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El calentamiento que Trump niega alcanza niveles récord en el Ártico y alimenta el apetito por Groenlandia

En esta región, la que más sufrió el aumento de la temperatura en 2025, se ha acelerado la pérdida de hielo que deja al descubierto nuevas rutas marítimas y recursos

El cambio climático —que el presidente de EE UU, Donald Trump, considera “la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo”— es precisamente lo que está alimentando el apetito por hacerse con el control de Groenlandia, objetivo declarado del republicano. Porque el calentamiento global causado por el ser humano alcanza niveles récord en la región Ártica. Y esto desencadena un deshielo que permite la apertura de nuevas rutas marítimas que las grandes potencias quieren controlar y un teórico mejor acceso a los recursos —minerales y combustibles fósiles— de esta enorme isla.

La región ártica se está calentando más rápido que el resto del planeta. Entre tres y cuatro veces más que la media global, aclara Samantha Burgess, subdirectora del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, dependiente de la Comisión Europea. Copernicus, en colaboración con varias agencias internacionales y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) , presenta este miércoles su resumen climático de 2025, que se cerró como el tercer año más cálido desde, al menos, 1850, el momento a partir del que el ser humano empezó a quemar de forma masiva los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global.

El primer puesto en la clasificación de los años más cálidos lo ocupa 2024 y el segundo 2023. Es decir, los tres últimos años son los más calurosos registrados hasta ahora, una prueba más de ese cambio climático que Trump niega. Y aunque hay algunos factores que han influido en la reciente acumulación de años cálidos, la causa principal, aclara Burgess, es el “récord de concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera”.

Fue en la última asamblea de Naciones Unidas, celebrada en Nueva York a finales de septiembre, cuando Trump insistió en que el cambio climático era “la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo”. Recurriendo de nuevo a la mentira sostuvo también que las predicciones de la ONU han sido “erróneas”. Pero lo cierto es que la evolución del calentamiento sigue la senda marcada por los modelos científicos y, si de algo se le pudiera acusar a los miembros del IPCC —la plataforma internacional de expertos vinculada a la ONU— es de haberse quedado cortos en sus predicciones.

Cuando el Acuerdo de París se firmó en 2015, se esperaba que el limité de los 1,5 grados Celsius de aumento de la temperatura global respecto a los niveles preindustriales se sobrepasara de forma estable en unos 20 o 30 años. Ahora, Copernicus considera que eso puede ocurrir a finales de esta década, 10 años antes de lo previsto cuando se firmó París. Esto se debe, apunta Burgess, a que cuando se cerró el Acuerdo de París —que establece como objetivo que el calentamiento se quede entre los 2 y los 1,5 grados— “se esperaba que las emisiones se redujeran más rápido de lo que hemos observado en la última década”. “Esa es realmente la gran diferencia”, afirma esta experta.

Según los datos recabados por los especialistas de Copernicus, la temperatura global del aire en 2025 en la superficie del planeta fue 1,47 grados Celsius superior a la del nivel preindustrial. En 2024, el año más cálido hasta ahora, llegó a los 1,6.

Pero cuando se divide el planeta por paralelos, lo que se observa es esa tasa acelerada de calentamiento en el Ártico, donde 2025 fue el segundo año más cálido registrado hasta ahora. Esto tiene efectos directos sobre la cobertura de hielo. Según explica Copernicus, en 2025 la extensión mensual del hielo marino en el Ártico fue la más baja registrada para la época del año en enero, febrero, marzo y diciembre, y la segunda más baja en junio y octubre. Esa reducción es la que abre esas nuevas rutas marítimas, que China, Rusia y EE UU ansían controlar y que ha llevado a Trump a amenazar con tomar Groenlandia por la fuerza.

La tasa de calentamiento del Ártico —tomando como referencia el paralelo 60 Norte— fue en 2025 la más alta de nuevo si se toma como referencia el periodo comprendido entre 1991 y 2020. La temperatura media en esa región estuvo 1,37 grados por encima de lo normal, frente a los 0,6 del conjunto del planeta. La segunda zona que experimentó una mayor anomalía fue la región antártica —ubicada entre los paralelo 60 y 90 Sur—, con 1,1 grados. Burgess recuerda que esa rápida pérdida de hielo tiene un efecto de “retroalimentación”, porque aumenta el calor que absorbe la tierra, con lo que se agrava más el problema.

El informe de Copernicus se publica este miércoles en colaboración, además de con la OMM, con algunas agencias dependientes de la Administración de Estados Unidos, como la NASA y la NOAA, cuyos datos de observación de los últimos años han sido esenciales para la ciencia climática. Pero el Gobierno de Trump ha emprendido una campaña de recortes aduciendo que los científicos contribuyen al “alarmismo climático”. El último paso dado por la Casa Blanca ha sido anunciar que su país se retira del IPCC.

Preguntado por esos ataques a la ciencia climática de la Administración de Trump, Florian Pappenberger, director general del Centro Europeo de Previsión Meteorológica a Medio Plazo, del que depende Copernicus, reconoce que resulta “preocupante” que se pueda generar un problema con los datos, porque las “observaciones son esenciales en los esfuerzos por afrontar los desafíos del cambio climático y la calidad del aire”. Pero también recuerda que el nuevo administrador de la NOAA, Neil Jacobs, se ha comprometido a no eliminar los datos recabados hasta ahora sobre la evolución del cambio climático. La incógnita es qué puede ocurrir en los próximos años en los que el calentamiento no va a remitir.

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Sobre la firma

Manuel Planelles
Periodista especializado en información sobre cambio climático, medio ambiente y energía. Ha cubierto las negociaciones climáticas más importantes de los últimos años. Antes trabajó en la redacción de Andalucía de EL PAÍS y ejerció como corresponsal en Córdoba. Ha colaborado en otros medios como la Cadena Ser y 20 minutos.
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