Los Torres se consolidan en el Atlántico mientras los Char se estancan y sus aliados se hunden
El clan aliado del Gobierno de Gustavo Petro tiene éxito al distribuir sus votos entre el Pacto Histórico y el Partido Liberal


El clan Torres, aliado clave del presidente Gustavo Petro en el Caribe colombiano, está cada vez más fuerte. Su estrategia para las elecciones legislativas, que implicaba el riesgo de distribuir sus votos entre el Pacto Histórico y el Partido Liberal, ha sido exitosa. Se han quedado con dos curules en el Senado y con dos de las siete que le corresponden al Atlántico en la Cámara de Representantes. Los Char, el poderoso clan familiar que fundó el exsenador Fuad Char, están estancados en dos senadores y tres representantes. Aún son la principal casa política del departamento, pero no han crecido como esperaban. Enfrentan, además, la caída de aliados como el senador conservador Efraín Cepeda, cuyas fichas quedaron fuera de ambas cámaras.
“Esto es un monopolio que se ha convertido en un duopolio, o un oligopolio”, comenta por teléfono Diógenes Rosero, profesor de la Universidad del Atlántico e integrante de la Fundación Costa Caribe. Los Torres, explica, se han beneficiado de su alianza con el Gobierno nacional en los últimos años: además de políticos, son contratistas del Estado y han visto crecer sus negocios. Los Char, en cambio, enfrentan la pérdida de recursos, contrataciones y obras. “Por primera vez en muchos años no tienen amigos en la Casa de Nariño. Lo que falta ver es si también van a perder poder en los cargos locales, donde aún son muy fuertes. Algunos ya hablan de que los Torres pueden poner alcalde o gobernador el año que viene”, comenta Rosero.
Los Torres se anotaron una victoria decisiva en octubre, cuando participaron en la consulta del gobiernista Pacto Histórico para definir la conformación de la lista nacional al Senado y de las territoriales a la Cámara de Representantes. Pedro Flórez, un senador oficialista que está casado con una sobrina del poderoso contratista Euclides Torres, obtuvo 180.000 votos y fue el más votado de las primarias petristas. Quedó en el segundo renglón de la lista, solo por detrás de la exaspirante presidencial Carolina Corcho. Su compañero de fórmula a la Cámara de Representantes, el académico Jaime Santamaría, también logró ese día una votación masiva (50.000 sufragios) y quedó primero en la lista departamental. Los analistas consideraban que su elección el domingo ya estaba garantizada.
Al tiempo, los Torres apostaron por su casa original, el Partido Liberal, que competía con listas abiertas —los votantes eligen a su aspirante favorito, sin importar el lugar que ocupa—. Camilo Torres, sobrino de Euclides, obtuvo 122.000 votos y se quedó con una de las 13 curules liberales en el Senado. Los datos son del preconteo electoral que publicó el domingo la Registraduría, y que se ajustará con los escrutinios en marcha. Su compañera de fórmula fue Jezmi Barraza, una representante liberal que logró su tercer mandato con 83.000 sufragios. Este segundo escaño en la Cámara no es 100% de los Torres: es parte de una alianza entre el clan de contratistas y la familia Barraza, que tiene su propio fortín electoral en Soledad, un municipio aledaño a Barranquilla.
Las victorias para los Torres se completan con tres curules de los Pulgar, otro grupo aliado y con base en Soledad. El exsenador Eduardo Pulgar, condenado por sobornar a un juez e investigado por corrupción, logró llevar a su hermano al Senado: Yessid Pulgar obtuvo 147.000 sufragios y fue el segundo más votado de la lista abierta del Partido Liberal, solo por detrás del actual presidente del Congreso, Lidio García. Su compañero de fórmula, César Barrera, se quedó con una segunda curul liberal en la Cámara. Asimismo, el ingeniero soledeño Winsner Sandoval obtuvo una de las dos curules reservadas para afrodescendientes en la Cámara de Representantes. Los Pulgar, según reportaron varios medios locales, colaboraron en que consiguiera 69.000 votos.
Los Char, por su parte, retuvieron gran parte de su poder. La lista abierta de Cambio Radical a la Cámara de Representantes, que manejó esa casa, se quedó con tres curules: Estefanel Gutiérrez, líder afro y exconcejal de Barranquilla; Welfran Mendoza, un politólogo y abogado que es diputado desde 2020; Samir Radi, ingeniero y exconcejal de la capital. La votación de Gutiérrez, además, fue la más alta del departamento con 97.000 sufragios, el 9% del total. Algo similar ocurrió en el Senado. Gonzalo Baute, cercano al alcalde Alex Char, obtuvo 84.000 sufragios y consiguió uno de los 10 escaños de Cambio Radical. También fue electo el magangueleño Selmen Arana, que consiguió 92.000 votos y tiene una alianza con los Char.
El primer sinsabor para la casa política es que las expectativas eran más altas. Fuad Char había dicho en diciembre, en la inscripción de la lista a la Cámara, que esperaban 400.000 votos. Esa proyección les hubiera permitido recuperar un cuarto representante, pero obtuvieron 327.000 sufragios y mantuvieron los tres actuales. La candidatura del influencer Felipe Camargo, conocido como Saruma, fue insuficiente: se quemó con 44.000 apoyos. En el Senado tampoco se lograron los cuatro escaños previstos. El voto se dividió entre César Lorduy y Gersel Pérez, y ninguno de los dos entró.
La otra preocupación para los Char es el debilitamiento de políticos que habían sido aliados cercanos. El senador conservador Efraín Cepeda, que optó por lanzarse a la Presidencia con una candidatura que no levantó vuelo, se quemó en sus apuestas. Antonio Zabaraín apenas tuvo 63.000 votos para el Senado y su compañero de fórmula, Juan Camilo Fuentes, solo consiguió 43.000 sufragios a la Cámara, y perdió la curul que el Partido Conservador solía tener. Algo similar sucedió en el Partido de la U, que esperaba que el Atlántico le aportara una curul en cada cámara. José David Name, veterano congresista y heredero del cacique liberal José Name Terán, se quedó fuera con 68.000 sufragios. También sorprendió la derrota de su compañero de fórmula, Laureano Acuña, un exsenador señalado de compra de votos.
Hubo algunas victorias más allá de los dos clanes. El Pacto Histórico prácticamente duplicó su votación a la Cámara de Representantes, de 144.000 votos en 2022 a 270.000. Esto le permitió conseguir un escaño adicional para la líder juvenil Andrea Vargas, que ha señalado que será “la curul feminista”. El Senado, además, contará con tres atlanticenses que ocuparon lugares importantes en listas cerradas de sus colectividades: Carlos Meisel (Centro Demócratico), Agmeth Escaf (Pacto Histórico) y Orlando De La Hoz (Pacto Histórico). También estará Laura Fortich, una senadora liberal cercana al Gobierno, heredera del condenado exsenador Álvaro Asthon y que ha logrado renovar su escaño.
El desgaste clientelar
Karol Solís Menco, doctora en Ciencia Política y profesora de la Universidad del Norte, señala en un intercambio de mensajes que las elecciones muestran cierto desgaste de las maquinarias tradicionales. “Cuando un liderazgo lleva demasiado tiempo en el poder, como Name o Cepeda, empieza a enfrentar fatiga electoral, disputas internas y menor capacidad de movilización”, comenta en referencia a los quemados. También considera que las denuncias de prácticas clientelares pudieron afectar a los Char. “Ojalá no me equivoque, pero quizá el trato denigrante a funcionarios y contratistas, denunciado por los medios, generó más resistencia”, dice. El matiz está en el auge de los Torres y su alianza con el Pacto Histórico: “Es innegable que han creado una nueva estructura parcialmente clientelar que coopta votos”.
Los analistas consultados señalan que las elecciones mostraron un incipiente voto de opinión en el Atlántico. “Juan Daniel Oviedo [aspirante presidencial en La Gran Consulta] sacó 22.000 votos en Barranquilla sin estructura, sin gente, sin haber visitado la ciudad”, ejemplifica el politólogo Rosero. Algo similar dice Menco sobre la alta votación del Pacto Histórico. “Ciertos nichos urbanos de Barranquilla tienen una afinidad ideológica muy marcada”, afirma. Sin embargo, es difícil que estos segmentos desafíen a las maquinarias, que siguen marcando el pulso del departamento. “El voto de opinión suele funcionar para marcar tendencias o malestares, pero no redefine el mapa electoral. Es insuficiente para competir contra estructuras territoriales consolidadas”, enfatiza la académica.
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