Ir al contenido
_
_
_
_

Belén Martínez Carbonell, número dos de la diplomacia europea: “Entendernos con EE UU sigue siendo imprescindible”

La diplomática gallega, secretaria general del Servicio Europeo de Acción Exterior de la UE, reclama más orgullo europeo en la actual crisis geopolítica: “Hacemos mucho y lo contamos poco”

El despacho es amplio y diáfano, casi desnudo, salvo por unas fotos de familia en un discreto rincón. Una bandera europea algo desmesurada preside la sala y deja entender que aquí se trabaja en nombre de una idea. Belén Martínez Carbonell (Ourense, 56 años) se disculpa por su castellano “oxidado”. Lo habla a la perfección, pero con esas leves marcas de quien lleva más de tres décadas viviendo fuera de España. Cálida pero cautelosa, cumple un año como secretaria general del Servicio Europeo de Acción Exterior, la diplomacia de la UE, y número dos de la alta representante Kaja Kallas. El suyo es un perfil discreto y poco conocido fuera de Bruselas, aunque su papel sea central en un tiempo en que la política exterior europea se escribe a golpe de sobresaltos.

P. Lleva un año enlazando crisis. ¿Cómo duerme?

R. Bastante mal, pero estoy aprendiendo a dormir mejor. No es tanto el estrés como pensar en el mundo que dejamos a los que vienen detrás. Mis padres me legaron un planeta en el que las cosas iban a mejor. No me siento nada orgullosa del mundo que le dejo a mi hijo. Intento que mi trabajo sirva para algo.

P. Entró en la Comisión Europea en 1994. ¿Qué le atrajo del proyecto europeo cuando era joven?

R. En el momento de la adhesión de España, yo tenía 16 años. Fue como un mundo que se abría. En la universidad me apasioné por los asuntos europeos. Mi padre estudió Ciencias Políticas, dirigía un colegio concertado y laico en Ourense, y mi madre era economista. Siempre habían viajado y me transmitieron esa curiosidad por salir fuera. Fui la primera generación que hizo un Erasmus. Me fui a Irlanda en cuarto de carrera. Me confirmó que Europa me tiraba mucho.

P. ¿Europa significa lo mismo para un joven de hoy?

R. Quiero pensar que sí. Creo que la juventud española sigue siendo europeísta. Mi hijo, que tiene 20 años y estudia en el Reino Unido, lo es. Para mí, irme a Europa fue una aventura. Los jóvenes de ahora dan por hecho un mundo sin barreras: viajar sin pasaporte y sin gastarse una fortuna, relacionarse con gente de otros lugares, hablar varios idiomas. Para los que crecimos sin internet, salir al extranjero fue un estímulo enorme. Viajar y vivir fuera fue algo parecido a nuestro internet.

P. Hoy, en cambio, un 20% de los jóvenes españoles creen que la dictadura fue “buena” o “muy buena”.

R. Me preocupa, se dicen cosas sin ser consciente de lo que implican. Una dictadura no es solo privación de libertades: también afecta al crecimiento económico, a las oportunidades, al futuro. Es aislacionismo, proteccionismo, autarquía. Hay un enorme problema de desinformación y de manipulación. ¿Hasta qué punto somos libres si hay un sesgo permanente en la información que recibimos? La resiliencia democrática pasa por una sociedad mucho mejor informada. Cuidado con esto.

P. ¿Qué cualidades definen a un buen diplomático?

R. Paciencia, para empezar. Firmeza en los principios, contención en las formas. Tener claro el compás que nos guía, que son los principios del derecho internacional. Y, al mismo tiempo, mostrar pragmatismo al gestionar relaciones con quien piensa distinto, empatía para entender de dónde viene el otro. Buscar lo que une. Y marcar líneas rojas: si no, pierdes tu identidad.

P. De Diego Sarmiento de Acuña a Salvador de Madariaga, pionero del europeísmo, ¿los gallegos llevan la diplomacia en el ADN?

R. Contestar a una pregunta con otra pregunta, esa cosa tan gallega, es una táctica diplomática bastante útil. Y luego se dice que, si te cruzas con un gallego en una escalera, nunca sabes si sube o si baja. Es otra buena estrategia: a veces, no mostrar del todo lo que piensas te da espacio para negociar.

P. ¿Cómo cambia su oficio con la actual brutalización de las relaciones internacionales?

R. Aumenta mucho más el peso de la política de defensa. Europa debe ser más autónoma: invertir en capacidad de defensa, en autonomía estratégica y estar preparada para tomar decisiones si llega el caso. No nos tiene que temblar el pulso.

P. ¿Eso significa pasar de la moderación a la disuasión?

R. Significa no ser ingenuos. Los europeos no queremos una escalada y haremos todo lo posible por evitarla. Todo lo que se pueda resolver por la vía diplomática, lo intentaremos antes de utilizar otros medios. Pero, al mismo tiempo, tenemos que profundizar en defensa más de lo que veníamos haciendo y diversificar alianzas con países terceros, como hemos hecho con India.

P. A la UE se le reprocha su cautela e incluso su debilidad. ¿Qué responde?

R. Que no lo hemos hecho tan mal. En los últimos meses hemos logrado un acuerdo comercial con EE UU y hemos desescalado el conflicto por Groenlandia. Y lo hemos hecho a 27, unidos, con el apoyo del sector privado europeo. Además, hemos logrado que Washington entienda por qué Ucrania es tan importante para nosotros y que apoye nuestra agenda de paz.

P. ¿Qué se pudo hacer mejor?

R. Tal vez podríamos comunicarlo mejor. Los europeos tenemos que estar más orgullosos de lo que hacemos. A veces hacemos mucho y lo contamos poco, y tenemos delante a otros que hacen poco y lo cuentan mucho. Y así la ciudadanía no siempre es consciente de todo lo que se está haciendo.

P. ¿Europa ha sido demasiado dócil con Donald Trump?

R. Es difícil saber cuál es la receta y qué habría funcionado mejor o peor. Estamos frente a una persona muy impredecible. No hay un manual, hay que ir gestionándolo. Y es algo a lo que no estamos acostumbrados. La política exterior tradicional de la Unión, el transatlanticismo, se ha visto puesta en duda. En ese contexto, no nos ha ido tan mal.

P. ¿EE UU ha dejado de ser un aliado?

R. Ahora mismo es difícil definirlo como un aliado, pero sigue siendo un socio indispensable. Con un aliado las sorpresas suelen ser pequeñas; aquí el margen de sorpresa es muy amplio. Aun así, entendernos con EE UU sigue siendo imprescindible, porque en muchas agendas, incluida la de política exterior, va a ser imposible avanzar sin ellos.

“El reto es ser firmes sin convertirnos en matones de patio de colegio. Que se nos respete, pero no por la fuerza, sino por nuestros principios”

P. La UE nació como un proyecto de paz. ¿Llega el final de esa idea?

R. La invasión rusa de Ucrania es un antes y un después. Hemos dejado de ser solo un actor económico y pacificador para usar también los medios de nuestra política de defensa. Lamento que los recursos que podríamos dedicar a una agenda positiva se tengan que dedicar a otra más defensiva. Dicho eso, soy optimista: creo que, al final, saldremos reforzados. Europa siempre sale más fuerte de las crisis.

P. Macron habló en Davos de plantarse ante la “ley del más fuerte”.

R. Ese es el reto: hay que aprender a ser firmes sin convertirnos en matones de patio de colegio. Que se nos respete, pero no por la fuerza, sino por nuestros principios. Y, si llega el momento, por ser capaces de tomar medidas. En el caso de Groenlandia, ayudó demostrar que estábamos dispuestos a adoptar medidas económicas. El sector privado nos apoyaba y los mercados reaccionaron. En el mundo de hoy no juegan solo los Estados. Europa también es una gran fuerza económica, y eso pesa.

P. Ante el auge de la extrema derecha en todo el continente, ¿está en peligro de muerte la Unión Europea?

R. Yo creo que no. Si no existiera, habría que inventarla. En el mundo en el que vivimos, está claro que los Estados miembros aislados no habrían conseguido nada. Limitar la fragmentación es la única forma de avanzar. Que no nos hagan creer lo contrario.

P. Y la OTAN, ¿puede desaparecer?

R. De momento, no lo creo. Si nuestras peores pesadillas sobre Groenlandia se hicieran realidad, entonces sí sería el fin de la Alianza Atlántica tal como la conocemos.

P. ¿Cuál es su peor pesadilla?

R. Una intervención militar. De momento, Trump la ha descartado. Prefiero pensar que no va a ocurrir.

P. ¿Qué opinión le merece la Junta de Paz de Trump?

R. Tal como se ha presentado, no es compatible con la Carta de Naciones Unidas ni con las obligaciones que los Estados miembros tienen por los tratados. Dicho eso, si se circunscribe a la resolución de Naciones Unidas sobre Palestina, con eso no tenemos problema. Nos hace falta el apoyo de EE UU para que la situación en Gaza mejore.

P. ¿Nos dirigimos inevitablemente hacia la guerra?

R. Es que ya estamos en guerra con Rusia... Si hablamos de una guerra con movilización de ciudadanos europeos luchando en los frentes, prefiero pensar que no. En cualquier caso, necesitamos a EE UU para alcanzar una paz justa y duradera, de la forma que el presidente Zelenski decida.

P. ¿Hay que sensibilizar a la ciudadanía sobre una posible escalada?

R. Hay que tomar conciencia de que hemos vivido con mucha comodidad. Puede que haya que renunciar a cosas para evitar una escalada militar. Reforzar la defensa significa reasignar recursos: invertir más aquí y menos en otros ámbitos. No se trata de repartir kits de supervivencia, sino de explicar ese cambio de prioridades. Defender la Europa en la que vivimos, tan privilegiada en lo económico y lo social, va a tener un coste. Y conviene decirlo sin rodeos.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_