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El malestar profesorado, a prueba en una huelga en Cataluña: “Estamos haciendo un trabajo mal pagado”

Los maestros denuncian que la falta de manos y recursos para atender a los alumnos con necesidades genera frustración entre los docentes y lastra el rendimiento de toda la clase

Una maestra con alumnos de 4º de primaria de la escuela Joan Maragall de Sabadell, este lunes. Albert Garcia

En la escuela Joan Maragall de Sabadell tienen nueve alumnos con algún trastorno o problema de aprendizaje, y 13 más todavía sin diagnóstico médico. Para atenderlos cuentan con dos profesoras de educación especial y una vetlladora, que durante toda la jornada se reparte entre esos nueve alumnos, de manera que puede estar tres horas a la semana con cada uno, algo insuficiente para un perfil de alumno que requiere un apoyo casi constante. “Cada día hay más alumnos con necesidades especiales y más graves, pero nos faltan manos para atender a todos los alumnos y eso crea frustración entre el profesorado, que además se siente cuestionado”, resume la directora Cristina Amat.

Son vivencias que podrían suscribir la mayoría de escuelas públicas catalanas, a las que se suman el malestar por las elevadas ratios, la falta de reconocimiento social, sueldos congelados desde hace años y unas direcciones ahogadas por la burocracia. Con todo este caldo de cultivo, que ha ido macerando lentamente en los últimos años, finalmente ha estallado en un descontento generalizado que se ha visualizado en las asambleas que los directores han organizado en diferentes territorios y en la manifestación de noviembre que sacó a la calle miles de docentes y personal educativo. Este miércoles, el sector quiere volver a marcar músculo en una jornada de huelga -a la que están convocados centros públicos y concertados- que los sindicatos y las escuelas consultadas aseguran que será “mayoritaria”.

En la escuela Joan Maragall -ubicada en el barrio de Can Puiggener, una de las zonas de mayor vulnerabilidad de la ciudad- también secundan el paro la mayoría del claustro. Razones no les faltan y tienen un largo listado. La principal, por eso, es la falta de manos. “Se ha impulsado una escuela inclusiva que no lo es, cada vez tenemos casos más graves, pero no se derivan a escuelas de educación especial”, explica la directora. En este centro hay nueve alumnos calificados como NESE A, que tienen algún tipo de discapacidad o problema de aprendizaje, pero hay 13 más con necesidades especiales, aunque sin diagnóstico. “En este barrio hay muchas familias que no quieren que sus hijos los etiqueten con algún problema”, añade. El Departamento de Educación les envía recursos, según los diagnosticados: cuentan con 30 horas de vetlladora, que son el personal que entra en el aula para ayudar al alumno a seguir la actividad, además de dos maestras de educación especial, que realizan atención individualizada aparte.

Pero el consenso general es que faltan manos. De hecho, este centro lamenta que este curso el Departamento les haya recortado las horas de vetlladora, de 50 a 30, a pesar de tener tres alumnos más con necesidades. “Tienes niños que son ruidosos, disruptivos, que pegan o se escapan, además del resto de la clase, donde cada uno tiene sus necesidades”, apunta la directora. Y esto tiene una consecuencia académica directa. “Si una maestra dedica sus esfuerzos a los alumnos que más lo necesitan, el resto queda desatendido y no aprenden y no avanzan”. Y es que uno de los factores que está afectando al rendimiento y los malos resultados, según coinciden los docentes, es esta falta de recursos para permitir que las aulas funcionen con normalidad. “Nos dicen que hay que mejorar los resultados, pero yo pido una serie de cosas para poder hacerlo y no nos las dan. ¿Cómo nos ayuda el Departamento?”, lamenta la directora.

Otra consecuencia directa de este complicado día a día de las aulas es el malestar emocional creciente de los docentes. “El profesorado se siente frustrado porque no llega a todo, y a la vez cuestionado socialmente. Además, no todos están preparados para atender a estos alumnos. Hay un desgaste y hay profesores que a las cinco de la tarde acaban la jornada llorando, aunque aquí intentamos apoyarles y que vean que no es culpa suya”, relata la directora.

El malestar docente generalizado, que quedó reflejado en una encuesta realizada por el sindicato Ustec, también deriva de otros motivos, como la sensación de falta de reconocimiento social, también por parte de algunas familias. “Se ha perdido el respeto por los maestros, todo el mundo te cuestiona. Le dices a una familia que su hijo tiene problemas de aprendizaje y te dicen que eres tú la que no enseñas bien”, lamenta Amat.

A todo ello se le añade una reivindicación salarial, que para los sindicatos que promueven la huelga es la gran “línea roja”. “Pedimos también un reconocimiento a través del sueldo porque hace años que no nos suben el sueldo y somos los profesores peor pagados de España”, se queja Marina Muiras, maestra de música y enlace sindical de la escuela Joan Maragall.

El exceso de burocracia es otro de los mantras que repiten las direcciones, especialmente desde la pandemia. “Anunciaron medidas hace un año y medio y todavía no hemos visto nada. Trabajamos con aplicaciones muy antiguas y, cuando hay un pico de trabajo como la preinscripción o las evaluaciones, siempre fallan”, deplora la directora. “Te pasas el rato rellenando informes que no sabes si nadie se lee, y después no tienes tiempo para hablar con las compañeras y coordinarte para preparar las clases”, añade Muiras.

Cargados con todos estos motivos, y más, los docentes se preparan para la huelga de este miércoles, aunque los sindicatos ya han amenazado con extenderla a una semana entera en marzo. Con todo, la directora del Joan Maragall apuesta por otro tipo de medidas. “Habría que anular salidas y colonias. Aquí, como ya afecta a empresas y compañías de autocares, es otra cosa y haces que el Departamento se mueva, porque están tocando la economía”.

Escala de dimisiones de los coordinadores digitales

Otro sector que en los últimos días ha hecho visible su descontento son los coordinadores digitales, esto es, los profesores a los que se les asigna la responsabilidad de gestionar los dispositivos electrónicos de los centros. Desde la creación de la categoría, hace años, el colectivo lucha por el reconocimiento de esta tarea, teniendo más horas de dedicación y más sueldo. El descontento de este colectivo ha derivado en una oleada de dimisiones, que la plataforma de Coordinadores digitales de Cataluña cifra en un centenar, pero que el Departamento de Educación reduce a 40.

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