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Los presidenciales juegan sus cartas: Valencia va por el centro, los demás guardan posición

Los anuncios sobre la vicepresidencia de los candidatos favoritos delinean sus estrategias para las elecciones de mayo

Álvaro Uribe y Paloma Valencia en Bogotá, el 13 de marzo.ESTEBAN VEGA LA-ROTTA

El pasado jueves, Paloma Valencia y Sergio Fajardo terminaron de delinear las estrategias de los candidatos más opcionados para las presidenciales del 31 de mayo, al presentar sus fórmulas vicepresidenciales. El viernes en la mañana, lo hizo la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, descolgada en las encuestas. Cada candidato leyó los resultados del 8 de marzo de manera distinta: el senador oficialista Iván Cepeda y el centrista Sergio Fajardo ahora juegan una carta ortodoxa que refuerza sus perfiles; el ultraderechista Abelardo de la Espriella decidió intentar ampliar su huella hacia la derecha más establecida; y la uribista Paloma Valencia asume la apuesta más arriesgada, la que más puede sacudir el tablero a su favor o en su contra.

Cepeda fue el primero en anunciar su fórmula. Lo hizo el lunes, pocas horas después de que los resultados de tres consultas para definir a algunos de los candidatos concentraran la atención en la derecha, de lejos la más votada más de 5 millones de votos. La compañera de fórmula del candidato del continuismo es Aída Quilcué, senadora del partido indígena MAIS y aliada permanente del Gobierno de Gustavo Petro. La decisión tiene dos espejos evidentes. El primero es la fórmula de Petro en 2022: como Quilcué, Francia Márquez es mujer, lideresa de una minoría étnica y del suroccidente del país; Petro y Márquez sumaron 8,5 millones de votos en la primera vuelta de las presidenciales.

El segundo espejo es geográfico y político a la vez: Quilcué y Valencia representan dos caras del mismo departamento. En el convulso Cauca, Quilcué ha sido defensora de derechos humanos, víctima del conflicto —su esposo fue asesinado en 2008— y una de las figuras más notorias del poderoso movimiento indígena del CRIC, que es la columna vertebral de la organización indígena nacional, la ONIC. Valencia, en cambio, es heredera de antiguos hacendados y del presidente conservador Guillermo León Valencia, su abuelo, y encarna una oligarquía que la izquierda y los movimientos étnicos rechazan con fuerza. Así, Cepeda no solo ha reforzado su vínculo con una organización indígena de peso, sino que se ha plantado como la contracara directa de la candidata que irrumpió con fuerza el domingo tras sumar 3,2 millones de votos.

La fuerza de Valencia también ayuda a explicar la selección de De la Espriella. Se trata de José Manuel Restrepo, quien fue exministro de Hacienda y de Comercio del uribista Iván Duque y se ve a sí mismo más como economista que como político. En los últimos años, el hasta esta semana rector de la antioqueña Universidad EIA se convirtió en un referente de las críticas técnicas al Gobierno de Petro desde la derecha. A diferencia del candidato ultra, un penalista caribe, el bogotano tiene acceso a los círculos académicos y empresariales de Bogotá y Medellín, y una hoja de vida con conocimiento probado de la gestión pública.

De la Espriella, que ha hecho campaña como outsider y líder de una suerte de rebelión popular desde la derecha más dura, sigue un camino similar al que en 2022 permitió a Rodolfo Hernández llegar a segunda vuelta tras sumar casi 6 millones de votos, un 28% del total. Pero esta vez la derecha establecida tiene una candidata probada y militante del más grande partido de ese espectro, el Centro Democrático. Ante ello, Abelardo ha optado por quien le abra puertas en la derecha establecida que Paloma Valencia representa y quien ayude a compensar su falta de experiencia administrativa: la carta de presentación de Hernández fue su popularidad como alcalde de Bucaramanga, la quinta ciudad del país.

Incluso Fajardo, quien por décadas ha apostado a la educación como su gran bandera y a la independencia como su postura política, ha reforzado su apuesta previa con Edna Bonilla, una académica de la Universidad Nacional que viene de ser secretaria de Educación de Bogotá. “Se van a dar cuenta de la persona que escogí para romper con los extremos” dijo el exalcalde de Medellín en la presentación de su fórmula, reforzando su rechazo a la derecha y a la izquierda.

Frente a esas jugadas, que van a lo seguro en tanto intentan consolidar el liderazgo de cada candidato en su propio espacio, Paloma Valencia eligió el camino contrario: ampliar el espectro. La elección de Juan Daniel Oviedo, un economista que participó en el Gobierno Duque pero que se ha posicionado como candidato técnico, independiente y más de centro. Es un perfil que le permitió sumar 1,2 millones de votos en la consulta que ganó Valencia, y que reforzó él mismo la semana pasada al defender la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 que defienden la izquierda y el centro, y que el uribismo ha criticado permanentemente.

Así, Oviedo le abre a la senadora una puerta hacia un esquivo voto de opinión. Es el mismo que en el pasado sostuvo candidaturas como las de Fajardo, Claudia López o Enrique Peñalosa, y que ahora parece desorientado: aunque López y Fajardo aparecen con puntos en las encuestas, no llegan al 10% y ninguno ha consolidado su liderazgo. Además, los resultados del domingo, marcados por la polarización entre izquierda y derecha, y con el fracaso de la mayoría de sus candidatos más cercanos, los dejaron debilitados. A la espera de nuevas encuestas que reflejen la intención de voto tras las legislativas y las consultas, la jugada de Valencia busca aprovechar la aparente fragilidad de quienes podrían ocupar esa franja para, por lo menos, morder parte de ese electorado, uno que no se siente afín ni a Petro ni a Uribe, y que suele ser el que define las elecciones nacionales.

La estrategia de Valencia tiene una lógica clara de cara a la primera vuelta del 31 de mayo. Con una izquierda unificada que probablemente obtenga la mayor votación, pero se quede corta de la mayoría necesaria para ganar en ese momento, la senadora busca mantener un porcentaje grande de la derecha y, a la vez, sumar una parte significativa del centro. Así, llegaría a un balotaje en el que los votantes de De la Espriella la preferirían frente al continuismo que representa Cepeda. El riesgo es terminar desdibujada, sin ser del todo ni la senadora uribista de siempre ni una figura de apertura hacia el centro.

Quedan doce semanas para la primera vuelta. Encuestas, debates y anuncios pueden cambiar el panorama. Por ahora, la candidata más arrojada es la que representa a la derecha establecida, en una paradoja que define este momento de la campaña: el conservatismo es, hoy, la fuerza más arriesgada.

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