¿Alergia a mandar? Por qué a muchos en la generación Z no les entusiasma ocupar puestos de poder
Preservar la salud mental, tener un equilibrio entre la vida personal y la profesional, disponer de tiempo libre… Son muchos los motivos detrás del rechazo de algunos jóvenes a ser jefes, un fenómeno que ha dado pie al concepto ‘conscious unbossing’


La cantante y actriz Olivia Rodrigo fue descrita hace unas semanas como “la jefa soñada” por uno de los guitarristas que le acompañan en su gira. ¿El motivo? La generosidad de la californiana, que paga la terapia de todo su equipo, dentro y fuera de la gira. Un gesto en consonancia con su discurso sobre salud mental, tema sobre el que se ha pronunciado en diversas ocasiones señalando la importancia de acudir a profesionales cuando sea necesario (su propio padre es terapeuta de familia y ella lleva desde los 16 años acudiendo a terapia). A sus 22 años, Rodrigo es uno de los nombres del momento en la industria de la música y parece empeñada en alejarse de esa imagen de diva inaccesible y jefa tiránica que tanto daño ha hecho a la reputación de muchos artistas (hola, Mariah Carey. Hola, Liam Gallagher).
La forma de relacionarse de la generación Z en el entorno laboral poco o nada tiene que ver con el de las generaciones previas. Para empezar, muchos de ellos no ambicionan alcanzar puestos de poder. Según un informe de la consultora Robert Walters desvelado en septiembre de 2024 y recogido por The Guardian, un 52% de los trabajadores de la gen Z (nacidos entre 1996 y 2010) no quieren ser jefes intermedios. Los datos refieren a Reino Unido, pero el fenómeno se extrapola a otros países, también España.
En opinión de Iñaki Ortega, doctor en economía, director general de Llorente y Cuenca (LLYC) en Madrid y coautor del libro Generación Z: Todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials (2017), esto responde a un cambio de mentalidad entre los jóvenes de este grupo poblacional: “La generación Z ha balanceado la importancia del trabajo. De la mentalidad de sus padres de ‘vivo para trabajar’ se ha pasado a ‘trabajo para vivir’. El empleo es un medio para poder tener ocio”. Obvia decir que esta tendencia laboral no representa a todos los jóvenes, puesto que hay veinteañeros que anteponen su carrera profesional a todo lo demás, prueba de ello es el éxito que tienen los podcasts, mayoritariamente masculinos, con temática relacionada con el mundo del trabajo donde se glorifica e idealiza el emprendimiento. En este dirección apunta Sebastián Corzo, Brand Health Tracking de Ipsos en España, cuando explica que “la Generación Z prioriza el equilibrio entre la vida laboral y personal y la realización personal y pueden buscar caminos alternativos hacia el éxito, como el emprendimiento o roles en organizaciones con propósito, en lugar de ascender en la escala corporativa”. Incluso aquellos que sí muestran ambición por crecer profesionalmente, no quieren hacerlo a cualquier precio. Así lo reflejó la consultora McKinsey en su newsletter de temática Z, Mind the gap, en la que aseguraba que los Z con intención de convertirse en altos cargos esperaban “poder desempeñar el cargo de CEO de forma híbrida, priorizando la conciliación de la vida laboral y personal”.
Falsa meritocracia y cambio de prioridades
El desinterés por ascender a cargos de responsabilidad tradicionales ha dado pie al término conscious unbossing, una adaptación del famoso conscious uncoupling que popularizaron Gwyneth Paltrow y Chris Martin al anunciar su separación amistosa en 2014. Tratar de entender este fenómeno en base a una sola razón es peligroso y poco certero. No es que la generación Z no quiera trabajar o asumir responsabilidades, es que para muchos fijar límites en el entorno laboral es una forma de garantizar su bienestar en otros aspectos. Además de abanderar un cambio de mentalidad y de prioridades vitales, tienen otros motivos para sentirse poco atraídos por el rol de jefe o jefa. Por un lado, buena parte de este grupo de edad considera que el esfuerzo no siempre da sus frutos y que ser diligente, resolutivo y capaz en un puesto de trabajo no implica necesariamente reconocimiento ni posibilidades de promoción. Este sentir queda reflejado en un informe elaborado por Ipsos en junio de 2024, donde se señalaba que “solo 1 de cada 4 jóvenes en España, entre 16 y 24 años, cree que el éxito depende únicamente del esfuerzo y los méritos propios”. Es decir, una mayoría de los Z no cree en la llamada meritocracia. En el mismo estudio se observó cómo los baby boomers o nacidos entre 1946 y 1964 son los que más confianza depositan en la meritocracia (42%), con una diferencia de 15 puntos sobre la Generación Z.
Un buen salario, cuando se tiene uno (los datos del INE de 2023 indican un salario medio bruto de 1.387,40 euros entre los españoles de 16 a 24 años ), tampoco es siempre una razón de peso para una generación de jóvenes acostumbrada a lidiar con la incertidumbre del futuro a corto plazo. De acuerdo a una publicación de 2022 del Foro Económico Mundial, la generación Z valora el salario menos que cualquier otro grupo de edad y antepone la flexibilidad y el teletrabajo como una prioridad.
Por otro lado, preservar la salud mental evitando el estrés en la medida de lo posible es igualmente clave para muchos de los jóvenes recién aterrizados en el mercado de trabajo. Este tema se convirtió en debate público cuando la gimnasta Simone Biles, nacida en 1997, decidió retirarse de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 y hacer un parón temporal en su carrera, a pesar de estar en lo más alto, para priorizar su salud mental. Disfrutar de tiempo de ocio fuera de la oficina es otros de los factores detrás de la tendencia laboral. De hecho, la cultura de lo que se denomina popularmente como calentar la silla no parece haber calado entre los empleados más jóvenes, reacios a hacer horas extra. En noviembre de 2023, la plataforma de búsqueda de empleo InfoJobs presentó su primera encuesta sobre Nuevas generaciones en el mercado laboral y, entre las conclusiones obtenidas, se recogió que “el 67% de las empresas” encuestadas aseguraba “que los profesionales de esta generación tienen una menor predisposición a la realización de horas extra que otros trabajadores, una visión que comparten los mayores de 35 años (52%), mientras que el porcentaje de la propia Gen Z desciende hasta el 42%”. En este punto conviene recordar que de acuerdo a los últimos datos, en España medio millón de personas no cobran sus horas extra.
Desde la pandemia se han acuñado nuevos conceptos para ilustrar el cambio de paradigma que parece estar materializándose en relación con el trabajo y además del mencionado conscious unbossing, ha ganado fuerza la denominada renuncia silenciosa. El término nació en TikTok bajo el nombre de quiet quitting y alude a cómo ceñirse exclusivamente al trabajo encomendado es una preferencia para cada vez más empleados.
Preservar la salud mental, tener un equilibrio entre la vida personal y la profesional, disponer de tiempo libre, evitar ser un esclavo del trabajo (es decir, no cobrar por hacer horas de más)… son muchos y variados los motivos detrás de la indiferencia o directamente el rechazo de los jóvenes hacia los puestos de poder. Lo que está claro es que son una fuerza laboral en crecimiento – en 2025, alrededor del 27% de los empleados en los países de la OCDE, según estimaciones del Foro Económico Mundial – por lo que las prioridades laborales de los Z podrían introducir cambios en las compañías, tanto en la estructura organizativa como en las rutinas de trabajo. Al menos, eso sería lo idóneo para garantizar un entorno laboral saludable, próspero y acorde a esta nueva realidad.
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