Muere el periodista Carlos Hernández, que investigó los campos de concentración del franquismo
El reportero, fallecido a los 56 años, ejerció un periodismo por y para defender los derechos humanos en guerras y dictaduras


Carlos Hernández de Miguel dedicó mucho esfuerzo pedagógico para dar a conocer que los campos de concentración que buscaba, sobre los que investigaba y documentaba, no estaban en Polonia, Austria o cualquier punto de la Europa ocupada por los nazis, sino que estaban en España, y cuya creación fue decidida por Francisco Franco como continuidad de su victoria en la Guerra Civil. Lugares de encierro, muerte y enfermedad de los que no había muchos datos. Hernández de Miguel, madrileño, licenciado en Ciencias de la Información, hizo un trabajo exhaustivo de compilación de esos horrores en un libro publicado en 2017. La salud no le ha acompañado para continuar su tarea de recuperación de datos desconocidos de la memoria histórica; ha muerto a los 56 años, de la enfermedad de la que aparentemente se estaba recuperado.
Ejerció una variedad de ocupaciones periodísticas con empeño, entusiasmo y excelentes resultados. Nada le era pequeño ni menor. La información parlamentaria para Antena 3 le confirió un bagaje notable y siempre recordó esa etapa como interesante y rica en conocimientos y contactos. La intensidad, el miedo y la puesta a prueba de todas sus capacidades las vivió como corresponsal de guerra en la misma cadena.
Sus cinco años, en dos etapas, en comunicación del PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba —también trató con un joven Pedro Sánchez, aún lejos de la primera fila— dejaron su huella tecnológicamente innovadora en esa organización política. Por fuera, de cara a los compañeros de profesión, nada que sorprendiera: Carlos era el periodista de siempre, el compañero, infinitamente alejado de cualquier atisbo de sectarismo y buscando favorecer con claves e información la tarea de los colegas, sin distinción. Nunca se le vio como un periodista “de partido”.
Su antes y después en el ejercicio de la profesión se produjo con el asesinato en 2003 del cámara de Telecinco José Couso en Irak por fuego de un soldado norteamericano. En el hotel atacado estaba también Carlos Hernández junto a otros colegas españoles, como Olga Rodríguez, de la Cadena SER, y Jon Sistiaga, de la cadena de Mediaset. Hernández mantuvo la tesis que él y quienes vieron morir a Couso reitera desde hace casi 24 años: “Es un crimen de guerra, es un ataque contra la libertad de prensa y es además una prueba de impunidad en los conflictos bélicos”, aseguró hace tres años. Pero no ha habido consecuencias de aquel crimen a pesar de la sostenida denuncia y demanda de justicia de la familia de Couso y de los colegas que lo acompañaban. Ahora, en estas horas inmediatas al fallecimiento de Hernández de Miguel, muchos profesionales destacan sus espléndidas crónicas como corresponsal de guerra en Irak, en Palestina y en los Balcanes, entre otros destinos, para la cadena de Atresmedia.
Se quitó el casco, pero no lo abandonaron los tambores de guerra, en este caso, de España. Documentó que las consecuencias de la guerra continuaron para miles y miles de españoles arrojados al cautiverio. “Los campos de concentración de Franco”. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas fue el título de la obra del periodista madrileño, que encontró 300 lugares de encierro fuera de todo control.
“Los campos de concentración fueron la primera pata de un sistema represivo, un holocausto ideológico, que convirtió a toda España en una inmensa cárcel repleta de fosas. En ellos, presos políticos y prisioneros de guerra fueron asesinados, murieron de hambre y enfermedades, padecieron todo tipo de torturas y humillaciones”, señaló.
“Los datos son necesarios y las pruebas documentales resultan fundamentales, pero nada tiene verdadero sentido si no somos capaces de entender que detrás de cada cifra, de cada listado, de cada campo de concentración franquista hubo miles y miles de hombres, de mujeres, de familias”, escribía Hernández de Miguel en la presentación de su obra. Hubo más descubrimientos suyos, sobre españoles recluidos en campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial. Hasta hace pocos meses escribía En elDiario.es, muy centrado en la situación de Gaza y de los palestinos.
Desde el periodismo defendió los derechos humanos y se afanó en sacar a la luz los horrores de la dictadura de Franco. Tan tormentosos asuntos no hicieron mella en su carácter. Siempre afable, siempre con una sonrisa. Decía que en sus ratos libres “escribía y leía poesía”.
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