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“Es un avance hacia la dignidad”: el movimiento indígena celebra su creciente participación en el Gobierno de Gustavo Petro

La designación de Luis Alfredo Acosta como ministro de la Igualdad consolida una representación sin precedentes en altos cargos del Ejecutivo colombiano

Gustavo Petro

La relación entre el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el movimiento indígena vive su mejor momento. Ya es un recuerdo lejano la frustración de los primeros años del cuatrienio por los incumplimientos de las promesas de gobierno en temas de tierras, recursos y competencias. En mayo del año pasado, el vínculo se revitalizó con la puesta en marcha de las Entidades Territoriales Indígenas (ETI), la mayor conquista del movimiento en décadas. Ahora se ha sumado la designación de Luis Alfredo Acosta, coordinador de la Guardia Indígena durante 14 años, como ministro de la Igualdad. Sus compañeros celebran una representación política sin precedentes en la historia de Colombia.

El movimiento acogió la llegada de Petro al poder en agosto de 2022 con altas expectativas. Lo habían apoyado en su campaña presidencial, al igual que en los intentos anteriores de 2010 y 2018. La Guardia Indígena lo había protegido durante sus apariciones públicas, en las que temía un atentado en su contra. Así que no fue una gran sorpresa que Petro designara a tres líderes indígenas en puestos clave: la abogada embera Patricia Tobón, excomisionada de la Verdad, en la Unidad de Víctimas; el sociólogo Giovani Yule, reconocido dirigente nasa del Cauca, en la Unidad de Restitución de Tierras; y la defensora de derechos humanos Leonor Zalabata, del pueblo arhuaco de la Sierra Nevada, en la embajada ante la ONU.

Con el tiempo se consolidó esa representación indígena en altos cargos. Aunque Tobón salió de la Unidad de Víctimas en abril de 2024, un nombramiento de mayor jerarquía compensó en marzo de 2025. La politóloga Lena Estrada Añokazi, que pertenece al pueblo Uitoto Minika y ya había dirigido la Academia Diplomática, se convirtió en la primera indígena en liderar un Ministerio. Quedó al frente de la cartera de Ambiente, que había tenido varios desencuentros con los indígenas durante la gestión de Susana Muhamad. Fue una gran victoria para el movimiento, que postuló a Estrada tras un proceso de deliberación interna.

Sin embargo, esa representación sin precedentes no estaba acompañada de las concesiones que reclamaban. Paulo Añokazi, hermano de la flamante ministra y en ese entonces secretario técnico de la Mesa Permanente de Concertación (MPC), dejaba en claro la frustración en una conversación con este periódico en abril. “Ya no queremos mesas técnicas, acuerdos ni rutas. Queremos que los ministros saquen del escritorio los decretos que ya preparamos”, enfatizaba, al tiempo que diferenciaba entre el apoyo sostenido a Petro y el rechazo a sus subalternos. Condicionaba la asistencia a las marchas que convocaba el presidente a que salieran adelante las ETIs y los sistemas propios de educación, salud y regulación ambiental: “Después de que firmen nuestros decretos, podemos hablar de cómo respaldamos la consulta popular y las reformas”.

El Ejecutivo cedió unas semanas después, con los indígenas en las calles. Salieron adelante las ETIs, una división político-administrativa en las que los pueblos indígenas tendrán facultades y recursos equiparables a los municipios. Era algo que el movimiento pedía desde la Constitución de 1991 y que había tenido avances limitados, concentrados en el Amazonas. Asimismo, el Gobierno expidió decretos que reglamentaron los sistemas propios de salud y educación. “Hemos ganado un pulso de 35 años”, celebraba el yanakuna Pacha Kanchay en la sede de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).

El punto amargo fue que, en agosto, el presidente le pidió la renuncia a la ministra Estrada, que apenas cumplía cinco meses en el cargo. El movimiento insinuó su inconformidad. “Reiteramos nuestro respaldo firme e irrestricto a la ministra Lena Estrada”, señalaba un comunicado firmado por las siete principales organizaciones del país, que no descartaban una movilización. Después, los líderes aceptaron la remoción como algo “de esperarse” por la tendencia del presidente a cambiar con frecuencia a sus funcionarios. “No compartimos la decisión, pero la respetamos”, comentó Roselino Guarupe Joropa, consejero mayor de la ONIC, a este periódico.

La designación de Acosta en la Igualdad ha reencausado la representación en el Ejecutivo. Aunque no fue consultada con el movimiento, el consejero Joropa está exultante. “El Gobierno Petro le está mostrando al país que somos una sociedad diversa. Nos está incluyendo en espacios que nunca habíamos tenido y está siendo coherente con la realidad”, apunta en una conversación teléfonica. Matiza, eso sí, que ocupar cargos “no es la apuesta estructural del movimiento” y que la prioridad es el trabajo de la Mesa Permanente de Concertación, que les permitió negociar concesiones como las ETIs desde las organizaciones. “Aplaudimos tener ministerios, viceministerios, direcciones, pero nuestra lucha obedece a otras dinámicas”, subraya.

La exministra Estrada también celebra la designación de Acosta, a quien describe como “alguien que conoce a los 115 pueblos indígenas, que entiende a los diferentes”. “Cuando salímos del Ministerio, sí hubo un tiempo en el que quedó desinflado el movimiento. Nunca entendimos qué había ocurrido y hasta hoy no lo sabemos, pero el presidente determina que va a haber otro compañero y seguramente siente toda la confianza en él”, evalúa en una llamada. Rechaza los cuestionamientos de la oposición contra Acosta por no tener títulos universitarios ni experiencia en cargos públicos: “Uno no entiende por qué a estas alturas nos siguen discriminando y siguen poniendo en duda nuestra capacidad”.

Ministerios y direcciones

Durante este Gobierno, el movimiento indígena suma dos ministros, varios viceministros, dos directores de unidades descentralizadas y una embajadora. Armando Valbuena, expresidente de la ONIC y actual asesor de la organización en temas de paz, valora que es un cambio de paradigma en “una república que fue creada para tres grandes ciudades —Bogotá, Medellín y Cali— y que no reconocía nada más allá de esos bordes”. “Somos 53 millones de personas en esta república. De ellas, 2,5 millones son miembros de 115 pueblos indígenas que representan diversos ecosistemas. Dos ministerios en tres años es un avance significativo; es un proceso de reconocimiento y un avance hacia la dignidad”, señala en una llamada en la que cuestiona a los que llama tecnócratas de una élite que ha sido “inútil” para resolver “la cultura de la corrupción”.

La llegada de los indígenas a altos cargos les deja el mensaje de que el Gobierno actual es más cercano a la población que sus predecesores. Yule, el director de la Unidad de Restitución de Tierras, asegura por teléfono que han gobernado “desde los territorios, no desde los escritorios de Bogotá”. “Los actos públicos en la Unidad empiezan con nuestras mayoras y mayores para dar camino a la palabra, para el reconocimiento espiritual de todos los sectores, de nuestros hermanos campesinos, afros e indígenas”, ejemplifica. “Claro que hay riesgos: uno se encuentra con estructuras rígidas, funciones rigídas, normas preestablecidas. Pero hemos logrado romper algunas. Cuando llegué, un grupo de profesionales negaba el 65% de las solicitudes de restitución porque se traslapaban con proyectos minero-energéticos. Eliminamos ese criterio y ahora el 72% de las solicitudes son aprobadas”.

También ha fortalecido el discurso de inclusión de Petro, quien cuestiona a quienes creen que “la experiencia [para gobernar] se extrae de vivir en Chapinero Alto [un barrio pudiente de Bogotá] y algunos cursos en la universidad privada”. Para Paulo Ilich Bacca, etnógrafo jurídico y subdirector del centro de investigación Dejusticia, es importante señalar el interés del presidente por los símbolos para evaluar la representación indígena. “Que lleguen indígenas y afros produce una marca, irrumpe. Eso también le encanta a Petro, que quiere pasar a la historia”, apunta en una videollamada. “Es muy hábil para capitalizar los símbolos y movilizar. Reivindicó que el nuevo ministro dirigió la Guardia Indígena, y eso le juega mucho a la gente”.

La exministra Estrada, por su parte, se enfoca en el valor para la sociedad en su conjunto. “Es importante para que empiecen a ver otras caras y otras visiones que hacen parte de historia de Colombia. La sociedad de las grandes ciudades todavía no ha logrado entender que el país es mucho más que la visión colonialista que nos han establecido siempre”, enfatiza. No obstante, matiza que “todavía falta trabajar mucho” para romper más barreras: “He trabajado en muchas partes, en otros lugares del mundo, y donde más me he sentido discriminada ha sido en mi mismo país. Eso es triste”.

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