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Ortega Smith acusa a Abascal y Garriga de utilizar “la mentira, la manipulación y la tergiversación” para degradarlo

El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid responde a su expulsión de la cúpula de la formación ultra

Javier Ortega Smith, quien fuera durante más de seis años secretario general de Vox y número dos de Santiago Abascal, ha decidido pasar al enfrentamiento abierto con su antiguo jefe y amigo. El todavía portavoz de la formación ultra en el Ayuntamiento de Madrid ha remitido una carta a los miembros de la cúpula de su partido en la que le acusa a la dirección de utilizar “la mentira, la manipulación y la tergiversación o las interpretaciones interesadas” para marginarle.

La misiva, adelantada por El Mundo y confirmada por EL PAÍS, es una respuesta a sus compañeros, quienes decidieron el pasado 22 de diciembre expulsarle del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), en virtud de un informe del secretario general, Ignacio Garriga, “con el visto bueno” de Santiago Abascal. “La mayoría de vosotros no dedicasteis tiempo ni siquiera a leer, puesto que procedisteis a votar mi expulsión en tromba en menos de dos minutos”, dice sobre dicho informe.

“Lamentablemente no me ha sorprendido esa votación tan inmediata, porque hace ya mucho tiempo que el CEN dejó de ser un órgano de debate y reflexión, para ser un órgano meramente decorativo que simplemente ratifica las decisiones que otros han tomado previamente”, se queja en la misiva.

Ortega Smith responde a las acusaciones vertidas en el informe que justificó su expulsión, desde un viaje a Torrelavega (Cantabria) o unas declaraciones en la plaza madrileña de Colón hasta su supuesta colaboración con el PP, que tacha de “delirante y surrealista. ”“Es de traca que me acusen de esto precisamente quienes han pertenecido con carné y cargo durante muchos años al Partido Popular”, apostilla, en alusión velada al propio Abascal. Todas estas críticas, concluye, responden a “una estrategia decidida hace ya mucho tiempo, incluso por gente que no forma parte de la estructura del partido, que tiene como objetivo hacer desaparecer a todas aquellas personas que podamos tener alguna notoriedad pública, que reivindicamos los principios y valores fundacionales y cuestionamos las incoherencias actuales”.

El pasado 22 de diciembre, Ortega Smith fue expulsado del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox, el máximo órgano directivo del partido entre asambleas, al que había pertenecido prácticamente sin interrupción desde la creación del partido, en diciembre de 2013. La expulsión fue propuesta por el secretario general de la formación, Ignacio Garriga, y apoyada por unanimidad de todos sus miembros salvo el propio Ortega. Previamente, había sido relevado como portavoz adjunto del grupo parlamentario ultra en el Congreso y, con posterioridad, como portavoz en la Comisión de Justicia de la Cámara baja. El último feo de la dirección, el pasado mes de enero, fue relegarlo a las últimas filas en el hemiciclo del Congreso, en la zona conocida como gallinero.

En realidad, el proceso de marginación comenzó mucho antes. En octubre de 2022, Abascal lo sustituyó como secretario general de la formación por Ignacio Garriga, pero lo dejó como uno sus vicepresidentes. Luego lo degradó a la condición de simple vocal del CEN, antes de sacarlo del órgano de dirección. Fuentes de Vox dan por sentado que no repetirá como cabeza de lista por Madrid en las elecciones municipales de 2027, aunque él ha expresado su deseo de continuar.

Ortega, todavía diputado y portavoz del grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, se ha ido distanciando de la cúpula de la formación y ha multiplicado sus gestos y declaraciones críticas hacia la deriva del partido desde que, en 2023, advirtió de que “Vox no nació como una agencia de colocación de amigos”. En una entrevista publicada en diciembre pasado en Abc, calificó de “distante” su relación con Abascal y respondía a quienes atribuyen su caída en desgracia a su amistad con el ex portavoz parlamentario de Vox Iván Espinosa de los Monteros, actual presidente de la fundación Atenea, a cuya presentación pública acudió. “Si alguien pretende penalizarme por los amigos que tengo o porque son los mismos amigos que antes eran amigos de otros y que parece que ya no los reconocen como tales, allá él...”, dijo, en alusión velada a Abascal. Su descontento no solo se manifestó en declaraciones, sino también en gestos. El último fue acudir al funeral celebrado en Madrid por las víctimas de la catástrofe ferroviaria de Adamuz, lo que el partido interpretó como una indisciplina, ya que había dado instrucciones de no acudir, siguiendo el ejemplo de Abascal, que no acudió al que tuvo lugar en Huelva.

Ortega calificó de “injusta y equivocada” su destitución como portavoz adjunto en el Congreso, que dijo no entender, mientras que Abascal se limitó a señalar que “en Vox hay mucho banquillo y todos tienen que aprender a ceder el paso”. El ex secretario general es el dirigente de Vox más popular entre las bases, pero sus más cercanos colaboradores han sido apartados en los últimos años de los puestos de responsabilidad, por lo que su influencia en el seno del partido está muy menguada. También es uno de los pocos miembros del núcleo fundador ―junto al propio Abascal y al vicesecretario de Presidencia, Enrique Cabanas― que seguía en activo en el partido, ya que los demás (Alejo Vidal-Quadras y Espinosa de los Monteros) tiraron la toalla. El carisma que todavía conserva explica que la dirección haya evitado el enfrentamiento directo con él y haya optado por la marginación progresiva, según fuentes próximas a Vox. También ha buscado pretextos para sus sucesivas destituciones: su cese como portavoz adjunto en el Congreso se explicó como un relevo por el diputado Carlos Hernández Quero; y la salida del CEN por la necesidad de hacer hueco a Júlia Calvet, ambos considerados valores en alza en la nueva hornada de dirigentes de Vox.

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