Ir al contenido
_
_
_
_

Grazalema, el pueblo desalojado y convertido en una “esponja gigante” de roca caliza

Los expertos creen que el agua saldrá del acuífero saturado con relativa rapidez y que, si se dan colapsos, serán puntuales y no de gran tamaño

Mari Carmen Mateos tenía el bolso preparado con lo esencial horas antes de que la Guardia Civil le diese el aviso de desalojar su casa en la plaza de España de Grazalema. Lo supo porque “desde el suelo sonaban zumbidos raros, como el que da un golpe contra una pared” y por ese agua que manaba, por donde podía, de los bajos de las viviendas de la acera de enfrente a la suya. Desalojada como el resto de los 1.500 vecinos, lo cuenta desde la casa de su hija en Ronda. Ahora su pueblo solo pisa la Guardia Civil y geólogos expertos que, en principio, son relativamente optimistas. Esperan que el acuífero abotargado de agua bajo el pueblo tarde apenas unos días en volver a la normalidad cuando deje de llover y descartan que los colapsos —si se dan— sean de gran tamaño.

“Es un evento extraordinario y muy singular”, resume Santiago García, profesor hidrogeología del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cádiz. Aunque el experto no está sobre el terreno, sigue de cerca el despliegue que ya ha realizado el Gobierno con técnicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a petición de la Junta de Andalucía. Hasta 12 profesionales están ya desplegados tanto en Grazalema, como en el entorno cercano de la Sierra entre Cádiz y Málaga. “Es un equipo de hidrogeólogos y especialistas en movimientos del terreno. Están siguiendo todos los fenómenos y lugares”, explica Juan José Durán, del grupo Hidrogeología Ambiental y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España, integrado en el CSIC y que coordina desde Madrid los datos que se están recabando.

Todos trabajan con el epicentro en Grazalema, donde se ha producido un fenómeno que nunca había visto de primera mano el equipo: una inundación hidrogeólogica. Las intensas lluvias —hasta 580 litros por metro cuadrado en un día, por culpa de la borrasca Leonardo— penetraron con velocidad en el pueblo, debido a que el caserío está asentado sobre un acuífero kárstico, compuesto por piedras calizas muy permeables y solubles por el efecto de miles de años. “Se cuela todo el agua que cae como una esponja gigante”, apunta Durán. El problema es que cayó tanta agua en tan poco tiempo que el nivel freático del subsuelo subió con velocidad. “Calculamos que unos 200 metros, lo que es muchísimo”, añade el hidrogeólogo.

Eso ha provocado que el agua que, habitualmente fluye hacia abajo en el acuífero, haya subido también a partes altas. “Grazalema se ha convertido en un sándwich hidrogeológico perfecto. El agua tenía que salir por todos los sitios”. El proceso ha sido tan rápido como turbulento y ha desalojado al aire que había en el interior. “El agua circula turbulenta y mueve bloques, rompe rocas. Esos sonidos, como explosiones, están relacionados con esa circulación y la compresión del aire”, apunta García, que asegura que en esos movimientos se han alcanzado las 20 atmósferas de presión, pero no han llegado a producirse seísmos.

Desalojar el pueblo entero fue la decisión más prudente y de máximos, como valora García. Abrir los huecos en los muros de las casas para que el agua fluyese, también, a juicio de Durán. Ambos coinciden en que, ahora mismo, lo que toca es esperar, analizar y monitorizar lo que está ocurriendo en el pueblo en esta primera fase de emergencia. Los dos están de acuerdo en que dada la composición kárstica del acuífero, éste evacuará el agua con velocidad hasta recobrar los niveles normales. “Son súper rápidos, son inerciales. Te la lían rápido, pero el descenso es igual. Igual que sube muy alto, baja igual. Puede ser cuestión de días o una semana, desde que deje de llover”, puntualiza Durán.

Los dos expertos consideran también que en un proceso tan veloz y violento como el vivido en el acuífero existe el riesgo de colapsos parciales. “El riesgo de colapso ha existido siempre, pero se ha visto incrementado por el flujo turbulento y la subida del nivel”, explica el profesor de la UCA. Durán da más pistas. “Puede producirse un colapso, que denominamos dolinas de colapso. Pueden ser desde un metro a los 30 metros. Pero por la topografía de Grazalema no veo muy probable que sean de ese tamaño. Serían colapsos puntuales”.

Cuando pase la fase de emergencia y las autoridades decreten en el regreso de los grazalemeños a sus casas, el trabajo científico no terminará. “Tocará estimar los daños y hacer análisis con geofísica. Después llegará una parte reflexiva de aprendizaje. En situaciones como esta, hay que crear infraestructuras de drenaje, túneles horizontales. Ahora tenemos que pensarlo, es una manera de adaptarnos al cambio climático. Está cambiando la secuencia de sequía y de grandes precipitaciones con picos como estos. Nos tendremos que ir adaptando con lo que el clima vaya marcando.”, avanza Durán.

Ajenos a los estudios de los científicos, los grazalemeños, impactados, intentaban hacer lo que podían en sus realojos temporales. Parte de ellos, los 130 que estaban reubicados en el hotel Fuerte de Grazalema, a las afueras del pueblo, han vivido este viernes otro desalojo más, después de que las autoridades decidieran llevarles a Ronda con el resto por seguridad. Alrededor de 150 ha acabado acogido en casas, hoteles y alojamientos de la vecina localidad de Zahara, volcada con ellos.

En Ronda, megáfono en mano la alcaldesa de Ronda, Mari Paz Fernández, recibió el jueves a los vecinos desalojados de Grazalema en el polideportivo El Fuerte: “Tienen ustedes aquí para asentarse, para comer, para asearse mientras vienen todas las personas de su pueblo”, megáfono en mano, Hasta allí llegaban unos 250, aunque finalmente ninguno pasó la noche allí ante el ofrecimiento de hoteleros y responsables de alojamientos turísticos. “Quiero dar las gracias a todas las personas de Ronda y los pueblos de la comarca que han llamado ofreciendo sus casas o comida”, señalaba la regidora, informa Nacho Sánchez.

El subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, explicaba también este viernes que distintos técnicos han investigado el subsuelo del municipio de Benaoján donde se está produciendo una situación “muy similar” a la de Grazalema. En Ubrique (Cádiz), también hay vecinos preocupados por afloramientos de agua en casas como los que ocurrieron en la localidad siniestrada. Pero los especialistas, desplegados en todo el entorno, descartan un caso igual. “Nos han confirmado que no hay peligro y que no hay motivo para alarmarse”, decía Francisco Javier Lobo, alcalde de Jimera de Libar. Durán lo reafirma: “Como el caso de Grazalema no hay otro similar”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_