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La salida de Air Canadá da la puntilla al turismo en Cuba y enciende las alertas en Meliá e Iberostar

Ese mercado emisor representa el 50% de las llegadas de turistas extranjeros a la isla. La aerolínea canadiense prevé repatriar a 21.000 ciudadanos en las próximas semanas

Varias personas suben a un vehículo eléctrico en el centro de La Habana en Cuba. Ernesto Mastrascusa Ernesto Mastrascusa (EFE)

La industria turística en Cuba se tambalea. La alerta que envió la Administración Trump en la madrugada del domingo sobre la escasez de combustible para que los aviones reposten en los diez principales aeropuertos de Cuba hizo que las grandes aerolíneas que operan con la isla readaptaran sus escalas, como es el caso de las españolas Iberia y Air Europa. Ambas decidieron el lunes por la tarde empezar a hacer una parada técnica en Santo Domingo (República Dominicana) para repostar y así esquivar ese problema de suministro. Incluso la aerolínea de IAG ofreció tres posibilidades a los clientes con billetes ya emitidos: cambiarlos de fecha, sustituirlos por un bono u obtener la devolución en el medio de pago con el que se abonaron.

Pero el gran seísmo para el turismo en Cuba ha llegado durante esta misma madrugada, con el anuncio de Air Canada, la aerolínea más grande del país norteamericano, de la suspensión de todos sus vuelos hasta el 1 de mayo y la organización de un operativo para repatriar a cerca de 3.000 clientes que permanecen en Cuba y necesitan regresar a su país. Fuentes empresariales consultadas por este periódico elevaban esa cifra a 21.000 personas entre turistas y residentes. “Es más del 50% del turismo que hay en la isla ahora mismo. Es la hecatombe total”, apuntan.

Desde que tocó techo en 2018 con la llegada de cinco millones de viajeros extranjeros, el declive del turismo en Cuba ha sido constante, tocando suelo en 2025, con 1,8 millones de turistas foráneos, un 64% menos en siete años. Esa tormenta perfecta le ha estallado en las manos a las españolas Meliá e Iberostar, dos de las cadenas con mayor presencia en la isla (34 y 20 hoteles, respectivamente), cuyos directivos siguen redoblando su apuesta por seguir y crecer en Cuba, pese a los malos resultados del negocio hotelero y a las pésimas condiciones en la que tienen que prestar servicio, en mitad de una crisis económica sin precedentes con la falta de suministro eléctrico y de combustible.

Un buen ejemplo de ese impacto se produce en Meliá, donde Cuba representa el 15% del total de las habitaciones de la hotelera balear. Los indicadores del negocio en el archipiélago se han convertido en los que peor desempeño mostraron en todos los países donde opera durante los nueve primeros meses de 2025, con una ocupación del 40,2% frente a una media global del 62,3%; una tarifa de 76,2 euros, con una caída anual del 8,7%, frente a una media global de 147,2 euros; y unos ingresos por habitación disponible, el indicador de rentabilidad más importante, de 30,6 euros (un 6,9% menos), una tercera parte respecto a los 91,7 euros de media en todo el grupo.

Tal y como desvelaba la compañía en su último informe de resultados, las restricciones de Estados Unidos y la compleja situación energética siguen siendo los principales retos. “No obstante, la creación de una cadena de suministros propia ha mejorado el abastecimiento, permitiendo ganar cuota y reforzar nuestra posición en el mercado. Además, la capacidad aérea ha aumentado utilizando la modalidad de vuelos chárter, especialmente desde mercados emisores clave como Canadá”, razonaban.

La situación que está viviendo Meliá es anómala, con el cierre temporal de tres de sus hoteles. “Para adecuarse a las limitaciones actuales se ha implementado un ajuste en la disponibilidad hotelera, con la ‘compactación’ temporal de algunas instalaciones, concretamente tres hoteles hasta el momento. Se trata de una decisión operativa basada estrictamente en los niveles de ocupación, con el objetivo de optimizar recursos y con la prioridad de garantizar el mejor servicio y experiencia a los clientes”, señaló la compañía en un comunicado, en el que asegura que las autoridades cubanas les han garantizado el abastecimiento de combustible. “Los hoteles de Meliá cuentan actualmente con suministros en plaza para respaldar la continuidad operativa de las instalaciones”.

La ausencia de viajeros extranjeros y de medios de transporte públicos o privados para desplazarse por la isla plantean un escenario desolador: un destino sin turistas. Algo que estaba en las antípodas de los planes de negocio de Iberostar, que a principios de 2025 inauguró su último hotel (Iberostar Selection La Habana) conocido como la torre K, el más alto del archipiélago con 42 plantas y 600 habitaciones, en el que el gobierno cubano (propietario del inmueble) dice haber invertido 200 millones de euros. Un gasto cuando menos cuestionable ante una de las peores crisis sociales y humanitarias que ha vivido Cuba desde la llegada del castrismo hace 65 años.

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