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Irán
Tribuna

La guerra contra Irán puede provocar una crisis mundial de alimentos

El estrecho de Ormuz no es solo un corredor marítimo para buques petroleros; es también una arteria vital del sistema alimentario global

El cierre del estrecho de Ormuz representa una amenaza para el sistema alimentario mundial. En la fotografía un buque portacontenedores al salir de Países Bajos, el 15 de marzo de 2026, tras el cierre de la ruta por la escalada del conflicto regional.OLIVIER HOSLET (EFE)

Las repercusiones ya se sienten en los mercados mundiales de la energía, pero es posible que las consecuencias más inmediatas y peligrosas de un cierre prolongado no se manifiesten en la gasolinera sino en la mesa. El estrecho de Ormuz no es sólo un corredor marítimo para buques petroleros; es también una arteria vital del sistema alimentario mundial. Los países del Golfo reciben muchos productos alimenticios fundamentales (por ejemplo trigo, maíz, arroz, soja, azúcar y piensos) a través del estrecho, y agricultores de todo el mundo dependen de los fertilizantes y combustibles que pasan por allí.

Los países del Golfo son muy dependientes de la importación de alimentos, lo que los hace particularmente vulnerables. Para garantizarse el suministro de cereales, arroz, piensos y aceite de cocina, dependen de vías navegables abiertas y un flujo constante de cargamentos internacionales.

Como demostró la pandemia de COVID19, la fragilidad de las cadenas de suministro no es un problema exclusivo de tiempos de guerra. En los últimos años, muchos países del Golfo trataron de fortalecer sus sistemas alimentarios acumulando reservas estratégicas e invirtiendo en la producción local. También exploraron canales de transporte alternativos por tierra o usando puertos que no dependen del estrecho de Ormuz, por ejemplo el Puerto Islámico de Yeda en la costa saudita del mar Rojo.

Aunque estas medidas mejoraron la resiliencia de los sistemas alimentarios, no serán suficientes ante un bloqueo prolongado del golfo Pérsico. Alrededor del 70 % de los alimentos consumidos en Baréin, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e Irak pasan por el estrecho de Ormuz. Según datos de FAOSTAT y teniendo en cuenta que la población conjunta de la región llega a unos cien millones de personas, para compensar la interrupción de las importaciones habría que ingresar a estos países unos 87 millones de kilogramos de alimentos cada día.

Es decir que mantener el Golfo abastecido durante un bloqueo demandaría una operación humanitaria sin precedentes (que tal vez deba usar un espacio aéreo disputado). Para ponerlo en perspectiva, en 2024 el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas entregó una media diaria de sólo 6,8 millones de kilogramos de alimentos a 81 millones de personas en 71 países.

Un bloqueo total sería tan perjudicial para Irán como para sus vecinos árabes. Los trastornos en el comercio marítimo lo someterían a presión en dos frentes: por la restricción de la exportación de energía y por el encarecimiento de productos básicos importados como trigo, arroz, piensos y aceite vegetal. Muchos iraníes ya tenían problemas para afrontar necesidades básicas que van del pan al alquiler, y eso dio impulso a las protestas masivas que se extendieron por el país a principios de este año.

Históricamente, el encarecimiento y la escasez de alimentos siempre han sido importantes factores de inestabilidad política. En 2008, el aumento de costos de la energía y de los fertilizantes, sumado a fenómenos meteorológicos extremos y políticas desacertadas, provocó un aumento de precio de los cultivos básicos a casi el doble y agitación en numerosos países. Pocos años después, en 2010 y 2011, una combinación histórica de sequía y ola de calor en Rusia generó una enorme reducción de las cosechas de cereales y llevó los precios mundiales de los alimentos a máximos históricos, lo que sentó las bases para la Primavera Árabe.

Más cerca en el tiempo, la invasión rusa de Ucrania en 2022 encareció los cereales, los fertilizantes y los combustibles en todo el mundo, lo que contribuyó a un marcado aumento de la inseguridad alimentaria. En un momento en que el sistema alimentario mundial está sometido a presiones crecientes como resultado de perturbaciones climáticas y de los efectos residuales de la pandemia, no es de extrañar que el mundo enfrente el mayor incremento de conflictos violentos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El impacto de nuevas interrupciones en el estrecho de Ormuz no quedará en el Golfo. Los agricultores de todo el mundo, desde el sur de Asia hasta África subsahariana (e incluso en Europa y Estados Unidos) dependen de un suministro estable de fertilizantes y combustible. El gas natural es un ingrediente clave de los fertilizantes nitrogenados, piedra angular de la agricultura moderna que contribuyó a máximos históricos de rendimiento de los cultivos. Se estima que entre un 30 y un 40 % del comercio internacional de fertilizantes nitrogenados pasa por el estrecho.

Frente a un encarecimiento de los fertilizantes y del combustible, los agricultores responden usando menos fertilizante o sembrando menos hectáreas. Eso lleva a una disminución del rendimiento agrícola, cuyos efectos se propagan por todo el sistema alimentario. Desde los agricultores y los camioneros hasta los procesadores de alimentos, el aumento de costos se traslada por toda la cadena de suministro hasta llegar a los precios que pagan los hogares.

Y aunque las interrupciones en los envíos de alimentos, combustible y fertilizantes pueden generar aumentos de precios en cuestión de semanas o meses, hay otro recurso que puede estar en peligro en cuestión de días: el agua. Si el conflicto contamina las aguas del Golfo o inutiliza plantas desalinizadoras, las consecuencias serán catastróficas.

El riesgo ya es grave. La semana pasada, Baréin e Irán (que ya sufre una grave escasez de agua) informaron de ataques contra plantas desalinizadoras. Si fueron deliberados, se los consideraría crímenes de guerra según el derecho internacional, ya que la destrucción o contaminación de esas instalaciones supone un riesgo inmediato para millones de vidas. Aunque Ucrania demostró que es posible reparar infraestructuras críticas bajo fuego enemigo, los sistemas de desalinización son muy complejos y hay pocas alternativas rápidas.

El énfasis tradicional de las iniciativas internacionales de seguridad en Oriente Próximo ha estado puesto en evitar la proliferación de armas de destrucción masiva. Pero el cierre del estrecho de Ormuz, ya sea con minas marinas o por un conflicto militar prolongado, puede causar daños de una escala similar a la población civil, al alterar los sistemas mundiales de alimentos y energía y generar una crisis hídrica regional. Todas las partes en el conflicto y la comunidad internacional deben hacer todo lo posible para evitarlo.

Este episodio debe obrar como advertencia de la enorme vulnerabilidad del sistema mundial de alimentos. Las autoridades deben reforzarlo antes de que la próxima perturbación ponga a millones de personas más en riesgo de sufrir una catástrofe humanitaria.

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