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Sánchez se aferra a la izquierda

Cambio climático, la quita de la deuda, agenda social, intento de Presupuestos y Gaza marcarán el nuevo curso. El PP cree que el desgaste por el ‘caso Cerdán’ es imparable

Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, durante su visita al Puesto de Mando Avanzado (PMA) del incendio de Jarilla la semana pasada. Foto: Eduardo Palomo (EFE) | Vídeo: EPV
Carlos E. Cué

La derecha arrasa en casi toda Europa y buena parte de América. El hiperactivo Donald Trump domina la agenda política mundial. La antipolítica crece en todas partes, también en España, como se ha visto este verano con los incendios. El antisanchismo también parece muy activo, con jóvenes gritando abiertamente “Pedro Sánchez, hijodeputa” en fiestas, conciertos, estadios. Y sin embargo, el Gobierno está absolutamente convencido, y en especial su presidente, Pedro Sánchez, de que la remontada es posible y sobre todo que la sobreactuación de la derecha y la extrema derecha va a provocar el efecto contrario, y reactivará al progresismo.

Un ministro socialista lo tiene claro: “La estrategia de la derecha es desanimar a la izquierda, es muy evidente. Pero para eso tenemos el Gobierno, para demostrar que gestionamos mejor y tenemos mucho mejores resultados económicos, y que estamos en el lado correcto de la historia, ya sea con Gaza, con Ucrania o con el rechazo a llevar el gasto militar al 5%. Sánchez va a salir fuerte y por eso arranca con cambio climático, un asunto en el que la derecha navega muy mal, con grandes contradicciones”.

Otro añade: “Este verano los ministros hemos salido de nuestro entorno habitual y todos nos hemos encontrado mucho antisanchismo, claro, y mucha antipolítica. Pero también muchísima gente que nos da ánimos y nos pide que aguantemos, que sigamos gestionando, que no nos rindamos ante los ultras”.

La apuesta del Gobierno y de Sánchez para esta nueva temporada política tras un largo descanso veraniego parece clara: frente a la ola de derecha, más izquierda, más medidas progresistas y sociales, más refuerzo de la agenda contra el cambio climático, cuestionada por la derecha, más presión a Israel por sus ataques en Gaza, más rechazo frontal a la visión imperial del mundo que plantea Trump, y mucha gestión política discreta o pública, con ronda de contactos incluida, para intentar reforzar la mayoría parlamentaria e intentar, esta vez a fondo, aprobar al fin los primeros Presupuestos de la legislatura.

De momento este martes se dará luz verde en Consejo de Ministros a la quita de la deuda a las autonomías, una gran promesa pactada con ERC hace dos años. Y en el horizonte del invierno ya empieza a estar la posibilidad de que Carles Puigdemont pueda volver a España si el Tribunal Constitucional le da la razón en su recurso de amparo. Por ahora parece que la simbólica foto de Sánchez y Puigdemont tendrá que esperar a ese regreso, aunque podría haber cambios. Los Presupuestos siguen muy lejos, sobre todo por Podemos, Junts y ERC, pero la instrucción de Sánchez es clara: toda la maquinaria se pondrá en marcha para intentarlo.

Sánchez arranca este lunes el curso político con dos momentos relevantes —un acto por la mañana con anuncios sobre medidas para enfrentarse a los efectos del cambio climático, ya sea incendios, inundaciones u otras emergencias— y una entrevista en TVE por la noche, después de un año sin conceder ninguna, algo muy poco habitual. En ambos está previsto que apueste por un discurso netamente progresista y un mensaje optimista sobre la agenda que le queda por desplegar y su decisión de intentar aprobar los Presupuestos y agotar la legislatura con o sin Cuentas nuevas.

El presidente, señalan diversos consultados en su entorno, da por superada la crisis que amenazó su supervivencia en julio por el caso Cerdán, el ex secretario de organización que aún sigue en la cárcel, y no parece estar pensando en un cambio de Gobierno, al menos de momento. Varios creen que esperará a que Juanma Moreno convoque las elecciones andaluzas, algo que como máximo llegará en junio de 2026, porque ahí tendría que relevar a María Jesús Montero, pieza clave como número dos del Gobierno y del PSOE, y aprovechar para hacer un cambio importante. Pero nadie tiene certezas en esto y Sánchez podría sorprender en cualquier momento.

Mientras el Gobierno cree que la remontada es posible y sobre todo que los progresistas se reactivarán si ven al Ejecutivo con fuerza tomando medidas, que es lo que prepara La Moncloa para este otoño, en el PP están convencidos de que el desgaste agravado por el caso Cerdán es imparable y por mucho que Sánchez haya descansado y dé por olvidado el asunto, volverá con toda su fuerza con el nuevo curso. “Sánchez volverá a la realidad que tenía antes de agosto”, señala un dirigente del PP. “Cerdán sigue en la cárcel. La precariedad parlamentaria es la misma. Sigue sin Presupuestos porque no sabe cómo poner de acuerdo a partidos como Podemos o Junts. Y el 11 volverá a declarar su mujer, ya veremos qué pasa con su hermano, el fiscal general del Estado se va a sentar en el banquillo, y estamos a la espera de informes de la UCO que según los medios podrían afectar a Francina Armengol y Ángel Víctor Torres. Cuando Sánchez vuelva de Andorra se dará cuenta de que su situación institucional, parlamentaria, orgánica y demoscópica es un drama. Nuestra labor será acentuar el desgaste mientras consolidamos la alternativa”, remata.

En el Ejecutivo insisten en que no les preocupan esos previstos informes de la UCO porque Armengol y Torres no hicieron ninguna ilegalidad y por tanto podrán explicar cualquier cosa que aparezca ahí como han hecho hasta ahora, como gestiones por el bien de sus comunidades en plena pandemia, cuando todas las administraciones buscaban desesperadamente mascarillas y ellos presidían Baleares y Canarias.

En el PP creen que el desgaste de Sánchez es imparable y confían en que las encuestas lo irán trasladando, y públicamente le piden a diario que convoque elecciones, pero varios dirigentes consultados señalan que en la cúpula del partido apuestan a que el presidente no caerá porque sus socios le van a mantener, aunque sea de forma muy precaria. “Los que le pueden hacer caer no pueden mejorar la situación que tienen ahora. No pueden tener más poder y podrían tener mucho menos”, resume uno de ellos.

Un ministro socialista comparte esta idea, aunque le da otro enfoque. “Ninguno de nuestros socios quiere que el Gobierno caiga. Tampoco Junts ni Podemos. Si no, ya lo podrían haber hecho caer. En julio, cuando estalló el caso Cerdán, nos lo dejaron claro: nadie quería una cuestión de confianza. Si la hubieran pedido, podrían haber hecho caer el Ejecutivo. Acabamos de meterle al PP y Vox un 9-0 en las votaciones de la diputación permanente. Ellos dicen que en pleno habría sido diferente, pero en pleno negociamos de otra manera. Perderemos algunas votaciones, lo sabemos, pero hemos aprobado 42 leyes y lograremos muchas más”.

Sánchez mantiene pues su núcleo duro sin cambios, con Félix Bolaños como gran negociador una vez caído Cerdán y María Jesús Montero centrada en los Presupuestos, aunque no es fácil que ella pueda avanzar en cuestiones muy sensibles como la financiación singular de Cataluña siendo la candidata de las elecciones andaluzas. El presidente insiste en público y en privado en que está satisfecho con todos sus ministros, incluidos los más quemados políticamente como Fernando Grande-Marlaska.

Este lunes Marlaska, de hecho, tiene previsto intervenir en el acto de arranque de curso político así como la vicepresidenta Sara Aagesen, con mucho protagonismo este verano, y Luis Planas, el titular de Agricultura. Sánchez se apoya mucho en Óscar Puente, el gran ariete del Ejecutivo, criticado por algunos por sus excesos pero aplaudido por otros porque planta cara a la derecha, que este verano ha abierto una batalla con Alfonso Fernández Mañueco, presidente de Castilla y León, al que el Gobierno ve tocado tras una gestión muy discutida en la prevención de incendios. Mañueco tiene elecciones a la vista, como máximo en el arranque de 2026, y esta polémica podría desgastarlo mucho. En el PSOE creen que la estrategia del PP está reforzando a Vox, pero confían en que sea una redistribución dentro del bloque de la derecha y no esté logrando atrapar votantes de la izquierda. “Hay mucha antipolítica, pero también mucho rechazo a la crispación. El PP y Vox están agotando a la gente, que está harta de esta tensión. No se puede estar así dos años más. Por eso Sánchez va a agotar la legislatura, porque cree que el tiempo le favorece”, resume otro miembro del Gobierno.

El otro lado de la coalición, Sumar, cree que ha llegado el momento de reactivar la agenda progresista y confía en que Sánchez la impulsará porque hay acuerdo dentro del Gobierno en que es la única manera de hacerle frente al ascenso de la ultraderecha en todo el mundo. Yolanda Díaz tiene pendiente la reducción de jornada, que ha negociando en mucho detalle con Junts a la espera de una decisión política de Puigdemont. Pablo Bustinduy tiene que rematar con la votación en el Congreso el avance en los permisos que aprobó el último Consejo de Ministros antes del verano. Y está el Estatuto del becario, volverá el aumento del salario mínimo, y hay mucho por desarrollar.

En las últimas semanas, el PP ha criticado la pérdida de peso internacional de España después de que el presidente haya sido excluido de la foto en Washington de Trump con los principales líderes europeos. Tanto Sánchez como José Manuel Albares, su ministro de Exteriores, parecen tener muy claro, sin embargo, que esta exclusión es consecuencia precisamente de la política exterior del presidente, tanto en Gaza como sobre todo en la OTAN, con su plantón frente al líder de EE UU por su exigencia del 5% en defensa. Y que por tanto está asumida e incluso reivindicada en privado. “Estamos contentos de no estar en esa foto que mostró una sumisión total a Trump. Fue una rendición. No parecían líderes europeos sino miembros del gabinete del emperador Trump”, aseguran las fuentes consultadas.

Sánchez parece así cómodo en su posición de referente de la izquierda anti Trump, a pesar de que también aumenta el gasto militar, pero mucho menos que otros socios europeos. El Ejecutivo, por el contrario, sí es sensible a movimientos como el que realizó esta semana el cineasta Pedro Almodóvar que pidió al presidente romper relaciones con Israel. Sin embargo, en el Gobierno creen que sería un error hacerlo. Un miembro del Ejecutivo lo explica con claridad: “Vamos a seguir tomando medidas frente a la masacre en Gaza, habrá más sanciones y más movimientos en la UE, pero romper relaciones no es la salida. La solución de dos estados implica la existencia de un Estado de Israel. No puedo avanzar una solución rompiendo relaciones con Israel. No hay un solo país árabe que lo haga. Tampoco la Autoridad Nacional Palestina. Tampoco rompemos relaciones con Rusia. Para hacer la paz necesitas hablar con alguien. Romper relaciones con Israel es dejar a los palestinos a su suerte”, señala.

La temporada política arranca pues con un Gobierno que dice estar claramente aferrado a la izquierda, a su agenda progresista tanto en España como fuera, para salir del agujero en el que le metió el caso Cerdán, y un PP convencido de que ese hoyo es tan profundo que es insalvable. En las próximas semanas, con encuestas encima de la mesa, se empezará a ver quién va teniendo razón.

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Sobre la firma

Carlos E. Cué
Es corresponsal político de EL PAÍS, encargado de la información del Gobierno y de los viajes del presidente. Antes fue corresponsal en Buenos Aires y está especializado en información política, siguiendo a distintos gobiernos y a varios partidos. Ex alumno del Liceo Italiano de Madrid, se licenció en Economía y cursó el máster de EL PAÍS.
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