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Cuando el agua brota hasta de los enchufes: ¿por qué estas lluvias que inundan España son tan extraordinarias?

La Península ha sufrido ocho borrascas de alto impacto desde que arrancó el año. Mientras se baten récords y los suelos se saturan cebando las inundaciones, los expertos apuntan a un cambio climático que vuelve más potentes los temporales

Son de esas imágenes que se vuelven virales y acaban en los telediarios de medio planeta: el agua saliendo a chorro por los enchufes de las casas en el municipio gaditano de Grazalema, que se ha convertido en el epicentro de las lluvias que trajeron a mediados de esta semana la borrasca Leonardo y, desde este sábado, otro nuevo temporal, Marta. Pero lo ocurrido esta semana forma parte de una concatenación de borrascas que azotan la Península desde que arrancó el año y que están poniendo a prueba la respuesta de las autoridades, los servicios de emergencias y el resto de la población. El pasado enero, por ejemplo, fue el enero más lluvioso de los últimos 25 años en la España peninsular.

Sobre ese caldo de cultivo aterrizó el miércoles la borrasca Leonardo, la séptima de entidad que llega a la Península en solo un mes. Tanta lluvia y nieve sostenida desde que arrancó el año ha llevado a los suelos de una parte significativa del país al límite: no son capaces de absorber más agua. Cuando eso ocurre, explica Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), se dispara el “riesgo de escorrentía” y las inundaciones. “No se trata de lluvias normales. Llueve sobre mojado”, remachaba por su parte la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, tras una de las reuniones de seguimiento del temporal el jueves.

La primera semana de febrero se ha llegado al límite si se atiende a la saturación de los suelos. En buena parte de la Península estaban ya a finales de enero a su máxima capacidad de absorción de agua, lo que hace que las nuevas lluvias desencadenen las escorrentías que desbordan ríos y cauces y llenan más los pantanos, lo que obliga luego a desembalsar, alimentando más las inundaciones. En los avisos especiales enviados esta semana debido a las borrascas Leonardo y Marta, la Aemet ya alertaba de que las precipitaciones se iban a dar en zonas de Andalucía, donde “las condiciones de saturación del suelo” eran “elevadas” por los sucesivos temporales.

Esta agencia realiza un seguimiento periódico de, entre otros parámetros, la humedad del terreno. El 3 de febrero, cuando llegó Leonardo, el norte, el oeste y el sur peninsular, además de Baleares, habían alcanzado su capacidad máxima de humedad tras un mes de tren de borrascas.

Enchufes echando agua en una casa de Grazalema (Cádiz)| Vídeo: EFE

La Aemet elabora cada diez días un documento con el Balance Hídrico Nacional en el que se ofrecen varios parámetros de 86 estaciones meteorológicas de referencia. De las 76 ubicadas en la Península, Ceuta, Melilla y Baleares —Canarias está quedando al margen de la mayoría de estos episodios de lluvias—, en 58 esa capacidad máxima de humedad estaba ya a principios de febrero por encima del 90%. Y 33 de ellas estaban ya saturadas al haber alcanzado el 99% o el 100%. Estos son los datos de las 86 estaciones de referencia:

Los suelos se saturaron por las persistentes lluvias. En enero, se acumularon 119,3 litros por metro cuadrado en el conjunto de la España peninsular. Es el octavo enero más lluvioso desde 1961, según la serie histórica de la Aemet. Hay que retroceder hasta 2001 para encontrar uno con más precipitaciones, cuando se registraron 131,5 litros por metro cuadrado.

De las 727 estaciones de la Aemet con al menos 15 años de datos históricos, 156 han registrado este 2026 el enero más lluvioso. Además, 43 de ellas —las representadas en el siguiente gráfico— han acumulado más de 200 litros por metro cuadrado de precipitación en el mes.

Pero, sin duda, Grazalema destaca entre todas las estaciones por la descomunal cantidad de precipitaciones recibida, lo que ha obligado incluso al desalojo total del municipio ante el riesgo de colapso por el agua acumulada, que ha llevado al límite al acuífero que hay bajo los pies de este pueblo gaditano.

Grazalema es uno de los lugares de España con más precipitaciones. La sierra en la que está encajonado este pueblo es el primer gran obstáculo con el que se encuentran las borrascas atlánticas que llegan a la Península, y donde quedan atrapadas.

Aun así, lo ocurrido en enero es inédito. Ha sido el enero más lluvioso de la serie histórica. Por mucho: se acumularon 1.296 litros por metro cuadrado, 503 más que el anterior máximo, que data de 2001.

Cuando llegó Leonardo, Grazalema sufrió otro zarpazo histórico: el miércoles 4, recogió en solo 24 horas 577 litros por metro cuadrado. “Es una situación excepcional”, señala Juan de Dios del Pino, delegado territorial de la Aemet en Andalucía, Ceuta y Melilla. El anterior récord diario databa del 27 de enero de 1948, con cerca de 350 litros. Es decir, el miércoles cayó un 66% más. La estación meteorológica de Grazalema recoge datos desde 1913. Del Pino resalta también lo anómalo de la forma de llover del miércoles: “Fue constante desde el comienzo a razón de unos 30 litros por metro cuadrado a la hora durante 24 horas, con una intensidad fuerte pero no torrencial, muy diferente a las danas”.

Esto ha llevado a una situación también “extraordinaria” del acuífero, como explica Bartolomé Andreo, director del Centro de Hidrogeología de la Universidad de Málaga. Su grupo de trabajo estudia desde 2012 esta masa de agua subterránea. En una situación normal, cuando llueve de forma continuada, este acuífero cárstico “puede modular” el agua, que se alivia por los manantiales que hay en la sierra. Pero, con unas precipitaciones tan fuera de lo normal, “no ha sido capaz” y el agua ha empezado a salir incluso por cotas por encima del municipio, lo que aumenta el riesgo que ha llevado al desalojo ordenado por las autoridades.

Más allá de lo ocurrido el miércoles, a Del Pino, como al resto de expertos consultados, le llama la atención el insólito tren de borrascas que están descargando en la Península desde hace semanas. Desde el inicio del año, se han sucedido ocho con nombre. A los temporales se les bautiza solo cuando se prevé que sean de suficiente intensidad como para obligar a activar avisos naranjas o rojos por fuertes vientos, lluvias o nieve. Es decir, cuando son de alto impacto.

Los expertos tienen claro que esta no es la lluvia de siempre. Para explicar lo que ocurre, los meteorólogos miran directamente al conocido como chorro polar, una corriente de fuertes vientos ubicada a unos nueve kilómetros de altitud y, normalmente, en latitudes norte, cercanas al polo. “Es como un flotador que mantiene confinado el aire frío en latitudes más altas, como las regiones del norte de Europa”, explica el meteorólogo y presentador de RTVE Martín Barreiro. “Cuando pierde intensidad, se forman meandros y el chorro baja a latitudes más bajas, hasta la Península ibérica, como ahora”, añade. El resultado es “una especie de tobogán por el que viajan las borrascas desde el Caribe hasta la Península y el Mediterráneo”.

Lo realmente “insólito” es que esa anomalía se mantenga tanto tiempo como ahora. “Es tremendo”, dice Barreiro. Aunque se necesita que el actual episodio termine para poder estudiar su vinculación con el cambio climático, este meteorólogo considera que existe una huella del calentamiento en lo que está ocurriendo. Por un lado, la pérdida de intensidad del chorro polar se relaciona con el aumento de la temperatura de la región ártica, la que más rápido se está calentando. Por otro lado, como añade Del Pino, de la Aemet, “en un contexto de cambio climático, con una atmósfera más cálida como la que tenemos ahora, ese río atmosférico trae más vapor de agua”. Es decir, borrascas con más precipitaciones.

Otro indicador válido para dimensionar lo ocurrido es el enorme incremento que ha vivido la reserva hídrica española esta semana. Los embalses de la España peninsular, según el último Boletín Hidrológico de Transición Ecológica, han llegado al 67,3% de su capacidad esta semana. En solo siete días, esa reserva ha aumentado en 8,1 puntos porcentuales. Es el segundo mayor crecimiento semanal desde que arrancó la serie histórica en 1988. Tanto en volumen como en incremento en puntos porcentuales. Hay que retroceder hasta enero de 1996 para encontrar una subida mayor: 4.735 hectómetros cúbicos y 9,2 puntos.

Sin embargo, las precipitaciones también han dado un respiro a los humedales muy castigados por la sobreexplotación de los acuíferos por el uso agrícola. En Andalucía, ha reaparecido la laguna de La Janda, en Cádiz, uno de los humedales más grandes y emblemáticos, que fue desecado en los años setenta del siglo pasado.

“Cuando la ves así, con unas 7.000 u 8.000 hectáreas inundadas, como en sus épocas de máxima inundación, te das cuenta de que sería un paraíso equiparable a Doñana”, sostiene José Manuel López, presidente de la Asociación de Amigos de la Laguna de la Janda. La lámina de agua ha anegado campos de aguacates, olivos y otros cultivos que hoy crecen donde debería estar el humedal. Pero López es consciente de que se trata de una inundación pasajera y de que el humedal desaparecerá en cuanto escampe.

En Doñana, la joya de los humedales europeos, las lluvias están provocando una inundación que avanza con rapidez. La marisma presenta ya un 88% de su superficie cubierta de agua: unas 30.000 hectáreas de un total de 34.000. Son niveles que no se alcanzaban a estas alturas del año desde 2010, lo que augura una buena temporada ecológica. Pero tampoco estas precipitaciones bastarán para poner fin al problema crónico de la sobreexplotación del acuífero.

En otros lugares, la situación no es tan halagüeña. En el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real), otro de los grandes humedales del país, apenas hay 430 hectáreas encharcadas, y lo están gracias a los sondeos de emergencia que extraen agua del acuífero.

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