaurante Bardal. Ambos activaron un grupo de WhatsApp que habían abierto junto a otros cocineros y cocineras en plena pandemia cuando preparaban comidas para quienes lo necesitaban. Dos horas después del primer mensaje, cuando los primeros grazalemeños llegaban al pabellón de El Fuerte, ya había una food truck en su interior y unas ollas calentando un caldo de puchero. Desde entonces, un amplio equipo de profesionales ha preparado voluntariamente papas con choco, potaje de chorizo y acelgas, carne en salsa, callos, camperos con patatas asadas o churros con chocolate. Cada día dan de desayunar, comer, merendar y cenar a unas 650 personas.

“Cada uno tiene su vida, estamos absorbidos por el trabajo. Cuando hablamos de ir de fiesta, el grupo de WhatsApp no funciona para nada. Pero para esto todo el mundo ha respondido. Ha sido increíble”, relata Herrera desde Ronda. Cuenta que al principio llegó tanta ayuda que hubo que pararse a organizar, hacer un inventario y, a partir de ahí, establecer los menús que se podían realizar y los ingredientes que faltaban. Ahí se puso al mando María Corralejo —su pareja y gerente del restaurante Columela— que desde entonces ha coordinado tanto a los profesionales que están cediendo su tiempo como los alimentos donados por vecinos y empresas de Ronda y los municipios de la comarca. “La ayuda llega por todos lados y a veces pasan cosas que no se pueden prever. Un día, por ejemplo, nos juntamos con hasta 800 kilos de pan. ¿Y qué haces? Pues ahora unos compañeros que tienen un catering van a preparar migas. Así se aprovecha todo y no se tira nada”, afirma Corralejo.

Las primeras ollas que llegaron hasta el pabellón deportivo eran las de Bardal. El equipo de Benito Gómez preparó en sus cocinas el caldo que luego se trasladó hasta las instalaciones municipales para recibir a quienes se acababan de quedar temporalmente sin un techo bajo el que dormir. “Esto nos puede pasar a cualquiera y es de buen recibo volcarse con esta gente”, decía entonces el chef a Charry TV. La food truck de El Golimbreo —negocio de Herrera y Corralejo— ofrecía el apoyo complementario. El toque dulce, con chocolate caliente y bizcocho, lo ponía David Verdú desde su confitería, Daver. “Llegó todo a trompicones, pero poco a poco nos hemos ido organizando y también nos han ido cediendo más material”, apunta Verdú. Así, la Agrupación de hermandades y cofradías de Ronda ofreció sus cacerolas, roscos o paelleras; y la Unidad Militar de Emergencias también aportó menaje y utensilios. Eloy Catering ha dejado allí hasta un horno industrial con capacidad para 20 bandejas.

Es lo que permitió este domingo preparar patatas asadas para acompañar a unos camperos de carne de kebab. “Las cenas las pensamos siempre con un punto algo más informal. Y, además, esa noche pusieron el fútbol en la tele y así la gente pudo desconectar un rato”, añade Antonio Alfaro, de 50 años y jefe de cocina del circuito Ascari desde 2008, quien subraya que también dan de comer al voluntariado de Cruz Roja y Protección Civil o a los agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional. Además, han llevado comida a San Martín del Tesorillo —que también sufrió desalojos este fin de semana— e incluso cedieron 200 menús para la ONG World Central Kitchen, del chef José Andrés, que también ha echado una mano en municipios de Cádiz como Ubrique.

Ayuda también desde Grazalema

Alfaro pidió tres días de vacaciones para cocinar viernes, sábado y domingo en el polideportivo. Este lunes le tocaba ya volver al trabajo, pero otros compañeros de distintos restaurantes de la Serranía de Ronda le sustituyeron. El cuadrante de menús con lo que tienen que hacer el viernes ya está listo, con propuestas como arroz preparado por Eloy Catering, crema de verduras con todas las hortalizas donadas o las migas con el pan que ha sobrado. “Se está organizando también el fin de semana, pero ojalá que la gente pueda volver a sus casas y no haga falta seguir durante más días. Es horrible para ellos”, añade Eduard Dusa, que desde 2021 está al frente de los fogones del Parador de Ronda, donde ya se tuvo que reincorporar también el lunes. Ahora es el turno de otros cocineros que incluso llegan desde el propio pueblo desalojado, como José María Barea, propietario de los restaurantes La Merina y La Maroma, ambos en Grazalema y con Solete Repsol. Junto a su equipo de cocina preparó este lunes revuelto de patatas, huevo y carne para los niños y dieron el último retoque a los callos elaborados por el restaurante Jerez gracias a las donaciones de la empresa Icarben, de Benaoján. “También tenemos varias cajas de queso que han traído desde Villaluenga del Rosario. Es increíble cómo se ha volcado todo el mundo por ayudarnos”, destaca Barea.

Habla en primera persona porque él, como el resto de su pueblo, fue evacuado el jueves y todavía no sabe cuándo va a volver. Ahora, junto a varios familiares, reside en la casa de su primo. “Veníamos más de 500 personas y al final nadie durmió en el pabellón. Entre familias, amigos y los alojamientos de la zona, todos encontramos sitio”, agradece quien también se ha encargado de inventariar la ropa donada para que sus vecinos puedan cambiarse —muchos salieron con lo puesto— y está ejerciendo de intermediario entre los mayores que necesitan sus medicinas y su médico de cabecera en Grazalema. “Lo importante es que aquí no nos falta de nada. La gente está sacando lo mejor y, la verdad, no sabemos cómo vamos a pagarles todo lo que están haciendo por nosotros. Estamos muy agradecidos”, concluye Barea.

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