HRW advierte de que Estados Unidos representa una nueva amenaza para los derechos humanos
El informe mundial 2026 de la ONG resalta el avance de una “ola autoritaria” e incita a los países democráticos a crear una alianza para proteger el orden internacional

Los derechos humanos están en peligro. Así lo ha destacado el director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW), Philippe Bolopion, en el ensayo introductorio del último informe mundial de la ONG, publicado este miércoles. El documento, de unas 529 páginas en el que se recopilan las prácticas humanitarias que se realizan en más de 100 países, llama a las democracias a unirse en una nueva alianza ante la “ola autoritaria” que gana cada vez más terreno en el mundo. Dicha ola amenaza con tumbar por completo el orden internacional basado en normas, ya dañado por China y Rusia, y ahora amenazado por la Administración del presidente de EE UU, Donald Trump.
Durante una rueda de prense este miércoles, con ocasión del lanzamiento del informe de HRW, representantes de la ONG en las diferentes regiones del mundo han analizado la situación en su territorio respectivo. Entre los ponentes estaban Sarah Yager, directora de HRW en Washington; Philippe Bolopian, director ejecutivo de la ONG; Mausi Segun, directora ejecutiva para África; Juan Pappier, subdirector de la División de las Américas, y Yulia Gorbunova, investigadora senior para Europa y Asia Central.
“El año 2025 ha sido un punto de inflexión para los derechos humanos”, ha señalado Bolopion, que destaca tres elementos fundamentales que han contribuido a su reciente deterioro. Primero, la existencia de un “entorno hostil” provocado por una constante recesión democrática, es decir, el debilitamiento de las instituciones, normas y sistemas democráticos. Segundo, el auge de China y Rusia como potencias mundiales. Y, tercero pero no menos alarmante, el asalto de EE UU bajo la Administración Trump al Estado de derecho.
“Bajo la presión implacable del presidente estadounidense, Donald Trump, y socavado persistentemente por China y Rusia, el orden internacional basado en normas está siendo aplastado, lo que amenaza con llevarse consigo la arquitectura en la que los defensores de los derechos humanos han llegado a confiar para promover las normas y proteger las libertades”, advierte Bolopion. “Para desafiar esta tendencia, los gobiernos que aún valoran los derechos humanos, junto con los movimientos sociales, la sociedad civil y las instituciones internacionales, deben formar una alianza estratégica para contraatacar”, añade el alto representante de la ONG.
En el último año, y según recaba el informe de HRW, el presidente estadounidense ha liderado una serie de acciones contrarias a la preservación de los derechos humanos en el mundo, mientras la presencia de potencias autoritarias ha ganado cada vez más terreno. Los autores del informe atribuyen a Trump ataques a la libertad de expresión, a la independencia jurídica, recortes masivos en ayuda humanitaria, el bloqueo del acceso al aborto y deportaciones forzadas a terceros países, donde los afectados podrían enfrentarse a graves violaciones de sus derechos. El documento también subraya que, como destacó el propio Trump, él no reconoce los límites que le impone el derecho internacional a sus poderes, sino que se restringe solo en función de su “moralidad”.
“Es un mundo peligroso para los derechos humanos”, alerta Bolopion, “pero eso no debería ser motivo de desesperación, sino motivo para actuar”. El alto cargo de HRW señala que las protestas de los jóvenes de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) en países como Nepal, Perú y Marruecos en 2025, o las recientes manifestaciones en partes de EE UU son un ejemplo de cómo las democracias pueden resistir, pero insiste en que los gobiernos internacionales deben sumarse a ese movimiento y plantar cara a las potencias autoritarias.
“El primer ministro de Canadá [Mark Carney] pronunció un discurso muy bien recibido en el Foro Económico Mundial [en Davos], en el que capturó el estado de ánimo del momento y pidió a los países democráticos que se unieran y formaran una alianza para proteger el espacio de gobierno en todo el orden. Hay muchos otros países que podrían sumarse a una iniciativa como esa, potencias medias en la Unión Europea, pero también otros como Sudáfrica, Brasil, Japón, Corea del Sur, Australia o el Reino Unido”, sostiene Bolopion.
El experto confirma que, de unir fuerzas, estos y otros Estados que hasta ahora se han visto limitados por el miedo a enfadar a EE UU, China o Rusia podrían beneficiarse mutuamente en materia comercial, de defensa y diplomática: “Podrían resistir a los aranceles [de Trump], protegerse entre sí y tener un gran poder de voto en instituciones como el Consejo de Derechos Humanos y la Asamblea General de las Naciones Unidas“.
Ese nuevo bloque, sostiene HRW, se convertiría en un actor clave ante las Naciones Unidas sobre el que podría recaer la responsabilidad de “defender la independencia y la integridad de los mecanismos de derechos humanos de la ONU”. Los gobiernos en cuestión, afirma Bolopion, no se limitan a los “candidatos usuales”, sino que incluyen a un abanico de países repartidos en el mundo entero. “El orden multilateral fue construido ladrillo a ladrillo por los Estados de todas las regiones a lo largo de décadas”, recuerda el director ejecutivo de la ONG.
¿Es EE UU la mayor amenaza a los derechos humanos? En HRW, los países no se clasifican en función de la severidad de las violaciones de derechos humanos que se cometen, si bien la ONG reconoce que EE UU representa una amenaza singular para su preservación, aunque eso no significa que represente el mayor peligro.
Los casos de China y Rusia, asegura Bolopion, no pueden compararse con el de EE UU: “En Rusia y China, que no son democráticos en absoluto, apenas hay espacio para la oposición política, prácticamente no hay medios de comunicación libres ni un poder judicial independiente. En EE UU, todas estas garantías están amenazadas o bajo presión, pero siguen existiendo”. La única comparación posible, asegura, es en el grado de desprecio que estas tres potencias comparten hacia mecanismos diseñados para proteger los derechos humanos y controlar el poder.
“EE UU fue uno de los arquitectos del orden internacional basado en normas. Nunca fue un campeón en la materia, pero sí un actor clave que hizo posible que los derechos humanos y la democracia avanzaran en el mundo”, argumenta Bolopion. Ahora, EE UU se vuelve en contra del sistema que ayudó a construir.
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