Los padres ausentes y arrepentidos inundan las salas de cine: cómo contar la paternidad hoy
Desde ‘Los domingos’, ‘Sirât’, ‘Hamnet’ y ‘Una batalla tras otra’ a ‘La lucha’, ‘Valor sentimental’, ‘Frankenstein’, ‘Rental Family’ o ‘Jay Kelly’, los progenitores bregan por superar el silencio y la incomunicación con sus hijos


“Como las maternidades, las paternidades requieren y merecen ser contadas en su complejidad. Y con ellas, todas las masculinidades”. Quien habla es Alauda Ruiz de Azúa, la directora de Los domingos, una de las películas de la temporada. En su drama, el padre de la protagonista, adolescente con alma de novicia, es un hombre que juega al respeto filial para esconder un pozo de egoísmo. Otro más de los progenitores que han aparecido en los últimos meses en las pantallas, hombres ausentes o contritos en su relaciones con sus vástagos, figuras masculinas que en sus acciones erróneas también albergan humanidad.
Son muchos, muchísimos, los filmes de esta nueva ola, que se aleja del habitual cine para padres (ese en el que Liam Neeson rescata a su hija de manos de pérfidos secuestradores) y que llega tras unos años en que por fin las directoras encontraron un resquicio para mostrar en las salas las nuevas y las viejas maternidades, las alegrías, los problemas y las depresiones que acarrean ser madre.
Si en la serie Yakarta Diego San José ha dibujado a Joserra, un entrenador derrotado que proyecta en una jugadora de badminton una relación paternal incapaz de mantener con su propia vástaga, en el cine los padres ausentes son los motores de Jay Kelly, Valor sentimental, Roofman, La trama fenicia, Los domingos, Hamnet, The Mastermind o Maspalomas. Sigue habiendo reflejo del habitual mal progenitor en títulos como Frankenstein o Springsteen: Deliver Me From Nowhere. Y sí, muchos de esos padres ausentes devienen en padres contritos en películas ya mencionadas y en otros ejemplos como La lucha, Sirât, Una batalla tras otra o Rental Family (otro hombre que intenta acallar, al estilo Yakarta, sus fantasmas del pasado de manera vicaria). También hay padres admirables, que contra viento y marea bregan por sacar la relación emocional familiar adelante, como el que encarna Álvaro Cervantes en Sorda.


Aún habrá más reflexiones sobre esto: el 6 de marzo se estrena en España La sombra de mi padre, una de las sensaciones británicas de la temporada; en Sundance ha ganado Josephine, en la que una cría es testigo de una violación en un parque en San Francisco y esa barbaridad afecta a su relación con su padre (Channing Tatum); en El ser querido Rodrigo Sorogoyen mostrará cómo un director de cine (Javier Bardem) tiende puentes con su hija, una actriz sin éxito (Victoria Luengo), y en Anémona, el debutante Ronan Day-Lewis recupera para la interpretación a su padre, Daniel Day-Lewis, para hablar de lazos y conflictos familiares entre padres, hijos y hermanos.


Ruiz de Azúa apunta a que en numerosas ocasiones “hacer cine es soñar el mundo en el que quieres vivir”. Así que a veces se proyectan en los personajes “idealizaciones” de hombres que querría tener a su lado, o “sirve para exorcizar” malos comportamientos que observa en la sociedad. Algo parecido siente Oliver Laxe: “En el fondo de Sirât también palpita mi intención de, en un futuro, ser padre y de los retos que conllevará“. En los desafíos sentimientales, artísticos y familiares también encuentra su motor creativo Ruiz de Azúa: ”Es necesario al hablar de maternidad no olvidar la paternidad. No digo que vayan ligadas, sino que me interesa que conversen".


El noruego Joachim Trier, director de Valor sentimental, un filme de evidentes ecos bergmanianos (Ingmar Bergman nunca puntuó como buen progenitor), contaba en EL PAÍS: “Esta es la primera película que hice teniendo dos hijos. Siempre me ha acompañado un miedo, el de fracasar como padre, y por eso fue muy simbólico para mí este rodaje, porque no quiero ser Borg [el director al que vida Stellan Skarsgård]. Rodamos en Oslo, y así logré irme a casa todas las noches; ese fue uno de los grandes logros personales de esta película”, acallando así sus remordimientos.


En el festival de Venecia, donde se presentó Una batalla tras otra, Leonardo DiCaprio defendió a su personaje, Bob Ferguson, subrayando su constancia: “Su auténtico heroísmo no está en la lucha armada, sino en que, sencillamente, sigue avanzando implacablemente para proteger a su hija”. Tiene suerte: su personaje es de los pocos padres cinematográficos de 2025-2026 que remata su proceso de reconciliación con éxito.


Resistir, acompañar y entender a una hija adolescente, superando el vacío creado por la ausencia de madre. Lo muestra Un batalla tras otra y también la canaria La lucha, de José Ángel Alayón, actualmente en cartelera. Este jueves, Alayón apuntaba: “Me interesaba contar cómo se encara esa falta de maternidad en un hombre no logra comunicarse. Que seguramente se relacionaba con la sociedad a través de su esposa, y que solo logra una voz propia en la lucha canaria”.
Es ahí, en esos entrenamientos y en esos cuerpos pegados, donde ese padre y su hija adolescente creará un canal de comunicación. “El cuerpo es su coraza ante la falta de palabras. El choque de las corazas provoca chispas. En La lucha sostengo que es muy difícil cambiar, así que si lo único que tiene esa familia es la lucha y su físico para intentar entenderse, para construir un punto de encuentro, pues aprendamos todos a usar los elementos que poseemos para buscar la felicidad”. Y confiesa sobre sus dos actores: “Hice el casting con sumo cuidado. Tanto Yasmina Estupiñán [la adolescente] como Tomasín Padrón [el luchador] tenían algunas urgencias y ausencias concretas que creí útiles para sus personajes. Esa tristeza y esa necesidad de otro están en la pantalla”.


Alayón fue padre durante la producción de La lucha, y por ello subrayó la sensación de “cambio de eje” de su protagonista. Al britániconigeriano Akinola Davies Jr., videocreador de 40 años, que debuta en el largo de ficción con La sombra de mi padre, el cambio de eje se lo provoca que su padre murió cuando él tenía 20 meses. En su filme, dos críos acompañan a su progenitor en una jornada en Lagos (capital de Nigeria), un día muy especial en que la esperanza de que llegue la democracia la acalla un golpe de estado. Desde Londres, el miércoles, por videollamada, Davies desgrana: “Es importante hablar de la masculinidad, porque creo que hay muchas masculinidades distintas. Y por tanto, de paternidades. Y de imperfecciones”. Aunque sea el pequeño de cuatro hermanos, a Davies su padre le puso su nombre de pila. En el cine, el cineasta ha bautizado también como Akinola al hermano menor, y ha exorcizado sus demonios: “Nunca tuve con mis hermanos mayores una conversación sobre mi padre. Este filme me suple esa charla. No es perfecto, no es como él era, pero ahora lo tengo en pantalla”.
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