La izquierda anti-OTAN presiona al PSOE para que cambie su posición 40 años después del sí en el referéndum
Las fuerzas contrarias a la Alianza intentan que el unilateralismo de Trump propicie un debate sobre la permanencia de España. Los socialistas reivindican la vigencia del pacto, compatible con una voz “propia” del Gobierno


Cuarenta años después de la victoria del sí a la OTAN en referéndum, el no sube de volumen e intensidad a la izquierda del PSOE. Durante décadas una causa con poco protagonismo, hoy es parte destacada del discurso de numerosos partidos, desde IU a Podemos pasando por los nacionalistas de izquierdas, entre los que se extiende la idea de que el desprecio de Donald Trump por sus socios crea las condiciones propicias para que crezca el rechazo a la Alianza Atlántica, o al menos para que se abra un debate a fondo sobre los pros y los contras. El PSOE —que resiste la presión del resto de fuerzas progresistas y mantiene el apoyo a la OTAN, aunque marcando un perfil propio—, el PP y Vox continúan siendo valedores de la Alianza, respaldada por la mayoría del Congreso. Tanto el PNV —que pide “más Europa y menos Estados Unidos” en la Alianza— como Junts también son favorables a la continuidad en la OTAN.
Las posiciones contrarias a la OTAN —organización en la que España ingresó en 1982, cuatro años antes de la ratificación de la entrada en un referéndum impulsado por Felipe González— abarcan a cuatro partidos del actual Ejecutivo. El ejemplo más destacado es IU, coalición que nació en 1986 al calor de las movilizaciones por el no. Su actual líder, Antonio Maíllo, defiende la necesidad de “un debate público sobre el modelo de defensa integral que necesitan España y Europa” que culmine con un referéndum. “Pedro Sánchez se quedará corto si enarbola el ‘no a la guerra’ sin acudir a la causa que genera el conflicto: la propia OTAN, que debe desaparecer”, señala Maíllo, que denuncia que las condiciones para el ingreso fijadas en la pregunta del 12 de marzo de 1986 se han incumplido, entre otros motivos porque no se sabe “si por la base de Rota pasan armas nucleares”.

Movimiento Sumar, también en el Gobierno, es una muestra de cómo las posiciones se han endurecido. Si su programa de 2023 era cuidadoso con los términos —propugnaba un “desplazamiento progresivo” desde la OTAN a la “autonomía estratégica”—, ahora su líder, Lara Hernández, defiende un “desacople” de la Alianza una vez que Trump “se la ha cargado”, según declaró a EFE la semana pasada. Un portavoz del partido reafirma esta apuesta: “Hay que crear las condiciones militares y diplomáticas que aseguren los intereses de seguridad de España. Existiendo estas condiciones no tiene sentido la pertenencia a la OTAN”. A su juicio, Trump “hace patente” la necesidad de tomar medidas “a corto y medio plazo”.
La OTAN, señala un portavoz de Comuns, otra fuerza del Ejecutivo, “es una estructura de seguridad que hay que superar”. “Es más urgente que nunca que la UE desarrolle con decisión una agenda exterior propia”, añade. En cuanto a Más Madrid, el partido que lidera la ministra Mónica García, un portavoz acusa a Trump de “romper” la Alianza al emprender “acciones militares unilaterales” o “amenazar a España”. Y añade: “Defendemos la construcción de una política común de defensa europea que anteponga los intereses de la Unión por encima de los de Estados Unidos. Sea en Ucrania, en Oriente Medio o en América Latina”.
Entre los partidos que se presentaron por Sumar en 2023, aunque sin presencia en el Gobierno, las posiciones anti-OTAN son moneda corriente. En algunos casos, porque forman parte de su ADN. Es el caso de Chunta Aragonesista, que nació de la movilización por el no en 1986. Y que no solo mantiene esa apuesta, sino que cree ahora que es el momento más propicio para que gane adeptos. “En ese nuevo escenario, podemos y debemos prescindir de la OTAN”, señala un portavoz. Coincide Lluís Apesteguia, coordinador de Més per Mallorca, una coalición cuyos partidos se opusieron a la entrada en la OTAN: “Estados Unidos no es un socio fiable y está conduciendo al mundo y a sus aliados al caos. Es necesario apostar por una salida de la OTAN”.
“Somos partidarios de una transición hacia otro modelo de defensa colectiva basado en la seguridad humana, la diplomacia, la cooperación y los valores compartidos. Creemos que este rol lo puede representar mejor una Unión Europea de la Defensa que una Alianza Atlántica de enfoque exclusivamente militar”, afirma el eurodiputado de Compromís Vicent Marzà, para quien “sin duda” la política exterior de Trump, demostrando que “no es un socio fiable”, favorece este debate.

Aunque siempre ha tenido un discurso crítico con la OTAN, la posición de Podemos ha ido endureciéndose más y más hasta convertirse en una bandera destacada del partido, que suele acusar al Gobierno de no acompañar con suficientes hechos su despliegue retórico. Si el “no a la guerra” de Sánchez no va acompañado de un abandono de la Alianza, se queda en un eslogan, suelen señalar los dirigentes morados. “Ahora decir no a la guerra implica necesariamente decir no a la OTAN, no a Trump y no a la presencia de soldados estadounidenses en suelo español. Mientras estemos en la OTAN, lo queramos o no, somos cómplices de las guerras ilegales de Trump”, afirma la eurodiputada Irene Montero, para quien “es más urgente que nunca abandonar el seguidismo a Estados Unidos y la OTAN”.
Reunión de ERC y BNG
La izquierda nacionalista, tradicionalmente crítica con la OTAN, también presta una creciente atención al tema. Delegaciones de ERC y Bildu encabezadas por sus líderes, Oriol Junqueras y Arnaldo Otegi, mantuvieron el lunes un encuentro en Barcelona para analizar la situación internacional tras el cual emitieron sendos comunicados recordando que en Cataluña y el País Vasco el “no” fue mayoritario en el referéndum.
“Durante años se negó que la OTAN es simplemente el delegado comercial armamentístico de Estados Unidos en Europa. Ahora, gracias a la desvergüenza del actual presidente de EE UU, pues ya está claro”, señala el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que afirma que el actual contexto obliga a “debatir con seriedad” sobre la OTAN pero reconoce que es “complicado” plantear una salida. “Es como no querer coger un vuelo, cogerlo y a 10.000 pies que te digan: ‘No querías, va, pues bájate’”. Rufián sí pide “una posición muchísimo más firme” de España ante EE UU. “La senda que ha cogido Pedro Sánchez es buena, pero son palabras”, afirma.
Son múltiples las voces que recalcan que, con Trump entregado a un belicismo unilateral, los argumentos a favor del “no” crecen. La posición de Bildu contra la guerra, señala un portavoz del partido, tiene “más vigencia que nunca”. El BNG, otra fuerza contraria a la OTAN, señala: “Seguramente el contexto actual y el papel subordinado de la Alianza Atlántica a Trump favorecen este debate”.
La posición del PSOE
Dentro del espacio progresista, el PSOE se muestra inmune a las presiones del resto de izquierdas. Comprometido con la OTAN en su programa y en las resoluciones de sus congresos, la formación que preside el Gobierno, a través de un portavoz, no solo hace un balance favorable de la pertenencia a la Alianza —ha permitido “defender mejor nuestros intereses y contribuir a la estabilidad colectiva”—, sino que reivindica el papel de España en los cambios que está realizando para adaptarse a un mundo cambiante, por ejemplo con su “apertura al flanco sur”.

Nada de abrir el melón de una posible salida de la OTAN, dice el PSOE. “Poner en cuestión un esquema de seguridad no es la respuesta a los cambios”, ni tampoco “aislarse de las decisiones que afectan a la seguridad”, señala el portavoz, que reivindica cómo el Gobierno ha mantenido su “compromiso con los aliados” sin perder la “capacidad de decisión propia”, como ha demostrado —apunta— con su negativa a elevar el gasto militar al 5% del PIB y con su rechazo a la guerra de Irán.
PP, Vox y SALF
¿Y en la derecha? El partido que más énfasis pone en la defensa de la OTAN es el PP, que aprovecha la presión contra la permanencia de los socios de izquierdas del PSOE para atacar al Gobierno. “Es una pena que España tenga su imagen delegada en ministros que, por su tradicional rechazo a todo lo que tenga que ver con Estados Unidos, ponen en duda nuestra posición internacional”, señala un portavoz del partido de Alberto Núñez Feijóo, para el que las decisiones de Trump no deben servir para dudar de la OTAN. “No podemos ponerla en cuestión ni por el presidente de Estados Unidos ni por el actual presidente del Gobierno de España”, añade. Vox no cuestiona la presencia de España en la Alianza, si bien habla poco de ella. En su afán por parecer un partido antisistema, suele evitar aparecer como defensor de instituciones establecidas.
En cuanto a otros partidos de extrema derecha, Se Acabó la Fiesta, de Alvise Pérez, muestra una actitud más irreverente sobre la OTAN que Vox, cuestionando su utilidad, pero sin proponer la salida de España. La extrema derecha extraparlamentaria —Democracia Nacional, Núcleo Nacional, Falange— es frontalmente contraria a la OTAN, presentada como una institución que humilla la soberanía española, un discurso con el que estas fuerzas intentan diferenciarse.
Opinión pública
Los datos de opinión sobre la OTAN muestran claroscuros. Por un lado, una encuesta del Real Instituto Elcano de junio del año pasado detectó que un 85% defiende la permanencia en la OTAN. Eran incluso más que el 73,9% que según el CIS veían positivo el balance en 2022, cuarenta años después de producirse el ingreso.
Pero también hay indicios de que el respaldo a la OTAN no es a cualquier precio. El porcentaje de los que en julio de 2025 pensaban que el Gobierno debía acatar la exigencia de Trump de subir el gasto militar al 5% de PIB, como el resto de la OTAN, no llegaba al 35%, según el CIS.
Está por ver si la impopularidad de Trump en España—solo un 15,7% tienen buena opinión de él, según el CIS; casi un 80% lo ven un peligro para la paz— se contagia la visión sobre al OTAN. No parece algo que preocupe mucho al líder republicano. En octubre, él mismo sugirió desde la Casa Blanca la expulsión de España de la Alianza por gastar poco en armamento. Una soluciónque, paradojasde la política, complacería a muchos que en España están en sus antípodas ideológicas.
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