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En colaboración conCAF

Las aves que vemos hoy son hasta un 72% más pequeñas que las de hace 80 años

Un estudio global basado en la memoria ecológica de 10 pueblos indígenas, incluidas comunidades de México, Brasil, Bolivia y Chile, alerta del impacto ambiental y de la amenaza a sus danzas y rituales

Un ejemplar de colibrí en Perú.Joan de la Malla

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En el interior de la selva amazónica boliviana habita el pueblo tsimane’. Esta comunidad de unas 16.000 personas custodia el Territorio Indígena Tsimane’, la Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas y sus alrededores desde siglos antes de que el Estado comenzara a hacerlo. Cuando los mayores de la comunidad eran apenas unos niños, veían sobrevolar guacamayas y pavas amazónicas (Penelope jacquacu) sobre la cuenca del río Maníqui. Hoy, ellos mismos reconocen avistar apenas palomas vinosas (Patagioenas subvinacea) y tordos (Molothrus oryzivorus), aves mucho más homogéneas y urbanas, que poco o nada representan sus territorios. Esta revelación no es exclusiva de Bolivia. Un estudio internacional, coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona, documenta que, entre 1940 y 2020, la masa media de las aves en 10 comunidades indígenas en tres continentes descendió hasta un 72%.

Hace 15 años, Álvaro Fernández-Llamazares vivió con esta comunidad para desarrollar su tesis doctoral y conocer a este pueblo, que entiende mejor que ningún científico lo que implica la crisis climática. Allá empezó a escuchar una y otra vez el pesar de los mayores por dejar de ver las aves con las que habían crecido. “La pérdida para ellos era muy profunda e iba mucho más allá de una cifra”, explica en una llamada el etnobiólogo español y principal autor del estudio, publicado en la revista Oryx.

Para los pueblos indígenas entrevistados, las aves suelen tener un peso simbólico y ceremonial inconmesurable. Así, las danzas en rituales, los cantos y la toponimia están en riesgo de diluirse ante esta sangría de biodiversidad. La doctora en Ciencias de la Naturaleza, Yolanda López Maldonado, conserva con cariño los videos de pequeña cuando imitaba el apareamiento del alcaraván (Burhinus bistriatus) como parte de las danzas típicas de la comunidad maya. En ellos se ve una joven adolescende que mueve la falda como si de ella colgaran plumas y picotea con la boca junto a un compañero en un juego hermoso y simbólico. “Si el alcaraván desaparece, de alguna forma también está desapareciendo nuestra cultura. Pasar esta tradición a los más pequeños es un reto enorme si estos dejan de observarse en el territorio”, lamenta.

El estudio es un registro único de la memoria ecológica de 1.434 personas adultas esparcidas entre América Latina, Asia y África. Los entrevistados recordaron cuáles eran las tres especies de aves más habituales cuando eran niños y cuáles son las tres especies más habituales en la actualidad. Así, el equipo recopiló 6.914 registros únicos de aves correspondientes a 283 especies, lo cual ha permitido comparar en más de 40 lugares distintos el mismo fenómeno. La investigación revela una realidad dolorosa: nuestra generación ha sido testigo de una extinción acelerada. Mientras que en la década de 1940 la masa corporal media de las aves reportadas superaba los 1.500 gramos, en la década de 2020 la media se sitúa en torno a los 535 gramos.

Los tsimane’ fueron la primera ficha del dominó de una investigación coral de un lustro en 10 países -México, Brasil, Bolivia, Chile, Senegal, Ghana, Kenia, Madagascar, Mongolia, China- que reveló que estos no son los únicos que lloran a las aves más grandes y majestuosas de sus territorios.

Si bien el estudio no buscaba profundizar en las causas, Fernández-Llamazares apunta a la crisis climática, el tráfico de fauna y la deforestación como los principales detonantes. “Las especies que se observan hoy se adaptan mejor a las perturbaciones humanas y conviven bien en entornos urbanos. Estamos presenciando una homogeneización de la biodiversidad, con las pérdidas de las funciones ecológicas y culturales de estas aves que ello implica”, lamenta.

El trabajo detrás del artículo es fruto de una investigación exahustiva. La importancia de este estudio trasciende los resultados del mismo o las evidencias de esta homogeneización de la biodiversidad de la que habla Fernández-Llamazares. Parte de lo revolucionario del mismo es que pone en el centro otros sistemas de conocimiento, antes no eran considerados en la ciencia occidental. “Respeta y demuestra que esta epistemología también es relevante para hacer frente a la crisis climática”, celebra López Maldonado.

El científico español añade que si bien todavía no tiene tanto espacio en la ciencia “como debería”, poco a poco se ha ido reconodiendo el valor fundamental de la memoria ecológica. “Es sumamente relevante por la precisión, el conocimiento heredadeo de generación en generación y la observación constante”, zanja. Lejos de considerar estos conocimientos como meros datos complementarios, explica el autor principal, “apostamos por un diálogo respetuoso y equitativo entre sistemas de conocimiento científico e indígena, reconociendo su potencial para reforzar las políticas de conservación de la biodiversidad”. Sólo cuando los alcaravanes vuelvan a llenar los cielos del sur de México, el pueblo de López Maldonado seguirá danzando. Sin necesidad de tener que mostrar el video.

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