Ir al contenido
_
_
_
_

Barcelona y su complejidad, en una exposición que desmonta falsos mitos en la Casa de l’Arquitectura

El Ayuntamiento estrena una muestra que reivindica las ciudades como ecosistema de respuesta a los grandes problemas

Los responsables de la exposición 'Barcelona, diversidad, intensidad, complejidad', con la teniente de alcalde Laia Bonet, en la Casa de l'Arquitectura.AYUNTAMIENTO DE BARCELONA (AYUNTAMIENTO DE BARCELONA)

Barcelona. Ponga en una coctelera datos fríos de la ciudad (si es que lo pueden ser), hágase unas cuantas preguntas (cómodas o incómodas) y respóndalas con objetos cotidianos (cintas métricas, zapatos o ladrillos) que despierten emociones. Lo anterior vendría a ser la receta con la que se ha cocinado la exposición Barcelona, diversidad, intensidad, complejidad, que este jueves abre en la nueva Casa de l’Arquitectura, ubicada en la antigua sede de la editorial Gustavo Gili, y epicentro de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura que ostenta la ciudad este año. Si hace unas semanas se estrenó la maqueta de Barcelona en la planta baja del maravilloso edificio racionalista (el continente), en la planta superior se explica su contenido: quiénes somos, de dónde venimos, cómo y dónde vivimos o cómo nos movemos.

La muestra es un encargo de la arquitecta jefa del Ayuntamiento, Maria Buhigas, a cuatro comisarios. El demógrafo Andreu Domingo, la arquitecta urbanista Eulàlia Gómez, el geógrafo Francesc Muñoz y el arquitecto Pau Solà-Morales. El diseño museográfico es obra de Domestic Data Streamers (DDS), cuya socia Martina Nadal, ha definido como “un recorrido de lo analítico a lo emocional que muestra que la Barcelona que funciona es la que se adapta”.

La arquitecta jefa de Barcelona, Maria Buhigas, no ha escondido que esta exposición es “una neura” suya, personal: “La ciudad es el mejor invento del mundo, concentra los problemas, pero nos hace mejores personas, porque nos obligan a convivir y encontrar soluciones” ha dicho y ha invitado a “leer Barcelona con matices, no con apriorismos”. La teniente de alcalde Laia Bonet la ha definido como “un canto a la ciudad” que “tiene más sentido que nunca, porque en la ciudad es donde encontramos las respuestas a los retos y el lugar donde personas muy distintas compartimos espacio y oportunidades”. La exposición invita a leer la ciudad a partir de los tres conceptos del título y tiene un tono optimista que se agradece. Como cualquier otra urbe, Barcelona tiene problemas de vivienda, desigualdad, precariedad laboral o servicios públicos tensionados en los que la muestra, que es pequeña, hace una panorámica general y se aborda desde la arquitectura, la demografía o el urbanismo (y no desde las ciencias sociales) no entra.

Barcelona, ciudad de oleadas migratorias

En la parte de la diversidad explica, con datos demográficos, cómo históricamente la ciudad se ha construido con oleadas migratorias, lo que “desmonta la mentira o falso mito de que la llegada de inmigrantes es un fenómeno contemporáneo como dice la ultraderecha: que la ciudad cambia porque está llegando mucha gente de fuera”, en palabras de Francesc Muñoz, que sentencia: “Ha pasado siempre, generación tras generación Barcelona se hace con la llegada de migrantes desde el siglo XIX”. O echa por tierra la alarma por una presunta pérdida de población, cuyo mayor exponente se produjo cuando florecieron las urbanizaciones de adosados en el Área Metropolitana tres y cuatro décadas atrás. También muestra que, si no fuera por la llegada de población joven, la edad media de la ciudad pegaría un salto hacia arriba, de 44 años a 50. “La diversidad es un elemento esencial para entender la vitalidad social, cultural y urbana”, cuentan los paneles.

Una vitalidad que representan los millones de movimientos diarios: cada día más de 2,6 millones de personas circulan por Barcelona (mucha menos los sábados y domingos). Una suma de la población autóctona (que solo es la mitad de este frenesí), de gente que viene o va a trabajar, o turistas. Con datos de la telefonía móvil, la exposición revela que por la estación de Sants pasan 3,1 millones de personas cada semana. Por plaza de Catalunya, 5,4 millones. Y por Glòries, 1,8. Y que los que protagonizan estos movimientos no son tan distintos, la inmensa mayoría son personas que viven o trabajan en la ciudad seguidos a mucha distancia de internacionales.

La importancia del uso del suelo y la mixtura de usos

La carpeta de la intensidad habla de cómo consumimos y utilizamos el suelo (en vivienda, espacio público, equipamientos, actividades económicas y en qué densidad), o del coste “invisible” (porque no somos conscientes) de mantener el espacio público, lo que es de todos. Con tres composiciones hechas con ladrillos que muestran tres tipos de tejidos (urbanizaciones de baja densidad, bloques aislados o barrios compactos). Las tres composiciones muestran que la intensidad en la ciudad es clave para resolver retos como la crisis de vivienda. La ciudad compacta, como podrían ser los barrios del Eixample o Gràcia, se caracteriza por la densidad y mezcla de usos y actividades. En estas mallas urbanas, la proximidad entre viviendas, comercio, equipamientos y espacios públicos definen el ambiente urbano y fomentan el acceso a equipamientos comunitarios, al revés de lo que ocurre en las urbanizaciones de baja densidad, donde se necesita el coche para llegar o salir, comprar, o estudiar. Aunque tenga 70 veces más acceso a comercio o equipamientos, lo malo de la ciudad compacta, por contra, es la poquísima disponibilidad de espacios verdes.

Y con todo esto, ¿qué hacemos? Pues responder al tercer concepto, el de complejidad, porque Barcelona es la suma de edificios, calles y habitantes, pero también las relaciones que se establecen entre ellos. Un sistema, una red de redes compleja, donde cada vecino o visitante “es en si mismo una red de células y reacciones químicas en cadena”. Que se adapta a los cambios, que aprende de las crisis (una pandemia, una sequía, un catacrac económico) y que cambia, reacciona o muta para reencontrar el equilibrio, aunque sin volver al punto de partida, ha explicado Pau Solà-Morales. Orden, desorden, orden, desorden. Aquí, el mensaje se explica con cinco pantallas que muestran la ciudad.

“La ciudad no es un sitio, es un camino que recorremos”, explican los vídeos finales. Al comienzo de la exposición, los visitantes pueden participar respondiendo a preguntas sobre su experiencia en y con la ciudad. Una actividad analógica (se trata de tirar de un hilo) que llama a interrogarse sobre dónde se ve el visitante en cuatro años, qué siente el local o forastero cuando camina por la ciudad, por qué calles le gusta caminar, por qué se siente que pertenece a la ciudad o qué le enorgullece de Barcelona.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_