Venezuela: más allá de lo aceptable
El país sobrevive en medio de una gran e incomprensible crisis petrolera derivada de inversión insuficiente y mala gestión


Dos comentarios medulares destacan en el análisis de The Economist de esta semana luego de la intervención estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Primero, lo obviamente medular: el petróleo. Con mención explícita por el jefe de la Casa Blanca en las horas de la intervención: “Vamos a hacer que nuestras grandes empresas petroleras estadounidenses... gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura gravemente dañada... y empiecen a generar ingresos para el país”. Lo segundo, algo soslayado por The Economist, pero fundamental en un mundo post guerra fría: las implicancias y consecuencias de la ocupación de un país por un país poderoso.
Cuando el mundo entero sigue observando -con perplejidad- que no cesa la ocupación militar de Ucrania por Rusia, que se prolonga ya por tres años. Llama la atención la ineptitud de la Unión Europea y de la ONU ante la agresión a Ucrania. Por lo que no llaman -ahora- la atención, tampoco, los silencios prevalecientes en mundo frente a la incursión militar en Venezuela. Que deben cesar…
¡Curioso! Pero aún más el hecho de que se está ante algo elemental y que nos remite a la disponibilidad de un valioso recurso natural: el petróleo. Importante, por eso, el análisis en The Economist de esta semana: pues, correctamente, presenta como medular el petróleo, No suena realista y pesa la historia conocida en encontrar una solución.
Bajo el mandato de Hugo Chávez, Venezuela nacionalizó activos pertenecientes a empresas estadounidenses y otras empresas occidentales. Eso sigue pesando aún. Mientras, Venezuela, sobrevive en medio de una gran -e incomprensible- crisis petrolera.
Hasta que el 16 de diciembre, fue el aterrizaje: la Casa Blanca exigió que se devolviera “todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron anteriormente”. En eso se está ahora colapsado la producción petrolera venezolana. Décadas de inversión insuficiente y mala gestión han provocado que la producción petrolera de Venezuela haya caído desde finales de la década del 2000, hasta alrededor de un millón de barriles diarios en la actualidad. Restaurar la capacidad ociosa enriquecería a Venezuela y a la vez a Estados Unidos.
De eso se trata, a fin de cuentas, con esta intervención militar. Pues está de por medio cerca de la quinta parte de las reservas mundiales de petróleo. Nada menos. Pero poco cambiará de inmediato.
Recuperación de la producción
Como apunta The Economist, a corto plazo, es más probable que la producción de crudo de Venezuela caiga, no que repunte. Conclusión preliminar: a menos que se levante el bloqueo, la producción de Venezuela tendrá que reducirse aún más. Quizás a menos de 700.000 barriles diarios. Esto dependerá de la evolución política y militar. De acuerdo al contundente análisis del semanario, la producción podría recuperarse en unos meses.
Sí, pero solo si se produce una transición política fluida y se levantan las sanciones estadounidenses a Venezuela. El mantenimiento básico y las reparaciones podrían impulsar la producción de crudo del país hasta 1,2 millones de barriles diarios a finales de 2026.
Inversión urgente
Panorama, pues, muy complicado y oscuro. La publicación británica destacó que la consultora Rystad Energy estima que se necesitarían 110.000 millones de dólares en gastos de capital, solo en exploración y explotación, para que la producción del país se acerque a los niveles de hace 15 años. El doble de lo que las grandes petroleras estadounidenses invirtieron conjuntamente en todo el mundo en 2024.
La apuesta superoptimista de Washington parecería ser que las grandes empresas se apresurarían a firmar cheques cuantiosos. Eso no es realista. Por lo que sería dudoso “que la industria petrolera venezolana pudiera seguir el ritmo”, dada la enorme fuga de cerebros: “Decenas de miles de trabajadores cualificados, desde ingenieros hasta geólogos, han abandonado el país. PDVSA está ahora dirigida en gran medida por las fuerzas armadas”.
Conclusión realista/dramática en The Economist que el mundo recoge con preocupación: “devolver la producción venezolana a los 2,5 a 3 millones de barriles diarios —su nivel a finales de la década de 2010, y aproximadamente la misma cantidad que bombea hoy Kuwait, el octavo productor mundial— parece un proyecto a largo plazo…”. Así estamos, pues. Volviendo a la política.
La producción podría recuperarse en unos meses. Pero solo se produce una transición política fluida. Condición sine qua non, dentro de la cual entra a ocupar un espacio la aún silente comunidad internacional.
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