Fermentar revoluciona nuestra manera de comer: dos recetas para iniciarse y dos libros para ilustrarse
Un ensayo y un recetario intentan explicar el cómo y el porqué de la transformación de los alimentos, nos ofrecen recetas para la cocina diaria y nos invitan al estudio de los procesos de fermentación

El pan, el yogurt, el vino, las aceitunas, la cerveza, el queso, el vinagre, el chocolate... Nuestra cesta de la compra está repleta de alimentos fermentados. En ocasiones, cuando nos preguntamos dónde y por qué surgieron algunos de estos bocados cotidianos, no hallamos más respuesta que “el azar de aquello que no se ve”. En esencia, es lo invisible. El alma, lo que empuja la transformación y, a partir de ahí, surge el bocado. “La vida, en toda su asombrosa complejidad, comienza en algo diminuto y aparentemente sencillo: la célula”, escriben los autores de Fermentos (Planeta Gastro). Este libro sigue la línea científica y de análisis de El arte de la fermentación (Gaia) de Sandor Ellix Katz o de La guía de fermentación de Noma (Neo-Cook) de René Redzepi y David Zilber.

El libro, escrito por parte del equipo del Basque Culinary Center, busca ser esa “herramienta útil para quienes deseen adentrarse en las profundidades de sus misterios y posibilidades como fuente de información para dimensionar el poder de los microorganismos y también de las enzimas [...] Todo ello guiado por la luz de la ciencia, por la curiosidad y el impulso creativo”. Más de 500 páginas, dirigidas a estudiosos y profesionales, que diseccionan la fermentación, que analizan con minuciosidad la historia, los procesos químicos, los alimentos en su estado constante de vida. Un libro que nos hace reflexionar sobre cómo un alimento fermentado puede ser el vínculo, la unión entre culturas diversas. “En muchos casos, la transformación de un ingrediente redefine su aceptación o rechazo cultural”, escriben los autores, “no es extraño encontrar en Alemania a alguien alabando un kimchi como referencia culinaria exótica, ignorando que el chucrut —a pesar de las similitudes— ha estado en su mesa local durante siglos”.

Si Fermento nos pone la bata de laboratorio para entrar en nuestra cocina, el recetario Fermentación casera (Cinco Tintas), de Beatriz Cayetana Martínez, nos invita a atarnos el delantal para elaborar una cocina diaria más sabrosa y saludable. Esta es una guía práctica que busca lectores ávidos de hacer sus primeros fermentos en casa: el kéfir, la kombucha, el pan, las verduras, los vinagres... Cada receta de este libro pasa por el tamiz de la sencillez, por la explicación práctica y pausada, para hacer entender los procesos y, conseguir con ello, incorporar la fermentación dentro de la alimentación diaria. “Es un libro que busca relacionarse con los alimentos desde la calma, el respeto por los tiempos naturales y la confianza en los procesos vivos”, explica su autora.

Seamos profesionales o aficionados, aquí van cuatro recetas para comenzar a trabajar con los fermentados en nuestras cocinas:
Del libro Fermentación casera:
1
Ensalada picante de zanahoria y lima

Ingredientes
Para 800 g
- 750 g de zanahorias
- 3-4 chiles rojos frescos (como Fresno, Thai o cayena), cortados en rodajas finas (puedes ajustar el picante a tu gusto)
- Ralladura y zumo de 2 limas
- 1 trozo de jengibre fresco de 5-7 cm, en rodajas finas o rallado
- 2 cdtas. de sal marina sin refinar (2,7 % del peso total de zanahorias)
- Utensilio: un frasco de vidrio de 1 l
Instrucciones
Lava y prepara las zanahorias. Si prefieres, puedes pelarlas, pero no es imprescindible. Córtalas en rodajas finas con un cuchillo o mandolina, o rállalas si buscas una textura más uniforme.
Coloca las zanahorias en un bol grande junto con los chiles, el jengibre, la ralladura y el jugo de lima. Espolvorea la sal y mezcla bien, masajeando con las manos 5 o 10 minutos hasta que las zanahorias comiencen a liberar sus jugos.
Rellena un frasco de vidrio de 1 litro con la mezcla, presionándola firmemente para eliminar burbujas de aire y asegurarte de que quede bien compacta. Los jugos liberados deben cubrir completamente los ingredientes. Si no es suficiente, puedes añadir un poco de agua con una pizca de sal.
Coloca un peso encima para mantener las zanahorias sumergidas en su propia salmuera. Cierra el frasco con una tapa con válvula de fermentación o utiliza una tela con goma para permitir la salida de gases.
Deja fermentar a temperatura ambiente entre 7 y 10 días, revisando a diario y presionando si es necesario. Al final del proceso, las zanahorias tendrán un aroma ácido agradable y una ligera efervescencia natural, típica de los fermentos vivos.
Transfiere el frasco al frigorífico para detener la fermentación y conservar la ensalada. Este fermento se mantendrá fresco y delicioso hasta un año.
2
Tempeh de frijoles negros

Ingredientes
Para 2 bloques medianos (de unos 250–300 g)
- 500 g de frijoles negros
- 50 g de arroz cocido y bien seco (opcional)
- 1 cda. de harina de arroz integral (opcional)
- 1½ cdas. de vinagre de manzana sin filtrar
- 2 g (1 cda. rasa) de iniciador de tempeh (Rhizopus)
- Utensilios: un bol grande, un paño limpio, una bandeja o rejilla, bolsas zip perforadas o un recipiente plano con ventilación
Instrucciones
Pon los frijoles en remojo en agua filtrada entre 12 y16 horas. Después del remojo, enjuágalos muy bien. Aunque los frijoles negros no necesitan pelarse, es importante cocerlos en abundante agua, espumando al inicio para retirar cualquier impureza o piel suelta que flote en la superficie.
Cuece los frijoles unos 40-60 minutos, que estén cocidos, pero aún firmes. Escúrrelos bien y sécalos con un paño limpio. Este paso es fundamental para evitar un exceso de humedad durante la fermentación.
Si decides añadir arroz cocido y harina de arroz, mézclalos ahora en un bol grande con los frijoles cocidos y ya fríos. Asegúrate de que la harina se reparta de forma uniforme.
Añade el vinagre de manzana y mezcla bien para acidificar el entorno y preparar los frijoles para la fermentación. Incorpora el iniciador de tempeh y mezcla con cuidado hasta distribuirlo completamente.
Vierte la mezcla en bolsas de congelación perforadas (haz pequeños agujeros con un tenedor o palillo para que respire), en un molde de acero inoxidable especial para tempeh o incluso en un recipiente plano perforado por ti (como un táper reciclado con agujeritos). Extiende la mezcla en una capa uniforme de unos 2 cm de grosor y ciérralo bien. Colócalo sobre una bandeja de rejilla o en un lugar donde circule el aire.
Deja fermentar en un espacio cálido y estable, entre 29 y 32 °C, 1 o 2 días. Puedes usar una fermentadora, un horno con la luz encendida o cualquier rincón cálido de tu casa. Cuando el tempeh esté listo, estará cubierto por una capa blanca, con un olor agradable a nuez.
Déjalo enfriar y guárdalo en el frigorífico si lo vas a consumir en los próximos días, o congélalo para conservarlo más tiempo. Una vez listo, puedes cortarlo en lonchas y cocinarlo como más te guste: salteado, frito, al vapor o al horno.
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