Kate Manne: “Ser una persona delgada es un poderoso indicador de clase social e ingresos”
El libro ‘Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia’ es una intervención política y estructural en el que la autora denuncia la violencia de la gordofobia y propone nuevas formas de pensar la justicia, la dignidad y la libertad corporal


La doctora en Filosofía Kate Manne (Australia, 1983), cuyo trabajo se centra en filosofía moral, social y feminista, ha querido desde niña ser más delgada. Confiesa que llegó un momento en el que entendió que lo que odiaba no era tanto su cuerpo, sino la forma en la que le hacía sentir vulnerable: ser menospreciada, ridiculizada y denigrada. “Sabía mejor que nadie que la respuesta al acoso y al abuso no es cambiar a las víctimas, sino dirigirse a quienes tengan la culpa y, en última instancia, cambiar el sistema”, escribe en Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia (Capitán Swing, 2026).
En el libro plantea la necesidad de afrontar la gordofobia que atraviesa a la sociedad y señala que la respuesta ha de ser necesariamente política: cambiar el sistema y las estructuras que la sostienen. Cuando su editora le propuso hacer una gira a gastos pagados para promocionar su obra en Londres, se estremeció ante semejante perspectiva. “Estaba demasiado gorda para ser feminista en público. Era demasiado grande para hablar de las dinámicas de sumisión que educan a las chicas y a las mujeres para que sean pequeñas, modestas y silenciosas. Y aunque era perfectamente consciente de lo irónico de la situación, no cambié de opinión en aquel momento”, comenta.
Pregunta: Lamentablemente, cuando una mujer ha de presentar su trabajo y enfrentarse a los medios y a las miradas externas, no es raro que le aceche el miedo por no tener un cuerpo normativo…
Respuesta: Se puede desestimar por completo a las personas feministas que no se ajustan a los cánones de belleza. Así que no es mera vanidad; no niego que exista un elemento de querer verse bien y un elemento de internalizar normas que nosotras mismas no compartimos pero, sobre todo, se trata del miedo a ser castigada, descartada y no tomada en serio como autoridad. Existe el riesgo de ser menospreciada, especialmente si eres mujer y sobre todo, si eres feminista. Esas normas son mucho más exigentes para las personas que no se ajustan a los estándares sociales patriarcales de otras maneras. En el libro se evidencia que las sanciones para los hombres gordos son mínimas o inexistentes, a no ser que estén muy gordos. De igual manera, tampoco vemos esas sanciones en el discurso público. Un hombre puede parecer un poco descuidado y aun así, ser considerado una mente brillante.
P: ¿Por qué no se ha de abordar la misoginia sin afrontar la gordofobia?
R: Creo que la gordofobia establece una jerarquía de cuerpos muy lineal y ordenada. Es aproximadamente inversamente proporcional a la masa corporal de cada persona. Si la misoginia pretende separar a las mujeres buenas de las malas, jerarquizarlas y hacernos competir por ciertos beneficios mínimos bajo el paraguas del patriarcado y del capitalismo avanzado, establecer esa jerarquía es una herramienta muy poderosa para mantenernos compitiendo. La misoginia se beneficia de la clasificación de las mujeres según su delgadez.
P: ¿Cómo expone Ozempic la ambivalencia de nuestra aceptación de la gordura?
R: En cuanto la delgadez se vuelve accesible, se abraza. No se trata solo de que la gente la elija, lo cual creo que es más que comprensible en un mundo que te menosprecia constantemente. Se trata más bien de que, en lugar de ser honesta, la gente dice: ‘Estos fármacos son un camino hacia la salud’. Y esto desprestigia no solo los objetivos del movimiento, sino también a otras personas que siguen teniendo cuerpos más grandes.
P: ¿Diría que negarse a perder peso es revolucionario e incluso combativo en la actualidad?
R: Creo que sí. La autonomía corporal significa que las personas tienen derecho a hacer lo que quieran con su cuerpo, incluso reducirlo si lo necesitan para acceder a una mejor atención médica, por ejemplo. Pienso que algunos de estos movimientos tienen más que ver con la búsqueda de capital social y sexual, y también con el abandono de las personas que se quedan rezagadas en el movimiento.
P: En el libro comenta que empezó a reunir la fuerza y las herramientas necesarias para hacer lo que durante mucho tiempo le había parecido imposible: dejar de hacer dieta, dejar de obsesionarse y vivir en paz con su cuerpo. ¿Lo has logrado?
R: Creo que siempre es un trabajo en progreso porque es algo en lo que tengo que trabajar a diario. Cada vez hay más desafíos en un mundo donde hay menos solidaridad, menos ejemplos de cuerpos con sobrepeso y una creciente fetichización de la delgadez extrema, lo que dificulta cada vez más vivir con esa sensación de paz cuando ves tantas imágenes de celebridades encogidas por el Ozempic.

P: La activista gorda Kate Harding habla de que se privilegia a la ‘gordita buena’, la que adopta comportamientos supuestamente saludables, como hacer dieta, o que considera su propia gordura como un fracaso. ¿Por qué despierta tanto odio una mujer gorda orgullosa de su peso?
R: Creo que es una gran señal visual de inconformismo. Es una forma de decir que, en realidad, no te importan sus estándares de belleza. Es como tener, en algunos círculos, el pelo azul o tatuajes visibles: no se trata de una estética pensada para complacer al otro y revela al mundo unas afiliaciones políticas. Es una forma de indicar que no te interesa el tipo de trabajo de belleza que el patriarcado quiere que realices. La gordura, más que cualquier otro indicador, es una forma de decir que no vas a gastar tiempo ni dinero en complacer a los hombres en particular y al patriarcado en general.
P: ¿Por qué la convicción de que las personas gordas no están sanas es una manera de humillar que no surge de un lugar de auténtica preocupación por su bienestar?
R: La evidencia es compleja, pero demuestra que la relación entre el peso y la salud es muy individual a la par que compleja a nivel poblacional. A nivel poblacional, parece una curva en forma de U, donde las personas muy delgadas y muy gordas se relacionan con más problemas de salud y mayor mortalidad. Sin embargo, nunca nos preocupamos por las personas muy delgadas ni moralizamos al respecto. También vemos que la categoría de peso más saludable es la de sobrepeso. Y, sin embargo, si alguien está en la categoría de sobrepeso, como yo, los médicos le dirán que baje de peso, aunque estadísticamente hablando, tenga, en promedio, el menor riesgo de mortalidad. Y eso sugiere que no se trata realmente de salud, sino más bien de estética. No es que hayamos establecido que las personas con cierto peso tengan problemas de salud. Existe una correlación entre el peso muy alto y ciertos riesgos de mortalidad y morbilidad, pero no estamos seguros de si se trata de correlación o causalidad.
P: La gordofobia no solo enraizada en el racismo, sino que lo perpetúa.
R: Existe un trabajo brillante de la socióloga estadounidense Sabrina Strings que demuestra que la gordofobia es una invención bastante moderna, a diferencia de algunas formas de prejuicio muy antiguas, como la misoginia. Es básicamente una invención de mediados del siglo XVIII. En ese momento histórico, la pseudociencia racista blanca planteó la idea de que los cuerpos negros son más gordos y, por lo tanto, más cercanos a la naturaleza, más primitivos. Todas estas ideas racistas ofensivas carecen de fundamento empírico y son una justificación a posteriori de la conclusión inevitable de que algo en los cuerpos negros justificaba su esclavitud, lo cual, por supuesto, es una idea maligna paradigmáticamente injustificable. No es que la gordura fuera denigrada y luego utilizada para difamar a las personas negras, sino que la negritud necesitaba ser denigrada y, por lo tanto, la gordofobia se utilizó como una nueva invención para denigrar la negritud.
P: En 2011, Amy Edmund Farrell escribe en Fat Shame, stigma and the fat body in American culture que ascender en la escala socioeconómica a menudo significa aspirar a un cuerpo más delgado.
R: 100%. Se trata de mostrar tu riqueza con tu cuerpo. A lo largo de los años, solía celebrarse la gordura moderada, por ejemplo, en una pintura de Rubens, porque esa silueta -al menos en mujeres blancas- significaba que tenías suficiente para comer y que eras comparativamente rica porque tenías amplio acceso a alimentos más ricos o azucarados que escaseaban. Ahora es al revés. La forma de demostrar tu riqueza es mostrando que tienes acceso a clases de Barre, al servicio de entrega de ensaladas y, por supuesto, a Ozempic. Esto significa que ser una persona delgada es un poderoso indicador de clase social e ingresos. Pero también significa que, curiosamente, cuando esos fármacos se vuelven más accesibles, ya no basta con ser delgada, hay que ser súper delgada. Eso ocurre especialmente con las mujeres de derechas, que demuestran que tienen altos ingresos con procedimientos estéticos muy visibles, lo que nos lleva al rostro ‘Mar-a-Lago’. Es una forma de señalar que estas mujeres son de derechas, pero también que son ricas y que tienen acceso a procedimientos poco sutiles que las hacen parecer tan ricas como quieran aparentar serlo.
P: ¿Cómo ha influido el trabajo feminista sobre el gaslighting en su creencia de que hay algo en la cultura de la dieta que nos hace creer que tenemos que estar perpetuamente perdiendo peso?
R: Las investigaciones y nuestra propia experiencia indican que si perdemos peso, lo habitual es recuperarlo después, incluso con algunos kilos de más. Por cierto: la fluctuación entre diferentes pesos es peor para la salud que mantener un peso estable, aunque sea algo elevado. Sin embargo, nos hacen creer que tenemos que ponernos a dieta no por nuestra salud, porque sabemos que en realidad no vamos a estar más sanas, ni porque creamos que finalmente vamos a estar más delgadas, sino simplemente por esta vaga sensación de obligación de seguir intentándolo. Me parece la misma trampa en la que caen las mujeres cuando saben que una relación no funciona.
P: Dice que las mujeres gordas pueden ser “un bocadillo barato y sabroso, no una comida de verdad” y que por tanto, sois “el equivalente sexual de la comida basura”.
R: No es que las mujeres gordas no sean consideradas sexys. Son una de las búsquedas más comunes en la pornografía. No es que no despierten deseo sino que la delgadez en las mujeres es la clave del capital social y sexual para un hombre heterosexual. El hombre que quiera salir con alguien abiertamente o casarse, querrá una mujer delgada que le aporte capital social y sexual a los ojos de los demás, especialmente de otros hombres. Pero bien podría sentirse atraído por una mujer más gorda, como lo demuestra el hecho de que tantos se masturben viendo a mujeres gordas en la pornografía. Estos hombres no solo acceden a cuerpos más gordos a través de la pornografía, sino que también se acuestan en secreto con ellas y lo disfrutan como un fetiche sexual. Pero eso no se traduce en pensar en que las mujeres de mayor tamaño son material potencialmente apto para citas y matrimonio. Eso significa que las mujeres gordas pueden ser explotadas sexualmente porque son tratadas como algo que es divertido consumir de una manera secreta y culpable. Como las patatas fritas que te comes en el coche y luego tiras el envase de McDonald ‘s... Con culpa y vergüenza.
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