Ir al contenido
_
_
_
_

Hacerse mayor en un piso de alquiler: “Alargaré mi vida laboral para cobrar más pensión, pero me tendré que ir a un pueblo. Esto va a explotar”

La crisis inmobiliaria provoca que cada vez más personas mayores de 45 años se vean obligadas a vivir de arrendamiento, una situación que les genera inseguridad

A Ramón Bultó le preocupa el futuro. O más bien su futuro viviendo de alquiler a sus 57 años. “Claro que la situación me preocupa. Puede que extienda mi vida laboral unos años para incrementar mi pensión, pero aun así es probable que me tenga que ir a un pueblo, muy lejos de mis hijas, amigos y de la ciudad en la que nací y crecí”. Reside en un piso en el barrio de Buenavista de Getafe (Madrid) con su hija mayor Gabriela, de 21 años y estudiante, y trabaja en el departamento de informática para una multinacional. Paga 751 euros al mes porque hace tres años, con el apoyo del Sindicato de Inquilinas de Madrid, se negó a firmar un nuevo contrato de 1.100 euros con el fondo buitre Fidere.

Iván Aranda, de 46 años, vive de alquiler en el distrito de Arganzuela (Madrid), está separado y tiene dos hijos. Trabaja en consultoría de energías renovables y reconoce su suerte, aunque no esconde su incertidumbre y desasosiego. “Hoy tengo un buen trabajo, pero sería difícil mantener el nivel de gasto si al año que viene no lo tuviera. Me preocupa qué pasará cuando me jubile, el soltar todos los meses esa cantidad de dinero que no se traduce en un activo del que yo sea propietario y al cabo de 20 años no tener un sitio en el que caerte muerto. Si hubiese un ecosistema de alquiler con oferta suficiente y a precios razonables sería todo mucho más tranquilo”. Paga 1.300 euros al mes, un precio bajo para la zona —donde se están pidiendo hasta 1.700 euros— porque el casero es su amigo. El lugar no es un capricho: ha alquilado cerca de donde vive su expareja “para que la logística con los hijos sea más o menos cómoda”, indica.

Hay muchos ejemplos como estos. El alquiler ya no es solo y exclusivamente de jóvenes. Cada vez más personas de mayor edad se ven abocados a este mercado ante la imposibilidad de comprar casa. Quieren huir de un alquiler incierto y caro. España, históricamente país de propietarios donde la casa ha sido el mejor plan de pensiones, se encuentra ante un nuevo escenario. Y no parece estar preparado para lo que está por llegar: el envejecimiento de la población española en un alquiler. La generación del baby boom —nacida entre finales de los cincuenta y mediados de los setenta— será la primera en chocar con esta dura realidad.

“Bomba de relojería”. Así lo califica Josep Oliver, catedrático emérito de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, quien habla de la necesidad urgente de que el Gobierno y las políticas públicas atiendan a este colectivo que se acerca o está en edad de jubilación. El tiempo avanza en su contra. “El acceso a una vivienda en propiedad es cada vez más difícil, principalmente porque la gente no puede ahorrar para la entrada de un piso debido a los altos precios que pagamos por el alquiler. La gente va cumpliendo años, con lo que se hace más difícil ahorrar y que te concedan una hipoteca que te permita pagar una vivienda en el tiempo que te queda hasta la jubilación. Esto va a estallar”, sentencia Ramón Bultó.

Aunque el grueso del alquiler en España sigue estando en manos de personas de entre 30 y 40 años, CaixaBank Research constata que el peso de los inquilinos con edades de 45 a 65 años ha aumentado en los últimos años, desde antes de la pandemia. Y los datos del INE confirman que este colectivo sigue en ascenso cada año. En 2024, última cifra disponible, los hogares de 45 a 65 años que vivían bajo esta modalidad era del 14,9%, más del doble que en 2004 (6,5%). El grupo encabezado por una persona de 65 años o más era del 5,2% en 2024, cuando hace dos década suponía el 3,2%.

Este incremento refleja una transformación estructural del mercado, donde el alquiler deja de ser exclusivo de jóvenes y afecta a un rango de edad más amplio. El catedrático Oliver lo disecciona. “Por edad, en España el 32% de todo el alquiler corresponde a hogares cuya persona de referencia tiene o supera los 50 años”. En términos de accesibilidad (alquiler entre renta familiar) pagan en torno al 25% de sus ingresos. “El nivel de esfuerzo es menos alto, porque por lo general suelen tener mayores ingresos”, dicen en CaixaBank.

Ahora bien, la cosa cambia cuando se pone la lupa en el nivel de renta familiar. “Vemos concentración del alquiler en los hogares más pobres”, cuenta Oliver. Más del 37% del alquiler se concentra en el tercio de hogares con ingresos más bajos y destinan el 44% de estos a pagar el alquiler, muy por encima del 30% del máximo aceptable. Si se añaden otros gastos básicos, como los suministros, a estos hogares les queda libre menos de la mitad de su salario. “En este contexto de envejecimiento, hay un colectivo, el de 50 años y más, que no está en el debate público, que se centra solo en los jóvenes, cuando en realidad su peso es solo del 8% (menores de 30 años)”, abunda Oliver.

Coincide Elena Martínez, socióloga y responsable de Investigación y Evaluación en Provivienda: “Hay una imagen socialmente aceptada de que la vivienda es un problema que afecta a la juventud, pero tenemos que tener en cuenta que dentro del resto de grupos etarios la realidad es muy heterogénea y nos encontramos situaciones muy preocupantes”.

La necesidad de recurrir al arrendamiento responde a varios factores. Por un lado, es el mercado natural de los inmigrantes de mediana edad. Por otro, los precios no paran de subir y las condiciones de acceso a la financiación son más duras. “Tras sucesivas crisis, una parte de la población de entre 50 y 60 años carece del capital necesario para afrontar la entrada de una hipoteca”, indica Ana Solozábal, vicepresidenta de la Asociación Madrileña de Empresas Inmobiliarias (Amadei).

Divorcios y separaciones

Además, “cada vez hay más separaciones en hogares nucleares que pasan de necesitar una vivienda a precisar dos en medio de su ciclo vital y también más hogares unipersonales, con menos capacidad de ahorro”, cuenta Elena Martínez. Para este colectivo, el alquiler es una decisión forzada: “No encuentran o no pueden pagar la vivienda en propiedad”, señala José María Alfaro, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias. Y añade: “Hay un proceso de descapitalización de las personas de mediana edad”.

Este es el caso de Iván Aranda que, además, ha vivido en sus propias carnes los dos lastres del mercado: tanto los precios como la oferta. “De 30 interacciones con anuncios en portales, no conseguí ver ningún piso”. Y, por descontado, que no puede comprar un piso similar al actual, de tres dormitorios. No cree que el problema sea el alquiler per se, sino hacerlo en el contexto actual de limitación de oferta y precios nada razonables. “Estoy intentando pensar un plan, pero la verdad es que no se me ocurre ninguno. Más bien me decanto por cruzar los dedos para seguir manteniendo mi situación y siendo consciente de la suerte que he tenido con el piso”. Tampoco Ramón: “Si las Administraciones protegiesen al inquilino, vivir de alquiler no debería ser negativo. Mis padres vivieron toda su vida con un contrato indefinido de renta antigua”.

Pedro Martínez tiene 65 años y, debido a distintas secuelas que le dejó el covid, percibe un subsidio por desempleo junto con el complemento del Ingreso Mínimo Vital, en torno a unos 650 euros mensuales. Siempre ha vivido de alquiler, en distintas ciudades, ya que ha trabajado como cocinero. Con el apoyo de Provivienda, ha podido acceder a un piso de protección oficial gestionado por la empresa pública de vivienda de la Diputación de Granada.

Cumplir años y envejecer de alquiler es una mezcla explosiva tal y como está el mercado hoy. “Aboca en muchos casos a las personas inquilinas a la exclusión residencial”, relata Lena Martínez. Y cuanta más edad, peor: el 22,7% de los hogares encabezados por personas mayores de 65 años se encuentra en exclusión residencial. “Entre las personas mayores de 65 años, el nivel de esfuerzo es más elevado, como sucede entre el colectivo de jóvenes”, indican en CaixaBank Research. Para la socióloga de Provivienda, “el alquiler se ha convertido en un factor de vulnerabilidad económica en todas las etapas y por supuesto también en la vejez”.

La pérdida de peso de la propiedad no se limita a las cohortes más jóvenes, sino que se extiende progresivamente al resto de grupos de edad. Según los análisis de Provivienda, entidad sin ánimo de lucro, a comienzos de los años 2000, el 66% de los hogares jóvenes residía en una vivienda en propiedad. Hoy esa proporción se ha reducido al 31,8%. “En algunos casos, la entrada en la propiedad se retrasa cada vez más en el ciclo vital. En otros, un número creciente de hogares recorre todo su itinerario residencial en alquiler”, dice Elena Martínez.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_