José Manuel Restrepo: “Si buscan votos, se equivocaron de candidato”
La fórmula vicepresidencial del ultra Abelardo de la Espriella se reclama como puente para unir a la derecha en una eventual segunda vuelta


El jueves pasado, José Manuel Restrepo le respondió a EL PAÍS una invitación a escribir una columna de opinión con una frase que hoy suena irónica: “Pero si yo soy economista, no político”. Cuatro días después, el exministro de Hacienda y rector de la Universidad EIA aceptó ser la fórmula vicepresidencial del candidato presidencial de ultraderecha Abelardo de la Espriella. La velocidad del giro lo dice todo sobre la naturaleza de este proceso electoral.
Restrepo (Bogotá, 55 años) cuenta que solo ha visto a De la Espriella en cuatro ocasiones: una marcha, un foro, una reunión sobre economía y la cena del lunes en la que sellaron el acuerdo. Aunque fue miembro del gabinete del uribista Iván Duque durante todo su cuatrienio, dice que no milita en ningún partido, ni llega con votos propios. Lo que trae es otra cosa: experiencia en administración pública, manejo de crisis y relaciones con el sector empresarial, dice. Para De la Espriella y su campaña como outsider, es un complemento.
La conversación con el economista convertido en político ocurre horas después del anuncio, en la sala de su casa en los cerros orientales de Bogotá. En un ambiente de improvisación logística —él mismo abre la puerta, ningún asesor le acompaña—, Restrepo habla con la fluidez de quien lleva tiempo pensando lo que acaba de decidir en horas.
P. El jueves usted era un economista, no un político. ¿Cómo se convierte, en cuatro días, en candidato vicepresidencial?
R. A Abelardo lo he visto cuatro veces; puede sonar raro, pero cuando Iván Duque me llevó a su gabinete, lo había visto una vez. Con Abelardo, la primera vez fue en una marcha en homenaje a Miguel Uribe. Al final alguien me lo presentó y nos dimos la mano. La segunda fue en un foro; ya era candidato y yo quería conocer un poco de él y sus planteamientos. La tercera se dio porque me invitó a hablar de economía, como han hecho otros candidatos. Me preguntó qué opinaba, qué asuntos veo como críticos. Al final de unos 40 minutos me pidió enviarle ideas sobre asuntos que me parecían importantes, y le envié algún documento sobre la juventud. La semana pasada empezó a sonar mi nombre en redes sociales como posible fórmula y este lunes me llegó su invitación a cenar a su casa en Barranquilla. Allá, sentados con nuestras esposas, me explicó quién es, qué ha hecho, cuál es su planteamiento. Luego me preguntó y le conté cómo veo el país, por qué creo necesaria la unión y que creo que la campaña necesita elevarse, pasar de la camorra al debate de propuestas. Al terminar, me ofreció ser su fórmula. Le contesté que hay que construir una gran capacidad de consenso y construir una visión de Estado, no de candidato, sobre Colombia. Le pareció interesante, acordamos y al otro día, a las seis de la mañana, estaba su anuncio en un video en las redes sociales.

P. ¿Y qué lo movió a aceptar?
R. Tengo una preocupación de fondo con lo que puede pasarle a Colombia en estas elecciones. La constituyente que propone el petrismo trae propuestas muy preocupantes: destruir la autonomía de la banca central, estatizar la economía, seguir acabando con el sector de hidrocarburos. Es lo que llamo necrofilia política, revivir ideas atrasadas y fracasadas del pasado. Cuando lo veo en ciernes, me digo que debería gastarse el liderazgo que tenga para construir una unidad que lo evite, porque si no llegamos unidos al final quienes nos oponemos a ello, será imposible. Aunque los resultados de la elección del Congreso son positivos, la probabilidad de que no se logre sigue vigente. Yo participé en la gesta inicial de la Gran Consulta que ganó Paloma Valencia y en la que no estuvo Abelardo, incluso hice reuniones por esa unidad mucho tiempo. Creo que puedo ser un puente.
P. ¿Un puente entre De la Espriella y Valencia?
R. En primera vuelta se decidirá en democracia. Si nosotros llegamos a segunda vuelta, puedo construir unidad hacia acá; o si no llegamos, puedo construirla hacia el otro lado. Si no se logra esa unificación, este país corre un alto riesgo. Me parece que es una situación para apostar todo el liderazgo que tenga.
P. Pero ¿por qué estar en la campaña de De la Espriella y no de Valencia, que viene de esa consulta que ayudó a gestionar?
R. Abelardo tiene una virtud: genuinamente les habla a actores de esta sociedad a los que el Gobierno de Petro también les habló, pero que están insatisfechos. Tiene una conexión distinta con ellos y ofrece una respuesta real a sus necesidades. Lo he visto: él genera emoción, pasión, algo muy importante en la política actual. Valoro lo que hace Paloma Valencia y creo que lo hará muy bien. Lo importante, sea cual sea el orden que resulte, es que lleguemos unidos.
P. ¿Llega desde la tecnocracia a lavarle la cara a una campaña de ultraderecha?
R. Primero, yo no creo De la Espriella sea de ultraderecha, porque de lo contrario no estaría yo ahí. Yo no soy de ultraderecha, me identifico más con la economía social de mercado: tanto Estado como sea necesario, tanto sector privado como sea posible. No soy libertario, aunque respeto y converso con los que hoy llamamos libertarios. Segundo, Abelardo tiene convicciones fuertes y está bien, yo también las tengo. Él tiene su conexión genuina con la gente, yo aporto conocimiento de lo público, experiencia y capacidad gerencial, búsqueda de consensos. Pero en nuestra combinación está la conciencia de escuchar a los más vulnerables. Mi prioridad siempre ha sido el capitalismo popular: cómo atender al que tiene su micronegocio. Dos veces intenté sacar una ley para luchar contra el gota a gota y el pagadiario —10 millones de colombianos viven de esa absurdidad que raya en la ilegalidad— y no lo logré. Eso hay que acabarlo.
P. ¿Y qué haría como vicepresidente, concretamente?
R. La vicepresidencia tiene que ser el eslabón entre los equipos de gobierno y el mundo. Puede ser la ligazón entre el Ministerio de las TIC y las tecnologías de la cuarta revolución industrial; entre el Ministerio de Energía y la transición energética; entre la Cancillería y Estados Unidos, para una nueva agenda que tiene que pasar por el papel de Colombia en la restauración de la democracia en Venezuela. También entre los equipos económicos y las calificadoras de riesgo, el FMI, los inversionistas internacionales. Vamos a tener que darles tranquilidad a los mercados muy pronto. Todo eso lo quiero hacer sin ser ministro de nada. Le dije a Abelardo que Colombia se merece una ministra de Hacienda. Seríamos un presidente en el territorio y un vicepresidente mirando al mundo. Abelardo no va a dormir en el Palacio: va a estar recorriendo municipio por municipio, dialogando con la gente. Esa es su capacidad. La concentración del presidente es local; hay que buscar no perder el espacio internacional.
P. ¿Y cómo hará campaña?
R. Cuando fui ministro de Hacienda recorrí todos los departamentos del país: estudiantes, líderes del paro, sindicatos, empresarios, gobernadores. Lo mismo como ministro de Comercio. Mi papel tiene que ser volver a recorrer el país con los actores que me reconocen: el mundo productivo, el académico, los jóvenes. Agendas en paralelo con Abelardo.

P. Una pregunta inevitable: ¿con usted llegaron a donde De la Espriella Duque, o la exvicepresidenta Marta Lucía Ramírez?
R. Con Duque hablo muy poco. Me llamó ayer para felicitarme, después del anuncio. Lo respeto, respeto lo que hicimos en su Gobierno, pero no más. Nunca he militado en el Centro Democrático ni en ningún partido, no soy uribista, duquista, ramirista. No le hice campaña a nadie ni represento a nadie. Vengo simplemente por mi convicción personal de lo que hay que hacer. Lo único que existe aquí es el restrepismo en cabeza del Restrepo. Y aclaro: no tengo votos propios. Si buscan votos, se equivocaron de candidato. Pero si buscan experiencia en la cosa pública, posiblemente no haya en este momento entre los candidatos a la vicepresidencia nadie con más, con mis aciertos y mis errores, como todos los humanos.
P. ¿Cuáles son los aciertos y errores de Petro?
R. Tuvo el acierto de poner en la discusión pública reformas que el país necesitaba. La pensional tenía elementos positivos, aunque mal diseñados. Reformar la salud es necesario, aunque no como él dice y tampoco fue capaz de sacarla. Y sabe comunicarle al ciudadano de a pie, eso hay que reconocerlo. Pero falla mucho en la ejecución. Su desacierto es que no traduce las iniciativas en “acabativas”: se queda en la charlatanería, sin lograr los resultados. Y su punto más débil, para mí, es que privilegia una discusión basada en el odio y el resentimiento. Los colombianos somos gente bondadosa, y estamos mamados de la peleadera.
P. ¿Y los errores de De la Espriella?
R. Como todos, seguramente los tiene. Lo que puedo decir es que va diciendo lo que va pensando: es muy espontáneo, muy repentino, muy hábil en su capacidad oratoria, pero ahí podría afinar cosas.
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