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Euforia por ‘Los pecadores’, tequila y Laxe con Elordi: la noche en las barras del teatro Dolby

Dentro de la gala fluyeron la bebida y las predicciones sobre cuántos galardones se llevaría la película de Ryan Coogler

Miles Caton interpreta la canción original de 'Los pecadores' durante la gala de los Oscar.CHRIS TORRES (EFE)

Dentro del teatro Dolby, las gradas se querían caer cuando Michael B. Jordan ganó el Oscar a mejor actor. Todo el teatro se puso de pie para celebrar la gran victoria de la noche para Los pecadores, que en total se llevó cuatro galardones, por detrás de los seis de Una batalla tras otra. La ovación para el actor expresaba la conversación que se repetía por los pasillos durante la noche de los premios del cine más esperados del año. En las barras del mítico Dolby, una misma pregunta se repetía una vez tras otra: ¿cuántas estatuillas se llevaría el filme de Ryan Coogler?

La euforia colectiva por la película sobre vampiros y blues ambientada en el sur de Estados Unidos durante la dura y violenta época de Jim Crow —leyes que impusieron la segregación racial hasta mediados de los 1960— alcanzó su punto álgido cuando Jordan subió al escenario para recibir el primer Oscar de su meteórica carrera. Arrancó su discurso con una afirmación tradicional de la iglesia cristiana afroamericana: “Dios es bueno”. “¡Todo el tiempo!”, le respondieron algunos desde las butacas. Además de agradecer a su familia y seres queridos, como hicieron todos los demás ganadores, Jordan aprovechó la oportunidad para reconocer el legado de otros hombres negros que, como él, han pasado por esa tarima. “Estoy aquí gracias a quienes me precedieron: Sidney Poitier, Denzel Washington, Halle Berry, Jamie Foxx, Forrest Whitaker y Will Smith; y por estar entre esos gigantes, entre esos grandes, mis antepasados, entre los míos”.

Los mismos ancestros que Miles Caton evocó cuando el Dolby se sumergió en la fiesta del juke joint de Los pecadores con la canción de I Lied To You, una de las únicas dos actuaciones musicales de la noche. Caton y el equipo de la película han recreado la célebre escena de la película mientras el teatro bailaba y celebraba junto a ellos la cultura e historia afroamericana, escrita esta vez por la mano de Ryan Coogler, que se llevó el galardón de guion original y también fue recibido por un teatro completamente de pie. “Por favor, siéntense, que estoy muy nervioso y me van a apagar el micrófono”, bromeó el cineasta al recibir el premio (fueron varios a los que les apagaron los micros en pleno discurso). En su cabello, Coogler llevaba la figura de una guitarra trenzada como homenaje a la música que le allanó el camino.

En una gala apolítica, en la que ni siquiera se mencionó el nombre de Donald Trump ni la guerra que el presidente de Estados Unidos inició el mes pasado junto a Israel contra Irán, hubo que saber buscar los poquísimos guiños políticos, que además estuvieron muy camuflados. Esto a pesar de que el presentador Conan O’Brien advirtió al principio de la velada que en la noche podría “hablarse de política”. “Si eso te incomoda, hay un programa alternativo presentado por Kid Rock”, añadió, haciendo referencia al show que el trumpismo organizó en protesta contra la actuación de la superestrella Bad Bunny en la intermedia de la Super Bowl en febrero.

“Vivimos tiempos muy caóticos y aterradores. Es precisamente en momentos como estos cuando los Óscar cobran mayor relevancia”, señaló O’Brien en uno de sus comentarios más directos de la noche. Pero se quedó lejísimos de nombrar al presidente de su país o de elaborar sobre el caos que ha desatado en los primeros 14 meses de su segundo mandato.

Lo que sí fluyó abiertamente a lo largo de la noche, como ya es costumbre cada año, fue el tequila en las barras del Dolby. Hacia la mitad de la ceremonia, que duró casi cuatro horas, la barra de la primera planta se llenó hasta más no poder. Desde Emma Stone hasta Mia Goth e incluso Nick Jonas, todos se pasaron a por una bebida para pasar el rato que quedaba por delante.

Durante ese tiempo, Jacob Elordi y Oliver Laxe se juntaron para charlar, ambos difíciles de perder de vista por su altura. “Me dieron el premio por maquillaje de Frankenstein. Yo era el doble de Jacob”, bromeó Laxe sobre la película de Guillermo del Toro, que justo se acababa de llevar el premio por maquillaje y peluquería (en total obtuvo tres victorias). Sobre el rumor de que Elordi y el director de Sirât —que no logró ninguno de los dos galardones a los que estuvo nominado la noche de este domingo— están trabajando en un próximo proyecto juntos, Laxe solo se rio. “No, no”, aseguró a este diario.

Para apoyar a Laxe y al cine español viajó también a Los Ángeles la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social del Gobierno español, Yolanda Díaz. Pero poco se dejó ver en el teatro Kodak. No pasó por la alfombra roja, estuvo sentada junto a los productores de Sirât y no salió a los pasillos ni acudió a las fiestas posteriores.

Entre la muchedumbre de la primera planta del teatro sobresalió el júbilo del equipo de uno de los ganadores de mejor cortometraje (hubo un empate). Los de Dos personas intercambiando saliva, una película distópica de 36 minutos en francés, estallaron en gritos y pitidos cuando Natalie Musteata apareció en el lobby con su estatuilla en mano. “Es una sensación increíble. Es como decir: ‘¡Joder, sí, no tiene por qué ser una cosa o la otra!’. Y, tratándose de películas tan diferentes, me encantó”, dijo Musteata sobre el empate —el séptimo en los 98 años de historia de los Oscar— con Los cantantes.

En la gran noche de Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson, se notó la ausencia de Sean Penn, el único actor que no estuvo presente para recoger su galardón, en su caso por actor de reparto. A Penn le pareció mejor —o más importante— plan viajar a Ucrania que recoger su tercer Oscar y darse unos tequilas en la barra del Dolby.

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