¿Cómo afecta el café a la salud? Un par de tazas al día pueden reducir el riesgo de demencia
Un estudio apunta a que esta bebida es una pieza clave para la salud cognitiva porque, junto a otras estrategias saludables, tiene efecto neuroprotector

Hay salud en un par de tazas de café al día. Aunque la ciencia todavía está intentando afinar exactamente la dimensión de su beneficio para el organismo, se sabe que compuestos bioactivos presentes en esa bebida, como la cafeína, pueden ayudar a reducir el estrés oxidativo y la neuroinflamación; y también se les relaciona con más sensibilidad a la insulina. ¿En qué se traduce eso? Hay estudios que ya han apuntado a que el consumo moderado de esta bebida tiene efectos positivos a nivel cardiovascular o metabólico y también es neuroprotector, por ejemplo, pero su potencial real todavía es una incógnita. Para sumar más evidencia, una nueva investigación, publicada este lunes en la revista Jama, avala también que el café puede ser una pieza clave para la salud cognitiva: el estudio sugiere que su ingesta puede ayudar a reducir el riesgo de demencia y a preservar la función cognitiva.
Esta nueva investigación, que analizó los hábitos y la salud de cerca de 132.000 personas durante varias décadas, concluyó que tomar dos o tres tazas de café (con cafeína, no descafeinado) al día o ingerir un par de tés diarios puede reducir el riesgo de demencia, ralentizar el deterioro cognitivo y preservar la función mental. Pero, un apunte: esto no quiere decir que quien toma café no desarrollará alzhéimer o que el que se abstiene está abocado a sufrir esta dolencia neurodegenerativa. Los autores recuerdan que este estudio es observacional —identifica asociaciones, pero no pueden establecer una causalidad— y subrayan que el efecto neuroprotector es pequeño, pero suma puntos en un contexto de prevención y si va de la mano de otras estrategias saludables, como la buena alimentación, la interacción social o la actividad física.
A lo largo de los años, de las más de 130.000 personas que había en las cohortes de estudio, unas 11.000 desarrollaron demencia. Los autores encontraron que aquellos con mayor consumo de café presentaron un 18% menos de riesgo de demencia en comparación con los que no tomaban esta bebida. Además, los bebedores de café también presentaron menos prevalencia de deterioro cognitivo (7,8% frente al 9,5%) y mostraron mejor rendimiento en algunas pruebas de función cognitiva. “Nuestros hallazgos coinciden con estudios previos que informan asociaciones protectoras entre el consumo de cafeína y el deterioro cognitivo”, concluyen los autores.
David Pérez, director del Instituto de Neurociencias del Hospital 12 de Octubre de Madrid, destaca la “robustez” de los datos y el valor de los hallazgos, pero ajusta las expectativas en la interpretación de los resultados: “El café no es un potenciador de la cognición: los que toman cafeína tienen mejoras en funciones cognitivas muy discretas. Lo que me parece más relevante es su papel en la prevención de las enfermedades neurodegenerativas”.
Pérez, que no ha participado en esta investigación, matiza también que el potencial del café no se puede interpretar como una medida “aislada” de otros hábitos saludables. “No es solo tomar café y ya está. No tienen sentido si no lo añadimos a un estilo de vida cerebrosaludable”, plantea el médico, que es también miembro del Grupo de estudio de conducta y demencias de la Sociedad Española de Neurología.
Efecto ‘techo’
La investigación, además, fija un límite sobre los potenciales efectos beneficiosos del café: la barra libre de esta bebida no eleva el efecto neuroprotector, destaca Pérez. “Hay un efecto techo. Consumir más de dos o tres tazas de café no tiene más beneficio y eso está bien porque un alto consumo también puede ser negativo: puede aumentar el nerviosismo, la ansiedad, el temblor esencial o, tomado a partir de las cinco de la tarde, también puede generar insomnio”, enumera.
La ciencia se balancea entre los beneficios y los riesgos del café y, aunque durante mucho tiempo esta bebida “ha estado demonizada en algunas dolencias”, dice Pérez, hoy en día la evidencia apunta a que es más saludable que perjudicial. Aunque eso no quita que pueda tener efectos adversos —sobre todo si se consume en exceso— y eso hay que tenerlo en cuenta. Los propios autores mencionan que “el consumo excesivo de cafeína puede afectar negativamente la calidad del sueño o aumentar la ansiedad, lo que podría contrarrestar sus posibles beneficios neuroprotectores”.
Un estudio publicado el pasado verano en Nutrients recordó que el consumo moderado de café se asocia con una reducción de la mortalidad general y un menor riesgo de enfermedades graves como dolencias cardiovasculares, diabetes, accidentes cerebrovasculares, afecciones respiratorias y, potencialmente, varios tipos de cáncer. Pero, a renglón seguido, advertía que “añadir azúcar y crema al café puede atenuar sus efectos positivos para la salud”, por ejemplo. Esto significa que lo verdaderamente saludable probablemente sea el café solo, sin azúcar y en dosis moderadas (dos o tres tazas diarias, aunque en embarazadas la ingesta diaria no debería superar los 200 miligramos al día).
El poder de la cafeína
Ahora, el estudio de Jama da un espaldarazo a la evidencia epidemiológica previa que apuntaba a su capacidad para ayudar a prevenir algunas dolencias neurodegenerativas, como el alzhéimer y o el párkinson, asume Pérez. Pero faltan todavía grandes incógnitas por resolver para fijar esos hallazgos. “No sabemos cómo se produce el beneficio”, ejemplifica el neurólogo.
Como el efecto neuroprotector no se replicó en los consumidores de café descafeinado, los autores apuntan a la cafeína como el componente clave del café que confiere los grandes beneficios neurológicos. E hipotetizan con varios mecanismos que podrían sustentar ese impacto positivo en la salud: la cafeína es capaz de mitigar la neuroinflamación, factor clave para el deterioro cognitivo; y también tiene capacidad para mejorar “la sensibilidad a la insulina y reducir el riesgo de diabetes tipo 2, otro importante factor de riesgo para la demencia. “Además, el café y el té contienen compuestos bioactivos como polifenoles, ácido clorogénico y catequinas, que ofrecen beneficios antioxidantes y vasculares al reducir el estrés oxidativo y mejorar la función cerebrovascular”, abundan los autores.
Carmen Aragón, miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), sostiene que puede haber muchos mecanismos que expliquen el efecto beneficioso del café, pero pide “cautela” en la interpretación de los resultados: “Hay muchas limitaciones en este tipo de estudios. Por ejemplo, los datos de consumo son autorreferidos y eso ya es un sesgo. Harían falta ensayos clínicos” para validar las conclusiones y el potencial neuroprotector del café, plantea.
Jordi Salas-Salvadó, catedrático de Nutrición de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona), coincide en que faltan ensayos clínicos para poder recetar este alimento como estrategia preventiva, pero asegura que hay muchos estudios observacionales que apuntan en la misma dirección sobre sus efectos. Él mismo firmó en 2020 un estudio con resultados similares al de Jama. Como mensaje a la ciudadanía, sintetiza: “El café con moderación puede tener unos beneficios para la salud cognitiva, pero dentro del contexto de una dieta saludable”.
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