La estrategia de Álvaro Uribe impulsa a su partido y arrincona al ultra Abelardo de la Espriella
Aunque no obtiene una curul al Senado, su candidatura logró sus fines: aumenta la bancada de su partido y desafía al ‘outsider’ con Paloma Valencia


“En ningún caso diría que el presidente Uribe está quemado“, dijo en la mañana del lunes Andrés Forero, representante elegido para el Senado con la lista cerrada del Centro Democrático que promovió el expresidente de derechas. Uribe Vélez iba en esa misma lista, en el renglón 25, lo que implicaba duplicar la votación en cuatro años para alcanzar una curul. No lo logró, y la izquierda celebró la “quemada” del líder de derechas. Pero el sector de Uribe Vélez no ve ninguna derrota, y también andaba de parranda. La estrategia del veterano político no era llegar al Senado, algo que podría haber asegurado encabezando su lista. Tampoco buscaba convertirse en el protagonista de la noche: no apareció en una tarima, no grabó un discurso desde su finca en Rionegro. Pero, para quien estuvo mirando con cuidado, Uribe Vélez aparece como un productor de la fiesta. Discreto, solo envió un mensaje en sus redes sociales: “Paloma es la luz para la Patria”. Y se fue a dormir.
“Esta mañana llamé a felicitarlo, Uribe es un monstruo, ¿qué tal lo que logró?“, le reconoció el lunes el primer afectado por el poder del expresidente, Abelardo de La Espriella, el candidato de ultraderecha que no estuvo en la consulta de nueve candidatos de la derecha, la que ganó la candidata de Uribe, la senadora Paloma Valencia. La consulta movilizó casi 5,8 millones de votos, de los que 3,2 millones fueron por ella, una catapulta para posicionarse como opción contra el oficialista Iván Cepeda. El partido, además, pasó de 13 a 17 senadores, de 16 a 28 representantes a la Cámara, de 1,9 a 3 millones de votos. Una victoria sin atenuantes.
“No es una derrota, es un triunfo del Centro Democrático. Si uno revisa cada una de las Cámaras en las regiones, arrancando por Bogotá, ve un aumento de curules”, explica el analista político Carlos Andrés Arias. “Ahora, ese triunfo es matizado”, añade. “En varias regiones percibí que, sin Uribe en la tarima, Paloma tenía menos eco. Pero los apellidos Uribe Vélez ya no arrastran tanto a los cuerpos colegiados. Si bien apalanca, no tiene la misma tracción de antes. Por ejemplo, el representante electo [en Bogotá] Daniel Briceño tuvo la votación individual más grande de todo el Congreso, no necesariamente porque él se apalancara en la imagen de Uribe. Más bien, Uribe se apalanca en la imagen de Briceño para recuperar terreno en Bogotá”.
Forero, quien lideraba la lista al Senado del Centro Democrático, dijo en medios que la lista logró mucha tracción por la presencia del expresidente, pero que para el líder y el partido también era clave generar un “espacio a nuevos liderazgos” en los primeros renglones. El mismo expresidente, antes de las elecciones, explicó en un video que quería ir en el número 25 “para impulsar jóvenes”. En otras palabras: el uribismo sigue necesitando a Uribe, pero también le ha servido que la cara del expresidente no sea siempre la protagonista.
En contraste, Uribe Vélez es más visible como arquitecto en la victoria de Valencia. Entre tres senadoras que aspiraban a la candidatura presidencial del partido, él bendijo en diciembre a Valencia por encima de la más radical María Fernanda Cabal. Esta última denunció el proceso de selección, y luego su esposo, el ganadero José Felix Lafaurie, anunció que el matrimonio se iba del partido. Uribe no dio su brazo a torcer. El partido les agradeció por su trabajo y se despidió. Su apuesta era otra.
Con el fin de año, Uribe Vélez dio vía libre a Valencia para competir en una consulta que parecía más de centroderecha. El expresidente dedicó semanas a reunirse con políticos de derecha en su casa en Rionegro, con la intención de formar una alianza antipetrista. Pero esa iniciativa no cuajaba del todo, mientras que la consulta iba tomando forma. Parecía una victoria fácil: Valencia era la única de los nueve que tenía detrás un partido fuerte a nivel nacional, además de tener la bendición del expresidente. El cálculo funcionó.
Paloma no solo logró opacar a de La Espriella, sino también tomar una postura más desafiante ante el petrismo. La consulta de la derecha que lideró este domingo superó la votación que obtuvo cuatro años atrás la de izquierda, que llevó a Petro a la presidencia: 5,8 millones de votos contra 5,5.
Dicho esto, el siguiente paso hacia las elecciones presidenciales de mayo no está fácil para Uribe y Valencia. El petrismo parece tanto o más fuerte que el uribismo: el Pacto Histórico tuvo la mayor votación y tendrá la más grande bancada del Congreso, con listas cerradas que arrasaron y demostraron el compromiso de los electores con el proyecto político del presidente Gustavo Petro. Luego, la consulta de la derecha también se vio beneficiada por los votantes de centro que apostaron por Juan Daniel Oviedo, el exdirector del centro estatal de estadística que sacó 1,2 millones de apoyos y ahora apela a que Valencia abandone varias banderas del uribismo, como su oposición al Acuerdo de paz de 2016 con las antiguas FARC, por posturas más moderadas.
“El centro existe, el centro conecta, y el centro resuelve”, dijo Oviedo en la mañana de este lunes, al calificar su éxito. “Nada más de que ‘hay centro tibio’, de que hay un ‘centro voltearepas’, no”, añadió. Será un centro por el que compite ahora Valencia con el candidato de la izquierda, Iván Cepeda - y en el que están los exalcaldes de Medellín y Bogotá, Sergio Fajardo y Claudia López, que sin embargo no han logrado aún movilizarlo tanto como Oviedo.
“Si seguimos siendo antipetristas radicales, no vamos a poder tomar una buena decisión”, añadió Oviedo. No hay un antipetrista radical más obvio que el expresidente Álvaro Uribe Vélez, enfrentado desde hace años legalmente con quien es el candidato del oficialismo, el senador Iván Cepeda. A Valencia y a Uribe hacia adelante les quedan dos vías: o pelear hasta el cansancio por el voto de derecha que se quiere ir por Abelardo de La Espriella, o aceptar la invitación de Oviedo.
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