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El jefe de Gabinete de Mazón defiende ahora que su mensaje sobre no confinar Valencia era solo “una reflexión”

José Manuel Cuenca acude de nuevo a la comisión de investigación sobre la dana en el Congreso

José Manuel Cuenca, este lunes en el Congreso de los Diputados. Víctor Lerena (EFE)

El diputado de Bildu activa su micrófono, muy serio:

—Bienvenido otra vez, señor Cuenca.

El señor Cuenca es José Manuel Cuenca, la sombra de Carlos Mazón cuando era presidente de la Generalitat Valenciana y ahora su principal asesor en la oficina como expresidente. Cuenca, de hecho, no solo fue el jefe de Gabinete de Mazón —un cargo altísimo en el organigrama de cualquier Administración—, sino también su compañero de piso durante sus años al frente del Palau de la Generalitat.

Durante este tiempo —de julio de 2023 al 3 de noviembre de 2025, cuando Mazón dimite—, Cuenca ha manejado hasta tres móviles distintos, pero ninguno ha podido ser aportado a la causa judicial que investiga la tragedia de la dana porque los datos han sido borrados. “No tengo nada que ocultar”, ha dicho este lunes en la comisión de la dana en el Congreso de los Diputados, donde ha acudido por segunda vez en menos de 100 días.

“Con el teléfono hago lo que hace cualquiera”, ha observado a preguntas del portavoz de Podemos, Javier Sánchez Serna. “Es un trilero con los móviles”, le ha soltado el diputado de Sumar, Alberto Ibáñez. “No tengo nada que ocultar. No he borrado esos mensajes premeditadamente”, ha insistido Cuenca.

“Podía haber dicho que tenía un temporizador (mensajes que se borran al publicarse) con el señor Mazón [...] Lo entregué con los valores de fábrica”. Cuenca ha llegado puntual este lunes al Congreso, muy serio, y ataviado con un traje azul marino y una corbata verde, escoltado por la secretaria general del PP en el Congreso, la valenciana Macarena Montesinos, y un puñado de diputados del partido.

Cuenca ha vuelto al Congreso porque fue el responsable de mantener la agenda de Mazón aquel 29 de octubre de 2024, sobre todo la comida con la periodista Maribel Vilaplana en el restaurante El Ventorro, que se alargó hasta las 18.45 y sobre la que uno de sus escoltas ha dicho este lunes ante la jueza que no llegó al Palau hasta las 19.50 horas.

Sobre la comida en El Ventorro, Cuenca explicó en diciembre que fue él quien sugirió al president celebrar esa reunión. Que la conversación entre la consejera de Emergencias de entonces, Salomé Pradas, y Mazón, “fue permanente” y que, ese día, “tuvieron numerosas conversaciones”.

La realidad es que Cuenca no estaba en Valencia ese día, sino en Xàtiva, a una hora en coche, “por un tema de partido”. La realidad, también, es que lo que dijo en diciembre en esta comisión chocaba frontalmente con el listado de comunicaciones de ese día de la exconsejera y, sobre todo, sus declaraciones en el programa Salvados, donde reiteró que Mazón no le cogió el teléfono durante lo peor de la dana.

Es más, de las 105 llamadas que registró Pradas ese día, solo 12 fueron con Mazón, que llegó a cancelar cuatro ―tres en las peores horas de la tragedia―, atendió dos y el resto se produjeron en la última hora antes de llegar al Cecopi, el centro de emergencias donde se reunieron representantes de las principales administraciones del Estado.

Sin embargo, con Cuenca registró ese día siete llamadas; dos de ellas canceladas. Y también se intercambiaron mensajes claves. Mensajes de WhatsApp que fueron aportados por la exconsejera de Emergencias a la causa judicial, ya que el móvil de Cuenca no conservaba ninguna información.

“Salo. De confinar nada por favor. Calma”, escribió Cuenca a las 19.54. Y Pradas contestó: “Está la cosas [sic.] muy mal”. “Ya mujer”, respondió Cuenca. Pradas insistía en que había “desbordamientos por toda la provincia”. Y el jefe de gabinete de Mazón le contestó: “Pero confinar una provincia es una barbaridad. Una cosa es zonificar comarcas: Ribera Alta, Hoya de Buñol, Costera, en fin, pero no toda la provincia”.

Sobre estos mensajes, que el propio Cuenca no explicó la primera vez que acudió a la comisión de investigación de la dana en el Congreso, Bildu ha tratado de indagar más. “Yo le creí”, ha dicho el portavoz Mikel Otero. “Dijo que no tenía los WhatsApps porque renovó el teléfono. Después de esto, tengo dudas”. Cuenca ha contestado que “trasladaba una reflexión”, que él, de hecho, tiene “mucho respeto” a Pradas. “Yo no hablo con nadie. Hago referencia a que [a la hora de confinar] se tome la máxima cobertura legal. Solo eso. No trato de condicionar nada”:

Alrededor de este asunto ha girado casi toda la comparecencia de este lunes. “Traslado una reflexión”, ha insistido una y otra vez. “La emergencia estaba funcionando correctamente. No tengo ningún rol ni ninguna competencia”. Una respuesta que ha provocado un rifirrafe con la diputada de Compromís Àgueda Micó:

—¿Le parece su mensaje en tono informativo?

—Mi impresión y reflexión es que, [si se confina], contemos con el respaldo jurídico.

—¿Sabe que tiene que decir la verdad?

—Sí. Y tengo una obligación moral por lo que ha ocurrido en mi comunidad.

La diputada de ERC, Teresa Jordà, ha lanzado en su intervención: “Nosotros no somos imbéciles. O miente usted o miente la consejera Pradas”. Y ha preguntado:

—¿Pretende obstaculizar el proceso judicial?

—Estoy diciendo la verdad.

Cuenca ha insistido en que todos los que estaban en el Cecopi aquella tarde han acreditado que no había información sobre el barranco del Poyo. “Antes del inicio del Cecopi estaba vacío y después se llenó”. Y ha invitado a los diputados de la comisión a que se inste a las administraciones a que acometan “de manera urgente” medidas porque “volverá a llegar octubre”.

Y al término, el diputado de Vox y jurista valenciano Ignacio Gil-Lázaro, que apenas pregunta en la comisión cuando vienen miembros del PP, ha leído un texto durante 18 minutos, donde ha culpado al Gobierno de España de la tragedia. En este tiempo, eso sí, la mayoría de los presentes ha sacado su móvil o el iPad. Y Cuenca, mientras tanto, ha subrayado unos folios.

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