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El PSOE contiene la respiración ante las elecciones andaluzas tras la “dulce derrota” de Castilla y León

Dirigentes territoriales, cargos orgánicos y militantes analizan el resultado y las expectativas de Montero: “No se puede ser candidata el fin de semana”

Sede del PSOE del distrito Madrid Centro el 19 de marzo antes de una reunión en la que militantes debatieron sobre las elecciones en Castilla y León.Candela Ordonez

El PSOE ha disfrutado esta semana de una tregua con la que casi nadie contaba. Las elecciones en Castilla y León han aliviado la racha de malos resultados en Extremadura y Aragón. Aunque no le dé para gobernar, los dos escaños ganados y el leve repunte de votos han sido un respiro para los socialistas antes de las elecciones de Andalucía, la gran prueba de fuego para Ferraz y La Moncloa que puede condicionar el resto de la legislatura. Todo el partido, desde la cúpula a los militantes de base, contiene el aliento a la espera de que el presidente autonómico, Juan Manuel Moreno, convoque los comicios. El objetivo del barón del PP es revalidar la mayoría absoluta en la Junta, donde ya lleva siete años y medio. El de la vicepresidenta María Jesús Montero, aunque no se reconozca en público, es que la pierda y que dependa de Vox. Pero el miedo que los socialistas no se quitan de encima es que la todavía número dos del Gobierno y del PSOE baje de los 30 escaños que obtuvo Juan Espadas en 2022, la peor marca en su antiguo bastión y a años luz de las décadas de poderío en las que la todopoderosa federación andaluza duplicaba ese número de diputados.

“El resultado de Castilla y León, donde no olvidemos que el PP lleva 39 años de gobiernos ininterrumpidos, nos insufla oxígeno pero es un espejismo. En Andalucía nos vamos a volver a a dar de bruces con la realidad”, augura el secretario general de una federación del PSOE. “Que Alfonso Fernández Mañueco crezca más de 50.000 votos y cuatro puntos de apoyo [hasta el 35,5%] después de comerse literalmente a Ciudadanos es para hacérnoslo mirar, porque nosotros hemos subido del 30% al 30,7% y ganado 14.000 votantes, tampoco vamos a echar las campanas al vuelo”, añade mientras recuerda que la ventaja del PP en 2022 era inferior a un punto y medio.

“A nadie le amarga un dulce pero este resultado no nos saca de pobres, percibo demasiado triunfalismo”, coincide el secretario de organización de una federación potente, que no concibe cómo el PP, pese al desgaste de los incendios del verano, haya ganado casi 10.000 votos en la provincia de León”. Los socialistas salvaron el primer puesto por 500 votos. En Zamora, la otra provincia más golpeada por los fuegos, el PP también mejoró por 3.500 papeletas. El PSOE, en cambio, perdió 2.000.

Los rostros de alegría contenida, sin llevarse al engaño, de los afiliados que el jueves por la tarde analizaron el resultado en Castilla y León en la agrupación de Centro, en el corazón de Madrid, a unas decenas de metros de donde Pablo Iglesias inauguró la primera casa del pueblo en 1908, resumen el estado de ánimo del principal partido del Gobierno a las puertas de la batalla de las andaluzas. “Fue una derrota dulce”, asentía Roberto González, secretario general de la agrupación y abogado de 46 años, mientras daba la bienvenida en el recibidor de la sede, presidido por un busto del fundador del partido, a una treintena larga de militantes. “El partido ha crecido, nos traemos sensaciones positivas como haber sido capaces de concentrar el voto progresista en el PSOE”, compartió sus impresiones, viendo el vaso medio lleno, tras ejercer como apoderado en un colegio de Valladolid, en un debate vivo y sin tabúes ni paños calientes que se alargó dos horas.

“Lo que ha pasado en Castilla y León es un ejemplo claro de gestión de las expectativas. La realidad es que la derecha ha crecido. Sostenernos nos deja contentos pero no es para tirar cohetes”, observó Miguel Muñiz, de 65 años y a punto de jubilarse, con los asistentes sentados formando un amplio círculo en una sala con carteles electorales de victorias pasadas de Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero. “Veníamos de dos tundas, sobre todo en Extremadura, y la noche electoral hemos respirado”, reconoció Enrique del Olmo, jubilado de 70 años, que asoció la ligera mejoría a que el candidato, Carlos Martínez, “tenía un proyecto global para la autonomía que no venía de fuera”. “Claro que influye el candidato, en Extremadura no tenía que haberlo sido y en Aragón fuimos con una buena candidata pero no tuvo tiempo”, abundó Carlos Méndez, portavoz del grupo municipal en el distrito Centro de 65 años.

El mensaje más rotundo, después de tres rondas de palabra, lo dejó Wooby Jacques, autónomo de 55 años: “Ha sido un alivio para el partido, Castilla y León ha dejado una buena sensación porque llevábamos mucho tiempo sin ganar nada y nos hace ver también la importancia del candidato. Los que proceden del Gobierno fracasan. Se castiga al Gobierno, es una realidad. Quizás alguien se tendría que atrever a decirle al compañero Pedro [Sánchez], al que admiro, que esa dinámica no ha funcionado al menos a corto plazo. En Andalucía está más que cantado que difícilmente se puede ganar, en todo caso sería para las siguientes elecciones”. Sus cavilaciones, seguidas de unos segundos de silencio, resonaron como un aldabonazo y condensan el temor que carcome al PSOE a una nueva debacle en su otrora granero de votos y a las consecuencias imprevisibles que podría tener para los planes del presidente del Gobierno, que insiste en que completará los cuatro años de mandato. Importantes dirigentes de la federación andaluza querrían que Sánchez adelantara las generales y las hiciera coincidir con sus autonómicas para movilizar hasta a medio millón de votantes.

“Liderazgos y campañas pegadas al terreno”

La lectura que hace otro líder territorial es que el resultado sirve como “un ejemplo excelente de que hay liderazgos muy pegados al terreno y con un relato y campañas autónomas” como ya sucedía con los presidentes autonómicos Emiliano García-Page, Salvador Illa y Adrián Barbón. “Ese recorrido estoy seguro que lo puede hacer muy bien Pilar [Alegría], que se llevó un sopapo que no era para ella”, añade el barón, que advierte de la fórmula de los ministros candidatos, como les sucede a la vicepresidenta primera María Jesús Montero, la próxima que se examinará en las urnas, y la valenciana Diana Morant: “No se puede ser ministra entre semana y secretaria general y candidata de fin de semana”.

Montero no disimula su malestar con quienes dudan dentro y fuera del partido de la conveniencia de que sea la candidata. “Nos incorporan dentro de una etiqueta, la de las ministras candidatas. La trayectoria profesional de Alegría, Morant o la mía no tienen nada que ver. Una ha sido delegada del Gobierno, otra alcaldesa y yo he estado 15 años en la Junta de Andalucía llevando las carteras de Sanidad y Hacienda, pero se señala que pertenecemos al Gobierno de Sánchez como si fuera un activo tóxico”, protestó la vicepresidenta el jueves en un acto organizado por RTVE y Efe. “Hemos sido muchas más cosas, yo he dedicado mi vida a gestionar hospitales en mi comunidad, y la Sanidad en Andalucía es el servicio más deteriorado con [Juan Manuel] Moreno Bonilla”, remachó, dejando claro cuál será uno de los ejes de su campaña electoral. “María Jesús tiene un desgaste innecesario. ¿Qué necesidad hay de que siga siendo la vicepresidenta, con los presupuestos empantanados?“, lamenta una dirigente de su tierra.

Otra de las derivadas más llamativas de Castilla y León es cómo Carlos Martínez, que no ha apoyado a Sánchez en ningún proceso orgánico, es reivindicado por todo el PSOE, trascendiendo las etiquetas de sanchista y antisanchista que aún se arrastran desde las primarias de 2017. “Me encanta que algunos hayan descubierto a Carlos Martínez. Y también que no se trataba de un sanchista de primera hornada. Han sido unos meses teniendo que soportar que era un títere mío y de Javier Cendón [secretario provincial de León], un mandado de Ferraz y que no le conocía nadie”, expresó Óscar Puente en redes sociales. “Pues no, es lo que decíamos que era los que creímos que era el mejor candidato: un tipo genuino, buena gente, con buena cabeza, ganador de elecciones y con una gestión que le avala”, apostilló el ministro y secretario general de la provincia de Valladolid.

“Carlos nunca fue sanchista, siempre mantuvo su independencia y por eso es un modelo a seguir. No tenemos que hacer seguidismo de Ferraz, los territorios tienen que defender lo suyo, como ha dejado claro con su rechazo al modelo de financiación del Gobierno”, discrepa un presidente de Diputación. Otro ejemplo de su perfil es que Martínez se plantó frente a las preferencias de la dirección federal, partidaria de que la noche electoral fuese en Valladolid. La siguió en Soria, donde ha sido alcalde los últimos 19 años. “Agradezco mucho a Carlos que se pronunciara a favor de un buen modelo de financiación”, ha valorado García-Page, que participó en la campaña castellanoleonesa distinguiendo la figura de los regidores: “La política real está en los municipios, son la parte de la política que no puede meterse en el basurero en el que se ha convertido la política general”.

La preocupación por la fractura en los partidos a la izquierda del PSOE tras su último batacazo electoral es otro elemento común que le quita el sueño a dirigentes y militantes de base. “Si no tenemos muleta para gobernar, pues tendremos un problema tremendo”, vaticina el alcalde de una ciudad media que gobierna en minoría. “Lo que hay a nuestra izquierda es un desastre, vaya imagen hemos dado en el último Consejo de Ministros, quitando protagonismo a las medidas contra la inflación”, añade una secretaria provincial. “El agujero a nuestra izquierda es importantísimo, hay 3,5 millones de personas que no van a votarnos nunca y si no existe ese espacio gobernará la derecha”, alertó Enrique del Olmo en la asamblea de la agrupación de Centro. “Necesitamos que la izquierda a nuestra izquierda se ponga las pilas para que no nos vuelva a pasar como en las municipales de 2023. Con un desempeño parecido al de 2019, perdimos muchísimas comunidades y Ayuntamientos porque nuestros socios desaparecieron”, apuntilló Ricardo Rosas, de 34 años y asesor en el Ministerio de Ciencia.

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